{"id":3995,"date":"2024-12-09T17:52:05","date_gmt":"2024-12-09T16:52:05","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/vicentealvarez\/?p=3995"},"modified":"2024-12-09T17:53:15","modified_gmt":"2024-12-09T16:53:15","slug":"luces-de-bohemia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/vicentealvarez\/2024\/12\/09\/luces-de-bohemia\/","title":{"rendered":"LUCES DE BOHEMIA"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2024\/12\/luces-de-bohemia1.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-medium wp-image-3996\" src=\"https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2024\/12\/luces-de-bohemia1-218x300.jpg\" alt=\"\" width=\"218\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2024\/12\/luces-de-bohemia1-218x300.jpg 218w, https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2024\/12\/luces-de-bohemia1.jpg 348w\" sizes=\"(max-width: 218px) 100vw, 218px\" \/><\/a>Publicado en El Norte de Castilla el 7 de diciembre de 2024<\/p>\n<p><span style=\"color: #800080;\">Antes de terminar el a\u00f1o ser\u00eda un crimen no acordarse de que \u201cLuces de Bohemia\u201d est\u00e1 de celebraci\u00f3n. Es cierto que, siguiendo la pr\u00e1ctica habitual de su autor, el inmortal Ram\u00f3n Mar\u00eda del Valle-Incl\u00e1n, la obra vio la luz por entregas en 1920, pero la realidad es que no fue publicada como libro (a\u00f1adiendo adem\u00e1s relevantes cambios) hasta 1924, justo ahora hace 100 a\u00f1os. Hablamos de, muy probablemente, la mejor novela del siglo XX (el propio autor hablaba de ella como \u201cnovela dialogada\u201d, quiz\u00e1 consciente de que jam\u00e1s la ver\u00eda representada sobre las tablas), as\u00ed que acompa\u00f1ar hoy a Max Estrella en su \u00faltima noche es un acto de rebeld\u00eda, un chute de adrenalina, un salto de fe. Eso acabo de hacer en la hermos\u00edsima edici\u00f3n de Reino de Cordelia ilustrada por Jos\u00e9 Mar\u00eda Gallego. All\u00ed me he vuelto a encontrar con Max Estrella, hiperb\u00f3lico andaluz, poeta de odas y madrigales, ciego, pobre, loco y genial, alguien que ten\u00eda todo, figura, palabra y gracejo, alguien cuya charla cambiaba de colores como las llamas de un ponche, y que ahora es ya s\u00f3lo un espectro del pasado. Max Estrella, el primer poeta de Espa\u00f1a, de profesi\u00f3n cesante, exhibiendo el honor de no ser acad\u00e9mico y reclamando, como poeta que es, el derecho al alfabeto, aunque ahora ya sabe que s\u00f3lo es el dolor de un mal sue\u00f1o. Se da cuenta de ello mientras pasea, junto a Latino de Hispalis, por un Madrid absurdo, brillante y hambriento. Con toda seguridad ya sabe tambi\u00e9n que es su \u00faltima noche, una noche fat\u00eddica, infinita e interminable, una noche de luna, sangre y bu\u00f1uelos. Junto a \u00e9l nos emborrachamos en la taberna de Pica Lagartos, luz de acetileno, zagu\u00e1n oscuro, y nos tropezamos con personajes gui\u00f1olescos que son puras m\u00e1scaras de delirio, h\u00e9roes cl\u00e1sicos reflejados en los espejos c\u00f3ncavos del callej\u00f3n del Gato, las pinturas negras de Goya <em>on the rocks<\/em>, t\u00edteres de vida y muerte, ministros de bragueta desabrochada, mozuelas golfas, serenos meciendo a comp\u00e1s el farol y el chuzo, poetas modernistas, pindongas que r\u00eden con dejo sensual de cosquillas, libreros gibosos, un ni\u00f1o muerto en los brazos de una mujer despechugada y ronca, f\u00fanebres fantoches, sepultureros que fuman sentados al pie del hoyo y todo tipo de personajes esperp\u00e9nticos. La f\u00fanebre santa compa\u00f1a se enreda en calles enarenadas y solitarias de faroles rotos dej\u00e1ndose caer por bu\u00f1oler\u00edas <em>art nouveau<\/em>, redacciones de peri\u00f3dicos con sillas vac\u00edas y carpetas ro\u00eddas, ministerios con aire de cueva y olor fr\u00edo de tabaco rancio y caf\u00e9s del Madrid austriaco con mesas de m\u00e1rmol y divanes rojos. El final est\u00e1 cerca. Max Estrella lo sabe. Se queja de haber vivido siempre de un modo absurdo y de no haber tenido talento, pero todos sabemos que lo que no ha tenido es el talento de saber vivir. Que las letras no dan para comer. Que las letras son color\u00edn, pingajo y hambre. Por eso al final, Max Estrella muere de hambre y de pena, como todo espa\u00f1ol digno. Le hab\u00edan cerrado todas las puertas y \u00e9l se venga de todos muri\u00e9ndose de hambre. Que caiga esa verg\u00fcenza sobre los cabrones de la Academia, en Espa\u00f1a es un delito el talento, grita Latino de Hispalis. En el cementerio del Este, por una calle de l\u00e1pidas y cruces, le despiden el \u00edndico y profundo Rub\u00e9n Dar\u00edo y el c\u00e9ltico Marqu\u00e9s de Bradom\u00edn, viejo caballero con la barba toda de nieve que aspira a ser eterno por sus pecados. Sin duda concluyen que la barbarie ib\u00e9rica es un\u00e1nime. Un\u00e1nime como la noche de Borges, otro ciego al igual que Max Estrella, y todos sabemos que los ciegos se enteran mejor de las cosas del mundo, que son capaces de ver como nadie al pa\u00eds en las portezuelas de su delirio, que son capaces de ver la verdad con los ojos del esperpento. Pues eso, que deber\u00eda ser obligatorio leer \u201cLuces de bohemia\u201d al menos una vez al a\u00f1o y recitarlo en voz alta como un padrenuestro tabernario y zarzuelero. Que as\u00ed sea.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Publicado en El Norte de Castilla el 7 de diciembre de 2024 Antes de terminar el a\u00f1o ser\u00eda un crimen no acordarse de que \u201cLuces de Bohemia\u201d est\u00e1 de celebraci\u00f3n. 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