{"id":1449,"date":"2013-03-03T20:43:50","date_gmt":"2013-03-03T19:43:50","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/vicentealvarez\/?p=1449"},"modified":"2013-03-03T20:43:50","modified_gmt":"2013-03-03T19:43:50","slug":"sesenta-kilos-de-noir-cani","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/vicentealvarez\/2013\/03\/03\/sesenta-kilos-de-noir-cani\/","title":{"rendered":"SESENTA KILOS DE NOIR CA\u00d1\u00cd"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"\/vicentealvarez\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2013\/03\/ramon-palomar-sesenta-kilos.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-medium wp-image-1450\" title=\"ramon-palomar-sesenta-kilos\" src=\"\/vicentealvarez\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2013\/03\/ramon-palomar-sesenta-kilos.jpg\" alt=\"\" width=\"197\" height=\"300\" \/><\/a>Publicado en &#8220;La sombra del cipr\u00e9s&#8221;, suplemento literario de El Norte de Castilla, el 2 de marzo de 2013<\/p>\n<p>Hay un tipo de fulano que no soporto: el croma\u00f1\u00f3n musculado que, consciente de sus pocas luces y cobarde como \u00e9l s\u00f3lo, reparte estopa a diestro y siniestro como prueba de robustecimiento moral (si supiera lo que eso significa). En &#8220;Sesenta kilos&#8221;, la primera novela de Ram\u00f3n Palomar, aparecen en papel protag\u00f3nico dos espec\u00edmenes, Charli y Mauro Tibur\u00f3n, que pertenecen a esa repugnante fauna. Y, sin embargo (o quiz\u00e1 tal vez por eso), &#8220;Sesenta kilos&#8221; engancha, enamora, sacude, emociona, encabrona y te mantiene atado de las pelotas durante m\u00e1s de trescientas p\u00e1ginas. Ram\u00f3n Palomar lo ha conseguido, ha parido una espl\u00e9ndida muestra de <em>noir<\/em> hispano y ca\u00f1\u00ed que seguramente dar\u00e1 mucho que hablar. El autor ha sido h\u00e1bil: les ha dado un corazoncito a los malnacidos. Porque tambi\u00e9n ellos tienen sentimientos y se enamoran de nenas, aunque sean las nenas equivocadas, aunque una sea una puta princesa de tax\u00edmetro plantificado entre las ingles y la otra una profesora de doble vida acostumbrada a rutinas de salvajismo y realidad, de clases diurnas y sesiones sado nocturnas. Adem\u00e1s, \u00bfno son en realidad peores los mafiosos trajeados que manejan el cotarro? Ese Frigor\u00edas de tup\u00e9 rocanrolero que controla el narcotr\u00e1fico y que ve c\u00f3mo se evapora su buena y podrida estrella con la burbuja inmobiliaria; o ese Manuel Carap\u00e1n que dirige Rojo y Negro, un burdel presidido por un Murillo aut\u00e9ntico, y que sabe c\u00f3mo sobornar a maderos trapisondistas de aspiradora por nariz; o el Marqu\u00e9s, patriarca gitano para quien su \u00fanica ley es la sangre. El resto, bien pensado, son t\u00edteres manejados que buscan huir de un mundo que odian sin saber todav\u00eda que eso es imposible. \u00bfNo resulta preocupante, en fin, que sea un tarado llamado el Nene (que llora cuando se enfarlopa y que anda colgado con cuentos africanos tan viscosos como una pel\u00edcula de zombis) el que pueda resultar m\u00e1s conmovedor? Tal vez por su debilidad, tal vez porque lleva toda la vida aguantando empellones, insultos y desprecios, tal vez porque sobrevive a base de picaresca. \u00bfDebemos preocuparnos si al final regalamos una mirada redentora a un tipo que no deja de ser un aut\u00e9ntico s\u00e1dico?