{"id":4075,"date":"2025-05-10T13:31:48","date_gmt":"2025-05-10T12:31:48","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/vicentealvarez\/?p=4075"},"modified":"2025-05-10T13:31:48","modified_gmt":"2025-05-10T12:31:48","slug":"el-ballet-del-apocalipsis","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/vicentealvarez\/2025\/05\/10\/el-ballet-del-apocalipsis\/","title":{"rendered":"EL BALLET DEL APOCALIPSIS"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2025\/05\/BeFunky-collage-scaled.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-medium wp-image-4076\" src=\"https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2025\/05\/BeFunky-collage-300x300.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2025\/05\/BeFunky-collage-300x300.jpg 300w, https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2025\/05\/BeFunky-collage-1024x1024.jpg 1024w, https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2025\/05\/BeFunky-collage-150x150.jpg 150w, https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2025\/05\/BeFunky-collage-768x768.jpg 768w, https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2025\/05\/BeFunky-collage-1536x1536.jpg 1536w, https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2025\/05\/BeFunky-collage-2048x2048.jpg 2048w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a>Publicado en El Norte de Castilla el 10 de mayo de 2025<\/p>\n<p><span style=\"color: #800080;\">La \u00faltima vez que pudimos ver en Espa\u00f1a \u201cLa Asunci\u00f3n\u201d fue en 1902. Ciento veintitr\u00e9s a\u00f1os han pasado. Hasta el 15 de junio, sin embargo, hay tiempo para reencontrarse con ella en El Prado y, de paso, ver el resto de las pinturas que el Greco pint\u00f3 para la iglesia del Monasterio de Santo Domingo el Antiguo de Toledo y, por supuesto, para contemplar todas las obras que El Prado alberga del mayor genio que la pintura ha dado. \u201cLa Asunci\u00f3n\u201d fue la primera tela que el Greco pint\u00f3 para el conjunto mon\u00e1stico, la primera que pint\u00f3 nada m\u00e1s aterrizar en 1577 en Espa\u00f1a y el \u00fanico de sus cuadros fechado. Dom\u00e9nikos Theotok\u00f3poulos lleg\u00f3 a Espa\u00f1a procedente de Venecia (all\u00ed sin duda conocer\u00eda a Tiziano y Tintoretto) y, tras intentar trabajar para la corte madrile\u00f1a, acab\u00f3 encontrando su lugar en Toledo, donde comenzaron a lloverle encargos y donde acabar\u00eda construyendo una de las obras pict\u00f3ricas m\u00e1s fastuosas de toda la historia. El reconocimiento le tard\u00f3 en llegar. Durante a\u00f1os se le tach\u00f3 de visionario y loco. Su estilo era demasiado peculiar y extravagante. Le interesaba mucho m\u00e1s el color y la expresividad que la precisi\u00f3n anat\u00f3mica. Pasaba de colores estridentes a una gama monocroma de grises y cada vez distorsionaba y deformaba m\u00e1s las figuras. En el siglo XVIII era considerado la quintaesencia del mal gusto. A finales del XIX, Madrazo, director del Museo del Prado, se lamentaba de no poder erradicar del museo aquellas \u201ccaricaturas absurdas\u201d. Para entonces los rom\u00e1nticos ya se hab\u00edan enamorado de las figuras tortuosas del Greco con su aire espiritual y sus largas pinceladas. M\u00e1s tarde la grecoman\u00eda se dej\u00f3 sentir en todas las vanguardias del siglo XX y los poetas acabaron rendidos. Fueron muchos, de Alberti a Manuel Machado, de Jorge Guill\u00e9n a Rilke los que cantaron a las espadas flam\u00edgeras del Greco, a los p\u00e1jaros del alma en forma de \u00e1ngeles, al purgatorio del color, al desbocado castigo de la l\u00ednea, al descoyuntado laberinto, al fluir de la tierra al cielo (y viceversa), a los espejos de llamas rojas y amarillas, los epil\u00e9pticos santos, las luces de Pentecost\u00e9s, los confesores revestidos de l\u00edvidas estolas, los rostros convulsos, las raras aureolas que irradian arbitrarios resplandores, las altaneras figuras espa\u00f1olas saturadas de m\u00edsticos fervores. Todos ellos rendidos a los colores del Greco, el amarillo son\u00e1mbulo, espectral y pantanoso, el verde ag\u00f3nico helado, el verde musgo legamoso, el verde vidrio, el verde roto, el azul azufre alcohol f\u00f3sforo, el azul ponzo\u00f1oso cardenillo, el negro de sombras y el blanco gorguera llama blanca Greco. Entrar en el universo del Greco es entrar en un sue\u00f1o y pocos lo han hecho tan bien como Ram\u00f3n G\u00f3mez de la Serna, quien le dedic\u00f3 un libro muy po\u00e9tico y loco. El Greco tante\u00f3 en las tinieblas, encendi\u00f3 luces en escaleras, estrangul\u00f3 con las golas a caballeros que despu\u00e9s la muerte remat\u00f3, mir\u00f3 hacia cielos de moribundos, reconoci\u00f3 v\u00edrgenes t\u00edsicas y de ojos enormes. El Greco como doctor de agon\u00eda viendo luces de infierno por entre las hendiduras de la vida y mezclando, como un prestidigitador de calaveras, pesadillas y hombres con pincel de surrealista. Enfri\u00f3 con azules y grises su paleta de calientes tonos venecianos y en sus cuadros nos dej\u00f3 una lecci\u00f3n suprema de apariciones y de rel\u00e1mpagos, una pintura que nac\u00eda de la uni\u00f3n del cielo con el infierno, nos regal\u00f3 fiebre, exaltaci\u00f3n y delirio. Invent\u00f3 el ballet de los cielos, el ballet de la rogativa, el ballet del Apocalipsis. Pint\u00f3 v\u00edrgenes con miedo de ser v\u00edrgenes, nubes como lienzos rotos del cielo, barbudos con perilla de fuego y a todos los ej\u00e9rcitos de diablos y de \u00e1ngeles que cercaban Toledo. El Greco, que naci\u00f3 en Creta, entonces perteneciente a la Rep\u00fablica de Venecia, y que vivi\u00f3 y muri\u00f3 en Toledo, acabar\u00eda firmando Domenico Theotocopuli, italianizando y espa\u00f1olizando su nombre. Ni griego, ni cretense, ni veneciano, ni espa\u00f1ol, simplemente genio. Tal vez el mayor de la historia de la pintura.<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Publicado en El Norte de Castilla el 10 de mayo de 2025 La \u00faltima vez que pudimos ver en Espa\u00f1a \u201cLa Asunci\u00f3n\u201d fue en 1902. Ciento veintitr\u00e9s a\u00f1os han pasado. 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