{"id":4109,"date":"2025-07-02T11:55:39","date_gmt":"2025-07-02T10:55:39","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/vicentealvarez\/?p=4109"},"modified":"2025-07-03T16:33:28","modified_gmt":"2025-07-03T15:33:28","slug":"las-hetairas-sabias","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/vicentealvarez\/2025\/07\/02\/las-hetairas-sabias\/","title":{"rendered":"LAS HETAIRAS SABIAS"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2025\/07\/las-hetairas-sabias.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft wp-image-4110\" src=\"https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2025\/07\/las-hetairas-sabias-184x300.jpg\" alt=\"\" width=\"237\" height=\"386\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2025\/07\/las-hetairas-sabias-184x300.jpg 184w, https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2025\/07\/las-hetairas-sabias-940x1536.jpg 940w, https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2025\/07\/las-hetairas-sabias-1253x2048.jpg 1253w, https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2025\/07\/las-hetairas-sabias.jpg 1309w\" sizes=\"(max-width: 237px) 100vw, 237px\" \/><\/a>Antonio de Hoyos es una debilidad. Desde hace tiempo. Un autor a rescatar.<br \/>\nUn esteta refinado, exquisito, deslumbrante, decadente y morboso.<br \/>\nUn novelista con gran \u00e9xito en su momento (primeras d\u00e9cadas del siglo XX) que fue arrinconado\/despreciado tras la Guerra Civil.<br \/>\n\u201cLas hetairas sabias\u201d es una de las muchas novelas cortas que escribi\u00f3.<br \/>\nEn ella, como en algunas otras de sus obras, Hoyos escribe sobre una de sus obsesiones m\u00e1s recurrentes: el paso del tiempo y las bellezas crepusculares.<br \/>\nUna de esas bellezas crepusculares es Clara Navacerrada, el oro p\u00e1lido que se volvi\u00f3 cera amarilla.<br \/>\nUna mujer de mundo, una persona bien que, en su d\u00eda, hizo muchas locuras.<br \/>\nProtagoniz\u00f3, por ejemplo, una historia turbulenta y arbitraria que llen\u00f3 de esc\u00e1ndalo a sus gentes veinte a\u00f1os antes.<br \/>\nUn divorcio sonado y un idilio paseado por los lagos de Escocia y los canales de Venecia.<br \/>\nAhora, en el ocaso de su belleza, de su fortuna y de su prestigio social, se ha enamorado de un desvergonzado muchachito, Fausto Schneider, al que apodan Kind, el bambino alem\u00e1n.<br \/>\n\u201cEra el despertar del chiquillo uno de esos b\u00e1rbaros despertar de la gente muy joven o muy primitiva que viven vida infinitamente cercana de la Naturaleza, que no tienen que pensar, ni en la bella postura, ni en el bello gesto, ni que preocuparse de maquillajes sabios, ni de efectos de luz, que gustan inconscientemente porque la Naturaleza lo quiere as\u00ed; amaneceres separados por el mayor abismo que existe, el abismo de los a\u00f1os, de las ma\u00f1anas de los viejos tenorios y de las hetairas provectas. Era un despertar grosero y lleno, sin embargo, de un encanto bruto, el despertar de una bestezuela perezosa que se durmi\u00f3 ah\u00edta de carne y de placer, un despertar de bostezos interminables, de desperezos voluptuosos, de gestos quebrados que conservaban, pese a su brusquedad incoherente, la euritmia de las cosas primitivas\u201d.<br \/>\nA trav\u00e9s de cuatro peque\u00f1os cap\u00edtulos con t\u00edtulos que remiten a la mitolog\u00eda, Hoyos nos regala una novela ambigua, fr\u00edvola y cruel llena de fiestas, artes exc\u00e9ntricas y cotilleo galante.<br \/>\nLo hace con un estilo refinado y esteticista mezclado con momentos de dicci\u00f3n coloquial y popular.<br \/>\nA destacar la presencia del alter ego de Hoyos, Julito Calabr\u00e9s, tan presente en muchas de sus novelas.<br \/>\nEstamos en el Madrid fr\u00edvolo y ex\u00f3tico de 1916.<br \/>\nKind, el jovenc\u00edsimo exiliado alem\u00e1n de gran belleza, pronto se da cuenta de la situaci\u00f3n de Clara y la va a utilizar en provecho propio.<br \/>\nEl adolescente gigol\u00f3 y la dama crepuscular comenzar\u00e1n un t\u00f3rrido idilio hasta que Kind se cansa de ella y se busca otra amante (una amiga de Clara, Lola Churruca).<br \/>\nClara, a la desesperada, intenta retenerle por todos los medios y se acerca a la cutre pensi\u00f3n donde Kind vive.<br \/>\nAll\u00ed se humillar\u00e1 ante \u00e9l, pero solo encontrar\u00e1 vac\u00edo, soledad y llanto amargo.<br \/>\n\u201cLlor\u00f3, llor\u00f3 sin medida ni consuelo, llor\u00f3 sobre las ruinas de aquel amor que eran, a la vez, las ruinas de su juventud\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Antonio de Hoyos es una debilidad. 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