{"id":1913,"date":"2014-08-26T08:55:31","date_gmt":"2014-08-26T07:55:31","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/vicentealvarez\/?p=1913"},"modified":"2014-08-26T08:55:31","modified_gmt":"2014-08-26T07:55:31","slug":"el-cuarto-rey","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/vicentealvarez\/2014\/08\/26\/el-cuarto-rey\/","title":{"rendered":"EL CUARTO REY"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"\/vicentealvarez\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2014\/08\/El-cuarto-rey.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-medium wp-image-1914\" title=\"El cuarto rey\" src=\"\/vicentealvarez\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2014\/08\/El-cuarto-rey.jpg\" alt=\"\" width=\"208\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2014\/08\/El-cuarto-rey.jpg 416w, https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2014\/08\/El-cuarto-rey-209x300.jpg 209w\" sizes=\"(max-width: 208px) 100vw, 208px\" \/><\/a>Otra locura de Harry Stephen Keeler, con uno de sus acostumbrados argumentos desconcertantes,\u00a0 imprevisibles y demenciales. En esta ocasi\u00f3n nos encontramos con J. Hamilton Eaves, un tibur\u00f3n de las finanzas, que recibe una nota firmada por alguien que se autodenomina \u201cEstrella de la Noche\u201d, junto a una baraja a la que le faltan tres reyes. En la nota se le indica que tiene una semana \u201cpara dar por terminado completamente su negocio de robos\u201d, adem\u00e1s de relacionarle con un art\u00edculo de Riswold Magazine titulado &#8220;los trece reyes de la banca corrompida de Chicago&#8221; en el cual se habla de trece negociantes de Chicago que\u00a0 est\u00e1n amontonando fortunas desplumando a los incautos&#8230; Hamilton descubre pronto que los otros tres tiburones recibieron una nota parecida junto a una baraja en la que faltaba alguno de los reyes. A ellos tambi\u00e9n se les urg\u00eda a que abandonasen sus negocios pero ninguno hizo caso y los tres murieron al poco tiempo en extra\u00f1as circunstancias. Es entonces cuando, para cubrirse las espaldas, Hamilton decide involucrar a un empleado suyo (Jason Folwell) y se las apa\u00f1a para acusarle de haber robado en su caja fuerte. Consigue, as\u00ed, que Jason firme una declaraci\u00f3n de culpa (algo que hace para no involucrar a su prometida) y le chantajea para que, a cambio de no denunciarle, se haga pasar por \u00e9l durante unos d\u00edas, enga\u00f1ando as\u00ed todo el mundo. Lo malo es que, a pesar del truco, J. Hamilton tambi\u00e9n es asesinado. La polic\u00eda, entonces, acorrala a Jason Folwell que, a contrarreloj, tiene que demostrar su inocencia&#8230; Este es el principio de una novela que, como todas las de Harry Stephen Keeler, es lo m\u00e1s parecido a subirte a una monta\u00f1a rusa. Desde luego, pocas lecturas tan entretenidas, adictivas y directamente sorprendentes como las que ofrece el se\u00f1or Keeler, el escritor m\u00e1s delirante de la historia y el \u00fanico capaz de enredarte en argumentos imposibles, en una mara\u00f1a de historias que seg\u00fan se desmadejan dan paso a otras nuevas historias m\u00e1s incre\u00edbles si cabe. En fin, una muesca m\u00e1s en el fascinante mundo de HSK, en esta ocasi\u00f3n con una novela de triste actualidad ya que explora el asqueroso mundo de banqueros y tiburones de las finanzas que juegan con la vida de otras personas simplemente por el ansia de conseguir m\u00e1s y m\u00e1s riqueza.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Otra locura de Harry Stephen Keeler, con uno de sus acostumbrados argumentos desconcertantes,\u00a0 imprevisibles y demenciales. En esta ocasi\u00f3n nos encontramos con J. 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