{"id":1805,"date":"2014-03-30T20:18:07","date_gmt":"2014-03-30T19:18:07","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/vicentealvarez\/?p=1805"},"modified":"2014-03-30T20:18:07","modified_gmt":"2014-03-30T19:18:07","slug":"vallecillo-jekyll-vallecillo-hyde","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/vicentealvarez\/2014\/03\/30\/vallecillo-jekyll-vallecillo-hyde\/","title":{"rendered":"VALLECILLO JEKYLL, VALLECILLO HYDE"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"\/vicentealvarez\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2014\/03\/bang-bang1.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-medium wp-image-1807\" title=\"bang bang\" src=\"\/vicentealvarez\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2014\/03\/bang-bang1.jpg\" alt=\"\" width=\"204\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2014\/03\/bang-bang1.jpg 613w, https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2014\/03\/bang-bang1-204x300.jpg 204w\" sizes=\"(max-width: 204px) 100vw, 204px\" \/><\/a>Publicado en &#8220;La sombra del cipr\u00e9s&#8221;, suplemento literario de &#8220;El Norte de Castilla&#8221;, el 29 de marzo de 2014<\/p>\n<p>\u00c1ngel Vallecillo lo sigue haciendo. Va m\u00e1s all\u00e1. Le gusta jugar, como a los buenos malabaristas, con cinco mazas de malabares (y se las pasa por detr\u00e1s de la espalda, si es necesario). Lo repetido, lo trillado, lo com\u00fan, lo previsible no entra dentro de su particular diccionario. Vallecillo ha tocado todos los palos y no se cansa de hacerlo. Tampoco se cansa de sorprendernos. La \u00faltima carta que se ha sacado de la manga es este \u201cBang Bang Wilko Wallace\u201d que publica la heroica y ejemplar editorial vallisoletana Dif\u00e1cil. \u00bfQu\u00e9 se puede decir de una novela que comienza de la siguiente manera?: \u201cLa primera vez que vi a la rubia yac\u00eda desnuda sobre una alfombra roja, con la mejilla hundida en un charco de v\u00f3mito y la cabellera desparramada como si acabaran de estallar contra el suelo una botella de champ\u00e1n. Nunca me hab\u00eda enamorado de un cad\u00e1ver\u201d. Pues eso, prep\u00e1rense a subirse a una monta\u00f1a rusa y despr\u00e9ndanse de todos sus prejuicios para dejarse arrastrar por la prosa hipn\u00f3tica y las fascinantes historias que nos va a proponer en las siguientes 198 p\u00e1ginas \u00c1ngel Vallecillo. El t\u00edtulo de la novela nos da una pista del proyecto en el que se ha embarcado el autor vallisoletano. Y si eso no fuera suficiente, s\u00f3lo hay que leer los t\u00edtulos de las tres partes en las que est\u00e1 dividida la novela: Diez de los Grandes, Ciudad del Diablo y La tumba de los mil d\u00f3lares. Ser\u00eda muy sencillo decir que Vallecillo se ha sumergido en el mundo m\u00e1s cl\u00e1sico de la novela negra (homenaje al viejo Chandler incluido) con evidentes y turbadoras pinceladas de western crepuscular. De hecho, los ambientes son inequ\u00edvocos: el bar de Moe, el hip\u00f3dromo, las apuestas en el boxeo, los desayunos en locales que parecen pintados por Edward Hopper, la comisar\u00eda de polic\u00eda, los bares de copas, la mansi\u00f3n del mat\u00f3n de turno, el motel de carretera. Todo huele a vieja novela negra. Pero hay algo m\u00e1s que acaba explotando en la segunda parte, la titulada Ciudad del Diablo. All\u00ed Chandler se transforma en el Cormac McCarthy de \u201cMeridiano de Sangre\u201d. En esta parte central de la novela Vallecillo nos regala un viaje alucinante a un sitio de pesadilla, una ciudad de asesinos, mercenarios, colgados, yonquis, putas, jugadores y traficantes, un lugar atravesado por el r\u00edo Tevel por el que siempre \u201cbaja un incesante torrente de cad\u00e1veres tiroteados por la espalda, manos y antebrazos amputados con las agujas a\u00fan clavadas en las venas, cabezas de putas, ni\u00f1os muertos o restos de perros de pelea\u201d. All\u00ed, en &#8220;La Casa Encantada&#8221;, un tugurio donde igual suena un blues que los disparos que llegan de la trastienda donde unos chalados tientan a la suerte jugando a la ruleta rusa, aparecen el hermano y el padre de Wilko Wallace: un padre ciego y un hermano retrasado de rasgos infantiles y dos metros de altura. Las escenas protagonizadas por esta extra\u00f1a pareja son portentosas y alucinantes a partes iguales: te sorprenden llenando \u201cLa Casa Encantada\u201d de blues y te hipnotizan cuando aparecen con un bate y una pistola (&#8220;No s\u00e9 qu\u00e9 me acojona m\u00e1s si el ciego con la pistola o el subnormal con el bate&#8221;). As\u00ed, poco a poco, pasamos de Chandler y de