{"id":4049,"date":"2025-03-20T10:09:38","date_gmt":"2025-03-20T09:09:38","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/vicentealvarez\/?p=4049"},"modified":"2025-03-20T10:09:38","modified_gmt":"2025-03-20T09:09:38","slug":"rumbo-a-sing-sing","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/vicentealvarez\/2025\/03\/20\/rumbo-a-sing-sing\/","title":{"rendered":"RUMBO A SING-SING"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2025\/03\/31-Vic-Peterson-Rumbo-a-Sing-Sing.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-medium wp-image-4050\" src=\"https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2025\/03\/31-Vic-Peterson-Rumbo-a-Sing-Sing-200x300.jpg\" alt=\"\" width=\"200\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2025\/03\/31-Vic-Peterson-Rumbo-a-Sing-Sing-200x300.jpg 200w, https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2025\/03\/31-Vic-Peterson-Rumbo-a-Sing-Sing.jpg 400w\" sizes=\"(max-width: 200px) 100vw, 200px\" \/><\/a>\u201cEl firmamento hasta entonces muy azul, se iba plateando. Plata sucia, truncada por ramalazos de brocha gorda empapada en carmes\u00ed\u201d.<\/p>\n<p>Craig Henderson hubiera podido pasar por sudamericano. Hab\u00eda incaicas ascendencias en sus negros ojos rasgados, que pod\u00edan ser, seg\u00fan las circunstancias, crueles con frialdad, o apasionados sin ardor. Ten\u00eda un gran control de sus reflejos. Los hab\u00eda entrenado en varios a\u00f1os consecutivos de sobrevivir como detective de una agencia instalada en Nueva York y especializada en \u00abcasos perdidos\u00bb. La agencia Kempton s\u00f3lo daba el ingreso definitivo en n\u00f3mina a los que, como Craig Henderson, parec\u00edan aunar dos contradicciones: la calmosa aceptaci\u00f3n de una breve existencia, y el talento de prolongarla contra todo pron\u00f3stico.<\/p>\n<p>Henderson parec\u00eda un turista rico, pero en realidad segu\u00eda el rastro de un asesino (Edgar Wilder, millonario de nacimiento, fil\u00f3sofo deportista por afici\u00f3n y, a ratos perdidos, estrangulador de mujeres), al que finalmente hab\u00eda dado caza. Sin embargo, en el viaje de vuelta en el avi\u00f3n, algo ocurri\u00f3. Lo siguiente que Craig Henderson recuerda es despertar en un hospital. El avi\u00f3n en el que viajaban se hab\u00eda estrellado. En \u00e9l viajaban ocho pasajeros y cinco tripulantes (hab\u00edan muerto los cinco tripulantes y uno de los pasajeros). El pasajero muerto hab\u00eda aparecido totalmente calcinado. Se supon\u00eda que era Wilder, pues estaba esposado. Y, sin embargo\u2026<\/p>\n<p>Henderson tiene que abandonar sus investigaciones puesto que le encargan un nuevo caso: entrar como topo en la c\u00e1rcel de Sing-Sing y hacerse amigo de un convicto. A F\u00e9lix Lambert s\u00f3lo le han ca\u00eddo cinco a\u00f1os, pues es la \u00faltima pieza de un oscuro asunto de trata de blancas. El plan es fugarse con Lambert y que \u00e9l le lleve hasta sus jefes. Todo, sin embargo, vuelve a salir mal. Henderson se deprime y abandona la agencia Kempton (\u201cEstoy decidido a tomarme un largo reposo, para recuperar facultades. Me ir\u00e9 a la monta\u00f1a a reponerme f\u00edsica y moralmente. Son dos fracasos seguidos\u201d). Lo que hace Henderson, sin embargo, es buscar a los supervivientes del accidente de avi\u00f3n: el reverendo Winchester, los Quimby (t\u00edo y sobrino), Juana Maldonado, Marta Karel y Dinah Arding. Pronto descubre que hay alguien interesado en suprimir a dos de ellos, sin duda porque alg\u00fan d\u00eda pueden irse de la lengua\u2026 Tambi\u00e9n descubre que Lambert hab\u00eda proporcionado trabajo a Marta y a Dinah, contrat\u00e1ndolas al doble de precio del acostumbrado. Los dos casos parecen relacionados y, por supuesto, Henderson oli\u00f3 sangre (\u201csus ojos le daban aspecto de un t\u00e1rtaro afilando el sable del tormento\u201d), no tardando en descubrir la relaci\u00f3n que un\u00eda a los Quimby con Lambert y que les hab\u00eda hecho ingeniar cinco asesinatos para fingir un accidente.<\/p>\n<p>Nueva maravilla de Debrigode y nuevo juego al canto. \u201cRumbo a Sing-Sing\u201d es el n\u00famero 31 de la colecci\u00f3n Detective (editorial Bruguera). Novela publicada en junio de 1953 bajo el nombre de Vic Peterson (t\u00edtulo original \u201cI go to Sing-Sing\u201d y traducci\u00f3n de F.J.Robles). Lo dicho, un nuevo juego del gran Debrigode, que es el que est\u00e1 detr\u00e1s de todo este maravilloso trampantojo. Todo en \u00e9l sigue teniendo el aroma de los grandes maestros. Por cierto, uno se sigue sorprendiendo que una prosa tan cuidada, tan barroca, tan complicada a veces, pudiera tener cabida en este tipo de novelas de quiosco. Para que todav\u00eda haya alguien que se atreva a decir que los autores de bolsilibros dejaban mucho que desear en su estilo literario. Esa gente todav\u00eda no ha le\u00eddo a Debrigode. Ellos se lo pierden.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u201cEl firmamento hasta entonces muy azul, se iba plateando. Plata sucia, truncada por ramalazos de brocha gorda empapada en carmes\u00ed\u201d. Craig Henderson hubiera podido pasar por sudamericano. 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