{"id":3988,"date":"2024-11-22T13:55:47","date_gmt":"2024-11-22T12:55:47","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/vicentealvarez\/?p=3988"},"modified":"2024-11-22T13:55:47","modified_gmt":"2024-11-22T12:55:47","slug":"memorias-de-un-nino-de-derechas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/vicentealvarez\/2024\/11\/22\/memorias-de-un-nino-de-derechas\/","title":{"rendered":"MEMORIAS DE UN NI\u00d1O DE DERECHAS"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2024\/11\/memorias-de-un-nino-de-derechas.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft  wp-image-3989\" src=\"https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2024\/11\/memorias-de-un-nino-de-derechas-183x300.jpg\" alt=\"\" width=\"220\" height=\"361\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2024\/11\/memorias-de-un-nino-de-derechas-183x300.jpg 183w, https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2024\/11\/memorias-de-un-nino-de-derechas-625x1024.jpg 625w, https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2024\/11\/memorias-de-un-nino-de-derechas-768x1258.jpg 768w, https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2024\/11\/memorias-de-un-nino-de-derechas-938x1536.jpg 938w, https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2024\/11\/memorias-de-un-nino-de-derechas.jpg 969w\" sizes=\"(max-width: 220px) 100vw, 220px\" \/><\/a>Seguimos con el ciclo memorial\u00edstico vallisoletano de Francisco Umbral. En esta ocasi\u00f3n, le toca el turno a \u201cMemorias de un ni\u00f1o de derechas\u201d, libro de 1972 que tiene el gran privilegio de constituir el primero protagonizado por la infancia\/adolescencia del autor en Valladolid (luego vendr\u00edan una quincena m\u00e1s constituyendo el ciclo de memorias m\u00e1s glorioso de nuestra literatura). Cuando estall\u00f3 la guerra civil, Francisco Umbral apenas contaba cuatro a\u00f1os. El escritor pas\u00f3 sus candorosos d\u00edas de infancia y la adolescencia en Valladolid, y estas Memorias dan cuenta de la cotidianidad del ni\u00f1o de provincias durante la guerra y las sombr\u00edas d\u00e9cadas de los a\u00f1os cuarenta y cincuenta. Con su inconfundible estilo, Umbral nos regala, entre la cr\u00f3nica y el lirismo, el retrato de un ni\u00f1o que empieza a descubrir el mundo en la etapa m\u00e1s cruda de la posguerra. Lo hace a partir de retazos destilados del recuerdo que no tienen desperdicio. Nos habla as\u00ed el maestro de los ba\u00fales familiares, los italianos, los legionarios, los pacos, las canciones y las pel\u00edculas de la posguerra, el estraperlo, las queridas, el Sagrado Coraz\u00f3n de Jesus y la vida de los santos, el flagelo turbador de la carne, El Coyote (un h\u00e9roe colonial entre se\u00f1orito andaluz y Scaramouche del Oeste), los tebeos, los realquilados, las distintas razas de ni\u00f1os (los que ten\u00edan bicicleta \u2013los ni\u00f1os ricos siempre iban de blanco- y los que no ten\u00edan bicicleta), las chicas topolino, las animadoras, el pecado, los piojos y la tuberculosis, los entierros y los desfiles, la siesta en el verano, los pederastas\u00a0 que rondaban a los ni\u00f1os de la guerra, el f\u00fatbol y todos los mitos locales, los guateques y el cabaret, la propina, las compa\u00f1\u00edas de revista, las oposiciones y los enchufados, las criadas y los gamberros, las primeras vespas, el cine italiano y, en fin, el mito de Madrid, que es a lo que aspiraban casi todos los j\u00f3venes (\u201cHab\u00eda que tomar Madrid\u201d).<\/p>\n<p>\u201cMadrid hab\u00eda sido visto siempre como corte de los milagros, reino del chotis, villa de la luz de gas, un sarao popular donde la infanta Cristina sal\u00eda de paseo con el marqu\u00e9s de la Valdavia por los corredores del anacronismo\u2026. En provincias, cuando un muchacho ten\u00eda inquietudes, aspiraciones, en seguida empezaba a pensar en irse a Madrid. La juventud masculina emigraba a Madrid para abrirse camino, hacer oposiciones, traficar en tabaco rubio, preparar c\u00f3cteles en las embajadas, escribir art\u00edculos, despachar en Galer\u00edas Preciados, dar el timo de la estampita, jugar a la loter\u00eda, vender corbatas, enchularse con una vicetiple, o con su madre, ingresar en Hacienda, ingresar en Carabanchel o darse de alta en la homosexualidad\u201d.<\/p>\n<p>En fin, \u201cMemorias de un ni\u00f1o de derechas\u201d se destapa como una cr\u00f3nica original, audaz y fascinante a trav\u00e9s de la memoria sentimental de los ni\u00f1os de la guerra, de toda una generaci\u00f3n de ni\u00f1os, la del autor, nacidos en zona nacional. Una inclasificable cr\u00f3nica costumbrista de los a\u00f1os de la posguerra a trav\u00e9s de los ojos de un ni\u00f1o. Una joya, una m\u00e1s, del maestro Umbral.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Seguimos con el ciclo memorial\u00edstico vallisoletano de Francisco Umbral. 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