{"id":142,"date":"2007-05-28T20:31:00","date_gmt":"2007-05-28T20:31:00","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/vicentealvarez\/?p=142"},"modified":"2007-05-28T20:31:00","modified_gmt":"2007-05-28T20:31:00","slug":"aqualung-estas-los-cielos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/vicentealvarez\/2007\/05\/28\/aqualung-estas-los-cielos\/","title":{"rendered":"AQUALUNG QUE EST\u00c1S EN LOS CIELOS"},"content":{"rendered":"<p><IMG class=imgizqda height=350 src=\"\/vicentealvarez\/wp-content\/uploads\/sites\/3\" width=189><br \/>\nEl nombre de Aqualung, por el que me han preguntado m\u00e1s de una vez, responde a uno de los muchos heter\u00f3nimos de Ian Anderson, uno de los m\u00e1s grandes m\u00fasicos de los \u00faltimos treinta y cinco a\u00f1os. Algunos recordar\u00e1n la imagen de un cantante que, durante los a\u00f1os setenta, se comi\u00f3 el mundo del espect\u00e1culo. Un personaje desgarbado, con pinta de juglar y de espantap\u00e1jaros, que tocaba la flauta sobre una sola pierna, como una cig\u00fce\u00f1a, embutido en un andrajoso abrigo, con el pelo muy largo y con un pantal\u00f3n confeccionado con trozos de terciopelo de distintos colores. El tipo se convirti\u00f3 en azote de la pacata sociedad de la \u00e9poca y en el mayor buf\u00f3n de la corte, antes de transformarse en un gnomo de calzas verdes, en un bravuc\u00f3n flautista de Hamelin con chupa de cuero y en uno de los seres m\u00e1s pintorescos de toda la historia del rock, mitad mercachifle mitad juglar, siempre al margen de las modas y capaz de mezclar explosivamente, como un alquimista loco, un sabroso c\u00f3ctel de blues, rock, folk y m\u00fasica progresiva y de combinar con resultados sorprendentes las guitarras el\u00e9ctricas con la flauta. El corolario de todo este pegamento con huella de princesas y dragones fue la salida al mercado en los a\u00f1os setenta de algunas de las obras musicales m\u00e1s grandiosas del rock y de un pu\u00f1ado de canciones inspiradas en el folklore medieval ingl\u00e9s, en el blues americano y en la m\u00fasica cl\u00e1sica, con unas originales propuestas mel\u00f3dicas tremendamente elaboradas y con letras complejas y de alto valor literario. Todas ellas tuvieron el mismo padre y, en este caso, el heter\u00f3nimo utilizado por el se\u00f1or Anderson para pasar a la historia fue Jethro Tull, nombre tomado de un agricultor ingl\u00e9s del siglo XVIII que invent\u00f3 un sistema de siembra automatizado. Pero los gui\u00f1os no quedaron ah\u00ed. El juguet\u00f3n escoc\u00e9s se refugi\u00f3 tras m\u00faltiples personalidades y variopintos nombres (en el fondo, sus actuaciones no dejaban de ser representaciones teatrales). Por poner alg\u00fan otro ejemplo, para \u201cToo old to rock\u2019n\u2019roll, too young to die\u201d (toda una declaraci\u00f3n de principios) se transmut\u00f3 en el viejo rockero Ray Lomas, que se resiste a cambiar con los tiempos, tal y como hab\u00edan hecho sus amigos. Y en 1972, en Gerald Milton Bostock, un ni\u00f1o de 8 a\u00f1os ganador de un premio de poes\u00eda organizado por la BBC y presunto autor de la confusa y po\u00e9tica letra de \u201cThick as a brick\u201d (canci\u00f3n de 43 minutos y una de las obras cumbres del rock). Treinta y cinco a\u00f1os despu\u00e9s, el se\u00f1or flauta, el se\u00f1or unplugged en j-tull, se ha convertido en un gentleman. Su famosa melena ha desaparecido detr\u00e1s de un gorro de lana que esconde su calva. Su voz, tras superar graves problemas en los a\u00f1os ochenta, ha perdido frescura. Sin embargo, mantiene intacta la ilusi\u00f3n, la inteligencia y el t\u00edpico humor brit\u00e1nico. Sigue dando la vuelta al mundo ofreciendo conciertos y publicando regularmente discos. Sin ir m\u00e1s lejos acaba de sacar al mercado dos, uno bajo su nombre y otro bajo el de Jethro Tull. En Espa\u00f1a vender\u00e1 cuatro discos pero da lo mismo. Poca gente como \u00e9l ha sido capaz de defender un legado de 35 a\u00f1os de historia al m\u00e1s alto nivel. S\u00f3lo los m\u00e1s grandes aguantan, genios como Dylan, Clapton, Springsteen, Leonard Cohen o Van Morrison. Muchos ven en \u00e9l una mezcla de Gandalf y Bart Simpson, otros simplemente un pirata indio de una pel\u00edcula producida en Bombay. Es simplemente Ian Anderson, catando la lluvia, el calor y el beaujolais, metiendo una catedral g\u00f3tica en su bolsillo de buhonero y echando a volar p\u00e1jaros hacia Edimburgo. Con sus canciones desde el bosque esquivando el viento helado hacia Valhalla. Con su bailarina de sat\u00e9n negro bebiendo del c\u00e1liz del milagro. Es tambi\u00e9n el viejo Aqualung con su viejo abrigo en el que come, duerme y se calienta con alguna se\u00f1orita. Es el nost\u00e1lgico Ray Lomas empu\u00f1ando su flauta como una espada de luz. Y es el ni\u00f1o Bostock del que dicen que ha dejado embarazada a una chica de 14 a\u00f1os. Es, en fin, el contrabandista del bar de carretera, un Jethro Tull enrollado, viejo y traidor, demasiado viejo para el rock\u2019n\u2019roll y demasiado joven para morir.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El nombre de Aqualung, por el que me han preguntado m\u00e1s de una vez, responde a uno de los muchos heter\u00f3nimos de Ian Anderson, uno de los m\u00e1s grandes m\u00fasicos de los \u00faltimos treinta y cinco a\u00f1os. Algunos recordar\u00e1n la imagen de un cantante que, durante los a\u00f1os setenta, se comi\u00f3 el mundo del espect\u00e1culo. 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