{"id":2987,"date":"2019-07-18T16:36:50","date_gmt":"2019-07-18T15:36:50","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/vicentealvarez\/?p=2987"},"modified":"2019-07-18T16:36:50","modified_gmt":"2019-07-18T15:36:50","slug":"la-muchacha-del-maletin-azulado","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/vicentealvarez\/2019\/07\/18\/la-muchacha-del-maletin-azulado\/","title":{"rendered":"LA MUCHACHA DEL MALET\u00cdN AZULADO"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2019\/07\/la-muchacha-del-malet\u00edn-azulado.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-medium wp-image-2988\" src=\"https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2019\/07\/la-muchacha-del-malet\u00edn-azulado-203x300.jpg\" alt=\"la-muchacha-del-maletin-azulado\" width=\"203\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2019\/07\/la-muchacha-del-malet\u00edn-azulado-203x300.jpg 203w, https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2019\/07\/la-muchacha-del-malet\u00edn-azulado.jpg 250w\" sizes=\"(max-width: 203px) 100vw, 203px\" \/><\/a>Harry Stephen Keeler tiene fama de ser mal escritor. Uno de sus grandes admiradores, Neil Gaiman, habla de \u00e9l como \u201cel m\u00e1s grande de los escritores mediocres que ha dado nunca Am\u00e9rica\u201d. En todo caso, Keeler es fascinante. Y entretenid\u00edsimo. Y adictivo. Y mucho m\u00e1s complejo de lo que algunos piensan. Aunque solo sea por sus intrincad\u00edsimos argumentos, por la cantidad de personajes que entran y salen de escena, por la madeja en la que envuelve a todos y por los giros continuos de guion. A veces no es nada f\u00e1cil leer a HSK. Con \u201cLa muchacha del malet\u00edn azulado\u201d me he encontrado, hasta el momento, con el Keeler que me ha resultado m\u00e1s complicado de leer, perdi\u00e9ndome en demasiadas ocasiones en la tela de ara\u00f1a que hab\u00eda confeccionado el autor. Cuando ya era demasiado tarde, cuando ya casi hab\u00eda acabado la novela, descubr\u00ed que \u201cLa muchacha del malet\u00edn azulado\u201d es la novela que pone punto final a la llamada <em>Serie del Cr\u00e1neo<\/em>, cuyas anteriores entregas son \u201cEl hombre de los t\u00edmpanos m\u00e1gicos\u201d, \u201cEl hombre de la caja carmes\u00ed\u201d y \u201cEl hombre de las gafas de madera\u201d. Es evidente que, para que todo hubiese cuadrado y me hubiese resultado m\u00e1s sencillo, habr\u00eda tenido que leer las anteriores novelas. Aun as\u00ed, a riesgo de perderse en alguna ocasi\u00f3n, \u201cLa muchacha del malet\u00edn azulado\u201d se puede leer independientemente y gozar con las locuras del bueno de Keeler como un aut\u00e9ntico gorrino. En esta ocasi\u00f3n, la historia que llega de los libros anteriores culmina con la celebraci\u00f3n de un juicio, el que se celebra contra John Doe, el hombre de la caja carmes\u00ed. De hecho toda la novela transcurre en un \u00fanico escenario (la casa del juez Hilford Penworth donde tiene lugar el juicio). La protagonista es Elsa Colby, una joven abogada que no tiene otro remedio que defender a John Doe, a pesar de que todo, absolutamente todo, est\u00e1 en contra de \u00e9l y a pesar de que, debido a un contrato que firm\u00f3 a\u00f1os atr\u00e1s, la p\u00e9rdida de este juicio supondr\u00e1 para ella quedarse sin una jugos\u00edsima herencia que en justicia le pertenec\u00eda. Frente a ella est\u00e1 el fiscal Louis Vann, que se juega la reelecci\u00f3n como no consiga una sentencia de culpabilidad. Y a ambos lados del cuadril\u00e1tero el acusado, el tal John Doe, y un asesino que permanece