<\/p>\n<p>La verdad es que la deprimente y terrible fauna de &#8220;Sesenta kilos&#8221; no tiene desperdicio. La novela baila reggaetones caldeados y violentos en parejas bien definidas: Charli y Susana, Mauro y Amapola, el Nene y Malika, Frigor\u00edas y Carap\u00e1n, Yeyo y Arturito. Hay, incluso, cambio de parejas: Mauro y el ex sargento Ventura Borr\u00e1s o Charli y el Nene (cuyas primeras peripecias desencadenan el desastre). Cuando Charli decide agarrar las dos maletas con sesenta kilos de coca\u00edna pura y huir, la suerte est\u00e1 echada para todos. La novela se convierte en una carretera de asfalto gris como un cad\u00e1ver incinerado. Valencia, Oporto, Madrid, Tarifa y T\u00e1nger. Una especie de road-movie a ritmo de rev\u00f3lver, violencia y venganza. Todo tiene cabida en este carrusel adrenal\u00ednico: ex legionarios, traficantes, camellos, psic\u00f3patas, putas, narcotraficantes y gitanos <em>terminators<\/em> que se emocionan con el quej\u00edo interminable y can\u00edbal de Camar\u00f3n. Fulanos que mean nitroglicerina y nenas que se ponen cachondas viendo a sus hombres romper costillas, malos de cojones que sobreviven en el zafarrancho continuo de funambulismo ilegal y asesinos capaces de matar fr\u00edamente pero incapaces de cortar historias de amor que lo tienen todo en contra. Eso s\u00ed, en esta brillante novela polic\u00edaca hay de todo menos polic\u00edas. Ram\u00f3n Palomar no necesita polis para describir su particular historia sobre el lumpen espa\u00f1ol de medio pelo. Quiz\u00e1 porque, como dice casi al final, &#8220;la polic\u00eda no es tonta, pero no puede llegar a tiempo porque la brevedad de los fuegos artificiales provoca que se pierdan la apoteosis final&#8221;. Y es que la novela transcurre a ritmo infernal, es pol\u00edticamente incorrecta, escupe delirios y brasas y meteoritos, est\u00e1 llena de pu\u00f1etazos ling\u00fc\u00edsticos, de met\u00e1foras cuidadas y preciosistas. Tras poner punto final a la lectura, sabes que te costar\u00e1 tiempo olvidarte de la cabellera de blancura nuclear de Charli, porque &#8220;Charli era el puto amo. Era Dios. Era Satan\u00e1s. Era el rel\u00e1mpago de la vendetta. Era el rayo que les part\u00eda&#8221;. Sabes que no podr\u00e1s apartar de tu cabeza la figura terrible de Mauro Tibur\u00f3n, skin psic\u00f3pata y ex legionario &#8220;con verde mirada de cuchilla de afeitar convertido en rey de la selva&#8221;. Y mirar\u00e1s para siempre a tus espaldas por si aparecen las melenas largas y acaracoladas de Yeyo y Arturito. &#8220;Tu verdad es mi mentira&#8221; lleva tatuado Amapola en su cuerpo de princesa triste. Esa es su desgracia. Y la de todos los dem\u00e1s. Por eso no hay futuro para ninguno. Ram\u00f3n Palomar lo ha escrito a navajazos. Hemos aprendido la lecci\u00f3n.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Publicado en &#8220;La sombra del cipr\u00e9s&#8221;, suplemento literario de El Norte de Castilla, el 2 de marzo de 2013 Hay un tipo de fulano que no soporto: el croma\u00f1\u00f3n musculado que, consciente de sus pocas luces y cobarde como \u00e9l s\u00f3lo, reparte estopa a diestro y siniestro como prueba de robustecimiento moral (si supiera lo [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[9,11],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/vicentealvarez\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1449"}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/vicentealvarez\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/vicentealvarez\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/vicentealvarez\/wp-json\/wp\/v2\/users\/4"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/vicentealvarez\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1449"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/vicentealvarez\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1449\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/vicentealvarez\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1449"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/vicentealvarez\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1449"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/vicentealvarez\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1449"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}