{"id":211,"date":"2007-09-06T17:08:00","date_gmt":"2007-09-06T17:08:00","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/vicentealvarez\/?p=211"},"modified":"2007-09-06T17:08:00","modified_gmt":"2007-09-06T17:08:00","slug":"el-senor-las-metaforas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/vicentealvarez\/2007\/09\/06\/el-senor-las-metaforas\/","title":{"rendered":"EL SE\u00d1OR DE LAS MET\u00c1FORAS"},"content":{"rendered":"<p><IMG src=\"\/vicentealvarez\/files\/mini-umbral.jpg\" width=\"189\" height=\"250\" class=\"imgizqda\" \/><em>Publicado en El Norte de Castilla el 6 de septiembre de 2007<\/em><br \/>\nSe acaba el verano que nunca existi\u00f3 y nos dicen que ya no leeremos m\u00e1s sus columnas. Los becarios aficionados que crecimos con su vocabulario de porcelana y garfios de plata volvemos a sentirnos desnudos y los que comenzamos a amar Valladolid al vernos reflejados en sus cr\u00f3nicas stendhalianas de la peque\u00f1a ciudad plateresca volvemos a sentirnos hu\u00e9rfanos de adjetivos. Nos dicen que Francisco Umbral ha muerto. Que lo ha hecho en silencio, de contrabando, pasando desapercibido, incluso eclipsado por la muerte de un joven futbolista. Aun as\u00ed, obituarios y art\u00edculos han echado fuego durante los \u00faltimos d\u00edas. Nos han vuelto a hablar del trasgresor de todos los g\u00e9neros, del hombre amortajado en tinta, del provocador dandi con gafas, larga melena y bufanda al viento, del forjador de la prosa m\u00e1s l\u00edrica y canalla del siglo XX, del prestidigitador de la palabra, del espadach\u00edn de verbo punzante y adjetivos asesinos. Umbral fue todo eso y mucho m\u00e1s. Fue el que me ense\u00f1\u00f3 que la literatura est\u00e1 detr\u00e1s de todas las mujeres que nos salvan (y tambi\u00e9n de las que nos llevan a la perdici\u00f3n). Fue el hijo de Valle-Incl\u00e1n y Greta Garbo. Fue el tipo al que se le aparec\u00edan las met\u00e1foras como v\u00edrgenes. Fue la dacha de Majadahonda, el Chivas con optalid\u00f3n y el Caf\u00e9 Gij\u00f3n. Fue el escritor que pag\u00f3 el precio m\u00e1s alto por escribir su obra maestra (\u201cun libro no vale un hijo\u201d, dec\u00eda al recordar \u201cMortal y rosa\u201d). Y fue, al menos para m\u00ed, el escritor de la espada de esta\u00f1o de la Esgueva, el juglar que cant\u00f3 a las ma\u00f1anas de plata y niebla de Valladolid, el que visti\u00f3 su mejor literatura con la arqueolog\u00eda de su infancia y adolescencia a orillas del Pisuerga. El botones de un banco envenenado por el l\u00e1udano baudelairiano y la magdalena de Proust. El recuerdo constante de la madre obligada a tener a su hijo fuera de Valladolid para evitar a los calumniadores y chismosos. El recuerdo de la madre que tuvo que ocultar su condici\u00f3n y convertirse en la t\u00eda May. El recuerdo de la muerte de la t\u00eda\/madre y del descubrimiento de la verdad. Todos esos recuerdos y la neblina del Pisuerga constituyen la atm\u00f3sfera de sus mejores novelas. Por ejemplo, \u201cLos cuadernos de Luis Vives\u201d, flordelisada por completo de sus recuerdos de adolescencia en Valladolid, de la presencia-ausencia de la madre y de un tiempo donde todav\u00eda exist\u00eda el \u201cballestazo largo del amor en el pecho enfermo, l\u00edrico y sobredorado de tabacos\u201d. Novelas donde descubr\u00ed el templo de la adolescencia de Umbral, las chicas penagos vestidas de parisinas en los caf\u00e9s de Valladolid, la frustrada catedral, (\u201cgrandiosa como una tumba de gigantes y fr\u00eda como las bodegas de Dios\u201d) y la luna derram\u00e1ndose todas las noches en cascada sobre el g\u00f3tico\/plateresco de San Pablo. Tambi\u00e9n, claro, el romance de Paco con \u201cEl Norte de Castilla\u201d, el gran peri\u00f3dico de \u201cletras g\u00f3ticas, muy negras, sobre gran fondo blanco, una catedral del periodismo\u201d. Por eso, de la misma forma que \u00e9l umbraliz\u00f3 todo y defendi\u00f3 la tesis homicida y can\u00edbal de que \u201cs\u00f3lo robando de otro se aprende a escribir\u201d, ya solo nos queda poner en el sal\u00f3n de nuestra casa una estatua de Umbral tosiendo met\u00e1foras, umbralizar el mundo con un whisky sin hielo (que queda m\u00e1s umbral), vivir eternamente rastreando adjetivos y morir umbralizado. Todo se reduce  a lo mismo: living umbral en plenitud. O sea.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Publicado en El Norte de Castilla el 6 de septiembre de 2007 Se acaba el verano que nunca existi\u00f3 y nos dicen que ya no leeremos m\u00e1s sus columnas. 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