en la c\u00e1rcel (Gus McGurk) y que est\u00e1 pendiente de ser enviado a la silla el\u00e9ctrica. Por el medio, un buen n\u00famero de testigos que ir\u00e1n pasando por la sala dejando sus testimonios. Sabremos de ellos, eso s\u00ed, de una forma tremendamente original gracias a la maestr\u00eda de HSK. Como es de suponer, la cantidad de tramas, subtramas, trampas, giros de guion, personajes imposibles e historias locas son dignas de menci\u00f3n. La propia declaraci\u00f3n (teatral y pantagru\u00e9lica a mayores) del procesado, el tal John Doe, durante el juicio viene a poner en claro el verdadero estilo e intenciones de HSK. Y para muestra vale un bot\u00f3n:<\/p>\n<p>\u201cEl procesado, una vez que lo empez\u00f3 hab\u00eda seguido inflexiblemente sin siquiera respirar entre frase y frase. Sus \u00fanicas pausas las hizo en aquellos puntos en que el relato bajaba el tel\u00f3n dentro de s\u00ed mismo \u2013telones de sorpresa, de incertidumbre, de mixtificaci\u00f3n-. En verdad, hab\u00eda sido dram\u00e1tico: una relaci\u00f3n, como si dij\u00e9ramos, de ruedas engranadas en otras ruedas, y aun de ruedas diminutas endentadas en las m\u00e1s peque\u00f1as, y que abarcaban, como hac\u00edan todos los elementos del relato tomados en su conjunto, un enorme territorio. Hab\u00edan desfilado muchos personajes, como en la escena de un teatro \u2013pues los acontecimientos principales se hab\u00edan sucedido sin interrupci\u00f3n en un breve espacio de tiempo- y hab\u00edan actuado en un solo marco en el que hab\u00edan entrado y del cual hab\u00edan salido, exactamente como los int\u00e9rpretes de un drama esc\u00e9nico. Demasiado convincente el relato para ser falso, y demasiado objetivo y lleno de color para ser inventado. Una casa en la que hab\u00eda g\u00e1ngsters y fenec\u00eda una banda de \u00e9stos.. . y un lavadero chino que pleiteaba contra un banco\u2026, y una carrera de caballos en M\u00e9xico\u2026., un recluso exc\u00e9ntrico que coleccionaba esmeraldas de todos los tama\u00f1os y formas\u2026, un suicida en el Oc\u00e9ano Pac\u00edfico\u2026, una mujer de la vida de siete dedos en cada mano\u2026, un agente de tr\u00e1fico con el t\u00edtulo de Doctor en Filosof\u00eda\u2026, la due\u00f1a negra de una casa de mal vivir de Londres destinada a morir ahorcada al amanecer en la penitenciar\u00eda de Pentanville\u2026 agentes americanos del servicio secreto\u2026, un reportero vengativo que trastorn\u00f3 todo el servicio telegr\u00e1fico de toda una ciudad\u2026, un carterista y un granjero\u2026, una mujer que se retir\u00f3 un a\u00f1o a un convento para rezar tres d\u00edas y tres noches\u2026, un anarquista ruso\u2026, un autor criminal brit\u00e1nico con un tubo de cianuro en la cadena del reloj\u2026, un experto abridor de caja de caudales, y una caja de esta clase a prueba de ladrones\u2026; todo ello tejido para formar un tapiz en el cual la urdimbre sujetaba tenazmente la trama, \u00e9sta sujetaba con la misma tenacidad la urdimbre, y el propio tapiz sujetaba a todos los que lo contemplaban\u201d.<\/p>\n<p>\u00a1Todo esto y mucho m\u00e1s es Harry Stephen Keeler!<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Harry Stephen Keeler tiene fama de ser mal escritor. Uno de sus grandes admiradores, Neil Gaiman, habla de \u00e9l como \u201cel m\u00e1s grande de los escritores mediocres que ha dado nunca Am\u00e9rica\u201d. En todo caso, Keeler es fascinante. Y entretenid\u00edsimo. Y adictivo. Y mucho m\u00e1s complejo de lo que algunos piensan. 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