{"id":4174,"date":"2025-10-11T23:42:40","date_gmt":"2025-10-11T22:42:40","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/vicentealvarez\/?p=4174"},"modified":"2025-10-14T09:19:17","modified_gmt":"2025-10-14T08:19:17","slug":"el-poker-jardiel","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/vicentealvarez\/2025\/10\/11\/el-poker-jardiel\/","title":{"rendered":"EL P\u00d3KER JARDIEL"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2025\/10\/elpokerjardiel.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-medium wp-image-4175\" src=\"https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2025\/10\/elpokerjardiel-174x300.jpg\" alt=\"\" width=\"174\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2025\/10\/elpokerjardiel-174x300.jpg 174w, https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2025\/10\/elpokerjardiel.jpg 566w\" sizes=\"(max-width: 174px) 100vw, 174px\" \/><\/a>Publicado en El Norte de Castilla el 11 de octubre de 2025<\/p>\n<p><span style=\"color: #993366;\">Ahora que caminamos, astrol\u00f3gicamente hablando, por Libra, uno recuerda lo que escribi\u00f3 Enrique Jardiel Poncela al respecto de otros personajes nacidos, al igual que \u00e9l, bajo ese signo, y c\u00f3mo le horrorizaba acabar siendo carne de manicomio como Nietzsche, o morir solo, con reuma y gota, como Quevedo o, en fin, haci\u00e9ndose monja como Santa Teresa. \u201cLo vulgar es el ronquido. La humanidad ronca, pero el artista est\u00e1 en la obligaci\u00f3n de hacerla so\u00f1ar o no es artista\u201d, escribi\u00f3 Jardiel, y muy pocos como \u00e9l nos han hecho so\u00f1ar de una forma tan gozosa. Hablamos de uno de los m\u00e1s grandes iconos de la literatura espa\u00f1ola del XX, un escritor ingenios\u00edsimo, adelantado a su \u00e9poca, absurdo, surrealista, \u00fanico, transgresor, revolucionario e incre\u00edblemente divertido. Un peque\u00f1o gran hombre (160 cm. de genialidad) que, impulsado por la Cafiaspirina, su musa blanca, menudita y redonda, fue capaz de escribir en sus cincuenta a\u00f1os de vida m\u00e1s de ochenta obras de teatro, cientos de cuentos, art\u00edculos, guiones cinematogr\u00e1ficos, ensayos y, a mayores, cuatro novelas memorables: \u201cAmor se escribe sin hache\u201d, \u201cEsp\u00e9rame en Siberia, vida m\u00eda\u201d, \u201cPero\u2026 \u00bfhubo alguna vez once mil v\u00edrgenes?\u201d y \u201cLa tourn\u00e9e de Dios\u201d. Las tres primeras conforman su trilog\u00eda sobre el donjuanismo (al igual que hizo Cervantes con las novelas de caballer\u00eda, \u00e9l quiso ridiculizar las novelas sentimentales y er\u00f3ticas tan en boga en su tiempo). En la cuarta, una obra maestra absoluta, nos regala unas magistrales reflexiones filos\u00f3fico\/teol\u00f3gicas que esconden un oscuro y pesimista mensaje de amargura y desesperanza. Y es que s\u00f3lo Jardiel pod\u00eda escribir una novela en la que Dios viniese a la tierra (eligiendo como lugar de aterrizaje el cerro de los \u00c1ngeles, en Getafe) y, tras una corta estancia y cabrear a todo el mundo, marcharse solo. Cuatro novelas disparatadas, brillantes, divertidas, vanguardistas, heterodoxas y atravesadas por un ingenio descomunal, presentadas todas ellas con juegos tipogr\u00e1ficos, cambios de tipos y tama\u00f1os de letra, presencia de dibujos, carteles, saltos argumentales, notas al pie, juegos metaliterarios y todo tipo de experimentalismos novelescos. A algunos no nos parece exagerado decir que este p\u00f3ker de novelas es uno de los grandes monumentos de toda la historia de la literatura. A pesar de haberle relegado a la categor\u00eda de literatura humor\u00edstica, en su obra subyace siempre un trasfondo filos\u00f3fico y una visi\u00f3n pesimista del mundo. Le ha perseguido siempre su presunta misoginia (\u201cya no existen virtuosas ni entre las violinistas\u201d), aunque \u00e9l proclamaba que las mujeres eran insustituibles. Y lo justificaba a su manera: a un hombre se le puede cambiar por un orangut\u00e1n amaestrado mientras que a las mujeres no, pues un orangut\u00e1n con medias de seda no merecer\u00eda otra cosa que el fusilamiento. Sus obras rezuman una curiosa mezcla de misoginia y devoci\u00f3n por el g\u00e9nero femenino. De hecho, est\u00e1n protagonizadas por mujeres libres, independientes, apasionadas, sexualmente activas. En el fondo, el desprecio de Jardiel va dirigido m\u00e1s hacia la humanidad que tanto le decepcionaba. No as\u00ed Bobby, un perro callejero que iba con \u00e9l a todos los lados y que, cuando muri\u00f3 el autor, no se separ\u00f3 del f\u00e9retro, para morir quince d\u00edas despu\u00e9s de pena. \u201cPara encontrar gusto a la vida, no hay nada como morirse\u201d: algunos dicen que Jardiel se dej\u00f3 morir porque se negaba a ponerse penicilina ya que odiaba a los ingleses y la penicilina la hab\u00eda inventado un ingl\u00e9s. En realidad, muri\u00f3 de pena y de rabia por la incomprensi\u00f3n, la envidia y el ostracismo al que le sometieron. Nadie entendi\u00f3 su desesperanzada visi\u00f3n del mundo, no lejana de la est\u00e9tica del absurdo, ni sus innovaciones, ni su esp\u00edritu rompedor y cr\u00edtico. Sufri\u00f3 censura y acoso. Para los republicanos era un fascista, para el bando nacional un rojo. Felizmente, casi 75 a\u00f1os despu\u00e9s de su muerte, sus comedias se siguen representando y sus cuatro novelas no dejan de reeditarse. \u201cHay dos maneras de conseguir la felicidad, una hacerse el idiota; otra serlo\u201d, dijo en cierta ocasi\u00f3n. Hay, sin embargo, una tercera mucho m\u00e1s estimulante, y es leer el p\u00f3ker Jardiel.<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Publicado en El Norte de Castilla el 11 de octubre de 2025 Ahora que caminamos, astrol\u00f3gicamente hablando, por Libra, uno recuerda lo que escribi\u00f3 Enrique Jardiel Poncela al respecto de otros personajes nacidos, al igual que \u00e9l, bajo ese signo, y c\u00f3mo le horrorizaba acabar siendo carne de manicomio como Nietzsche, o morir solo, con [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[7],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/vicentealvarez\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4174"}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/vicentealvarez\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/vicentealvarez\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/vicentealvarez\/wp-json\/wp\/v2\/users\/4"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/vicentealvarez\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=4174"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/vicentealvarez\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4174\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":4180,"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/vicentealvarez\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4174\/revisions\/4180"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/vicentealvarez\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=4174"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/vicentealvarez\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=4174"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/vicentealvarez\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=4174"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}