{"id":1467,"date":"2013-03-15T10:00:02","date_gmt":"2013-03-15T09:00:02","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/vicentealvarez\/?p=1467"},"modified":"2013-03-15T10:00:02","modified_gmt":"2013-03-15T09:00:02","slug":"la-insoportable-gravedad-del-recuerdo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/vicentealvarez\/2013\/03\/15\/la-insoportable-gravedad-del-recuerdo\/","title":{"rendered":"LA INSOPORTABLE GRAVEDAD DEL RECUERDO"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"font-size: medium;\"><a href=\"\/vicentealvarez\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2013\/03\/mind-the-gap.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-medium wp-image-1468\" title=\"mind-the-gap\" src=\"\/vicentealvarez\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2013\/03\/mind-the-gap.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"222\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2013\/03\/mind-the-gap.jpg 2304w, https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2013\/03\/mind-the-gap-300x223.jpg 300w, https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2013\/03\/mind-the-gap-768x571.jpg 768w, https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2013\/03\/mind-the-gap-1024x761.jpg 1024w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a>Publicado en El Norte de Castilla el 15 de marzo de 2013<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: medium; color: #ab36c8;\">Carlos Edmundo de Ory sosten\u00eda que la f\u00edsica nuclear no nos sirve para comprender por qu\u00e9 lloramos por amor. Y Neruda proclamaba aquello de \u201ces tan corto el amor y tan largo el olvido\u201d. Los poetas llevan toda la eternidad intentando comprender esa cosita llamada amor. Y algo que es peor: la masoquista querencia de engancharnos a amores imposibles. La historia est\u00e1 llena de episodios que convierten a Romeo y Julieta en dos consumidores m\u00e1s de una droga universal que a todos nos ha envenenado en alg\u00fan momento de nuestras vidas. Para Proust ni siquiera es una droga. Es algo peor: una enfermedad inevitable, dolorosa y fortuita. No sabemos c\u00f3mo llega. No sabemos c\u00f3mo se va. No sabemos c\u00f3mo llegar a ella. No sabemos c\u00f3mo desprendernos de ella. Para algunos es el \u00fanico para\u00edso del que no podemos ser expulsados. La se\u00f1ora Oswald es una de esas personas. Durante mucho tiempo su rutina diaria consisti\u00f3 en ir al metro londinense, sentarse en un banco y escuchar la voz de su marido, que era la que sonaba por los altavoces de las estaciones del famoso Tube. Al fallecer Laurence Oswald, su viuda se dej\u00f3 atrapar por el sentimiento maravilloso e irracional de acudir al metro todos los d\u00edas, cerrar los ojos e imaginar que su marido regresaba para estar junto a ella. Desgraciadamente, un d\u00eda la inserci\u00f3n de sistemas telem\u00e1ticos acab\u00f3 por silenciar aquella voz. Fue entonces cuando la viuda se dirigi\u00f3 a las autoridades del Metro para que le consiguieran una grabaci\u00f3n de la voz del difunto se\u00f1or Oswald. En el metro de Londres han hecho algo mejor: han decidido resucitar aquella voz y ahora vuelve a escucharse en algunas estaciones. A veces s\u00f3lo nos queda eso: el recuerdo. Una voz, un gesto, una risa, un perfume. Nos agarramos a ello. Tal vez porque el primer suspiro de amor es el \u00faltimo de la raz\u00f3n o porque s\u00f3lo conoce el amor quien ama sin esperanza. Por ello Mrs. Oswald sigue viviendo en ese amor incondicional e imposible de una voz met\u00e1lica en las galer\u00edas del Tube. Es la insoportable gravedad del\u00a0 recuerdo. El recuerdo nos mata y nos da vida. O sea.<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Publicado en El Norte de Castilla el 15 de marzo de 2013 Carlos Edmundo de Ory sosten\u00eda que la f\u00edsica nuclear no nos sirve para comprender por qu\u00e9 lloramos por amor. Y Neruda proclamaba aquello de \u201ces tan corto el amor y tan largo el olvido\u201d. 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