McCarthy al mism\u00edsimo Tarantino todo ello con una prosa que escupe las palabras como pu\u00f1etazos, al modo y manera de un James Ellroy en estado de gracia. Pero no nos enga\u00f1emos: ni Chandler, ni Ellroy, ni Tarantino, ni McCarthy. El universo de Vallecillo es \u00fanico, intransferible y perfectamente reconocible. Como una marca de aguas pegada a su pluma. Privilegio de los elegidos que tienen estilo propio. S\u00f3lo \u00c1ngel Vallecillo es capaz de singularizar a los personajes con un relampagueo de frases \u00fanico. Milton Avery es un \u201cbocaza, un h\u00edgado exhausto y una polla\u201d y la rubia protagonista \u201cuna obra de arte expuesta en un basurero\u201d. Por cierto, la primera maniobra de aproximaci\u00f3n de Wilko Wallace hacia la rubia no tiene desperdicio: \u201cLe abr\u00ed un p\u00e1rpado a la rubia y me deslumbr\u00f3 un iris azul cielo sobre un globo rojo: un iceberg flotando en sangre de foca\u201d. Vallecillo pasa, sin apenas despeinarse, de un di\u00e1logo lumpen de metralleta a un chispazo po\u00e9tico que te deja noqueado: \u201cSe acod\u00f3 en la barandilla y descolg\u00f3 la cabellera como un incendio que cayera del cielo\u201d; \u201cten\u00eda el pecho caliente y la espalda fr\u00eda, como si tomara el sol en una l\u00e1pida\u201d; \u201cel cielo se amorat\u00f3 como si el d\u00eda se asfixiara\u201d. Eso sin olvidar alg\u00fan toque de humor que viene a echar \u00e1rnica a tanta violencia y poes\u00eda. Y s\u00ed, a pesar de que nos movemos en el terreno de la novela negra cl\u00e1sica y &#8220;Bang Bang Wilko Wallace&#8221; no deja de ser un ejemplo prodigioso de pulp de 24 quilates, en el fondo la novela tiene un pestazo a western que tira para atr\u00e1s. Pulp alucinante, noir crepuscular, western shakesperiano. Todo vale en la m\u00e1gica coctelera de \u00c1ngel Vallecillo. Lo dicho, una joya que ser\u00eda un aut\u00e9ntico pecado que pasase desapercibida entre tanta y tanta novedad que escupen las librer\u00edas nuestras de cada d\u00eda.<\/p>\n<p>Por cierto, cuando decimos que \u00c1ngel Vallecillo toca todos los palos, no exageramos ni jugamos al despiste. Hoy le toca ponerse la <a href=\"\/vicentealvarez\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2014\/03\/9-horas1.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignright  wp-image-1809\" title=\"9-horas\" src=\"\/vicentealvarez\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2014\/03\/9-horas1.jpg\" alt=\"\" width=\"116\" height=\"180\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2014\/03\/9-horas1.jpg 437w, https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2014\/03\/9-horas1-193x300.jpg 193w\" sizes=\"(max-width: 116px) 100vw, 116px\" \/><\/a><br \/>\nchupa de Ellroy pero ayer vest\u00eda de dandi a lo Proust. Decimos esto porque hace apenas un mes, Vallecillo presentaba otra novela, &#8220;9 horas para morir&#8221;, esta vez bajo la divisa de Ediciones Aguere\/ Idea, en la que la propuesta literaria era completamente distinta. Las frases cortas, la acci\u00f3n fren\u00e9tica y la sucesi\u00f3n fant\u00e1stica de escenas a velocidad de v\u00e9rtigo de &#8220;Bang Bang Wilko Wallace&#8221; se transforman en &#8220;9 horas para morir&#8221; en un mon\u00f3logo interior que nos muestra de forma pausada, premiosa y preciosista las \u00faltimas horas de un hombre antes de suicidarse. Antes de hacerlo, eso s\u00ed, nos enteramos del pasado terrible de Rodr\u00edguez, el protagonista,\u00a0 y nos damos cuenta de que probablemente no es Rodr\u00edguez el que se suicida sino que es su propio pasado el que le suicida. Por el medio, Vallecillo nos obsequia con una novela impactante protagonizada por la verborrea demente y brillante de un tipo aparentemente d\u00e9bil, cansado de falsedades y abrumado por una historia brutal. Un ejercicio literario, en fin, que otorga carta de credibilidad a una de las ideas que el suicida Rodr\u00edguez vomita enrabietado: \u201cQuiz\u00e1 haya tantas clases de escritores como de hombres\u201d. No sabemos, en fin, cu\u00e1ntas clases de escritores hay pero uno tiene la sensaci\u00f3n de que todos ellos est\u00e1n en \u00c1ngel Vallecillo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Publicado en &#8220;La sombra del cipr\u00e9s&#8221;, suplemento literario de &#8220;El Norte de Castilla&#8221;, el 29 de marzo de 2014 \u00c1ngel Vallecillo lo sigue haciendo. Va m\u00e1s all\u00e1. Le gusta jugar, como a los buenos malabaristas, con cinco mazas de malabares (y se las pasa por detr\u00e1s de la espalda, si es necesario). 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