{"id":2375,"date":"2017-02-28T08:53:08","date_gmt":"2017-02-28T07:53:08","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/vicentealvarez\/?p=2375"},"modified":"2017-02-28T08:53:08","modified_gmt":"2017-02-28T07:53:08","slug":"las-ninfas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/vicentealvarez\/2017\/02\/28\/las-ninfas\/","title":{"rendered":"LAS NINFAS"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"font-size: medium;\"><a href=\"\/vicentealvarez\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2017\/02\/las-ninfas.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-medium wp-image-2376\" title=\"las ninfas\" src=\"\/vicentealvarez\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2017\/02\/las-ninfas.jpg\" alt=\"\" width=\"182\" height=\"300\" \/><\/a>De vez en cuando hay que volver a Francisco Umbral. Resulta tan inevitable como desolador. Uno se siente como el asesino que regresa al lugar del crimen. Los que nos dedicamos a juntar letras y escribir historias nos damos cuenta de que Umbral estaba en otra liga. Umbral posiblemente sea, con permiso de Valle Incl\u00e1n, el escritor m\u00e1s fastuoso de nuestra literatura. Por eso, uno regresa a Umbral cada poco. Esta vez le ha tocado el turno a \u201cLas ninfas\u201d, novela con la que gan\u00f3 el Premio Nadal de 1975 y que forma parte de los que se ha venido en denominar \u201cnovelas vallisoletanas\u201d, aquellas que escribi\u00f3 el maestro rememorando su infancia y adolescencia en Valladolid, la ciudad provinciana de tedio y plateresco en la que vivi\u00f3 hasta que se traslad\u00f3 a Madrid a los 29 a\u00f1os.\u00a0 En \u201cLas ninfas\u201d hay un poco de todo, la habitual prosa magistral y deslumbrante de Umbral, el adolescente que aspira a ser sublime sin interrupci\u00f3n y por el camino se enreda en las faldas de una mujer, el joven empleado de melena, deudas\u00a0 y guantes amarillos que pasea su dandismo por el blanco neblinoso del Pisuerga, los recuerdos de noches de verano memorables donde al negro se le transparenta el azul, el retrato del adolescente de provincias que se zambulle en la literatura, en el sexo, en la vida y, por supuesto, Umbral tosiendo met\u00e1foras en cada rengl\u00f3n. Tambi\u00e9n hay bailaoras, pescadoras, escritores de provincia (algunos muy reconocibles), el primer beso\/el primer amor, una gitana limpia pintada de piel roja, la femme fatale del barrio sacrificada en un particular auto de fe provinciano, personajes lumpen algo valleinclanescos (Emp\u00e9docles, Teseo, Di\u00f3tima) y un personaje imborrable como Cristo Teodorico. Y s\u00ed, por supuesto, la niebla del Pisuerga es la atm\u00f3sfera de \u201cLas ninfas\u201d.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: medium;\">\u201cMe gustaba el mercado por fuera, con su acumulaci\u00f3n de obreros, meretrices, encantadores de serpientes, exploradores ap\u00f3crifos que vend\u00edan productos ex\u00f3ticos y monta\u00f1eros igualmente ap\u00f3crifos que hab\u00edan bajado de las cumbres saludables con el caramelo de los Alpes para la tos\u2026 Y el mercado, que hab\u00eda sido el lugar de mis odios, se fue transformando as\u00ed en el lugar de mis sue\u00f1os, y las frutas se encendieron como luces, y los pescados se volvieron de plata, y las naranjas de oro, y la carne era como un tributo sangriento a mi diosa, y todo era una fiesta donde los vegetales perfumaban intensamente, los panes eran panes de oro y los quesos eran eunucos que codiciaban a mi reina, presos en sus vitrinas de cristal\u201d.<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>De vez en cuando hay que volver a Francisco Umbral. 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