{"id":4292,"date":"2026-06-30T12:41:55","date_gmt":"2026-06-30T11:41:55","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/vicentealvarez\/?p=4292"},"modified":"2026-06-30T12:41:55","modified_gmt":"2026-06-30T11:41:55","slug":"las-giganteas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/vicentealvarez\/2026\/06\/30\/las-giganteas\/","title":{"rendered":"LAS GIGANTEAS"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2026\/06\/las-giganteas.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-medium wp-image-4293\" src=\"https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2026\/06\/las-giganteas-203x300.jpg\" alt=\"\" width=\"203\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2026\/06\/las-giganteas-203x300.jpg 203w, https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2026\/06\/las-giganteas.jpg 330w\" sizes=\"(max-width: 203px) 100vw, 203px\" \/><\/a>Continuamos con las novelas del ciclo de Valladolid firmadas por Francisco Umbral.<br \/>\n\u201cLas giganteas\u201d es, seguramente, una de las novelas m\u00e1s po\u00e9ticas y l\u00edricas de su autor.<br \/>\nLa trama gira en torno a Francesillo (el &#8220;alter ego&#8221; adolescente del autor) mientras realiza un viaje en barca por el r\u00edo que atraviesa la ciudad, sirviendo como una clara met\u00e1fora del paso de la infancia a la adolescencia.<br \/>\n\u201cEl r\u00edo era grande, pardo, ancho, de un oro sucio, de un verde duro, de un negro rojo, el r\u00edo era lento, raudo, solemne, salvaje, lleno de tribus y palacios, lleno de dioses y pira\u00f1as, lleno de muertos y de buques, el r\u00edo ven\u00eda nunca supe de d\u00f3nde e iba hacia la muerte, la velocidad, la presa, el vac\u00edo, la nada, como el Finisterre de las cosas o el corte a pico de los mares, sonando a coro de \u00e1ngeles machos bajo los puentes, sonando a primavera menstrual, err\u00e1tica y desnuda, en primavera\u201d.<br \/>\nFrancesillo surca el r\u00edo con la intenci\u00f3n de llegar hasta un peque\u00f1o islote donde crece un campo de girasoles gigantes. La pen\u00ednsula de las giganteas ser\u00e1 el final del camino tras cruzar la pen\u00ednsula de las \u00e1guilas, la pen\u00ednsula de las Teresas, la pen\u00ednsula de Los Negrales, la pen\u00ednsula de los gitanos o la improbable pen\u00ednsula de las ni\u00f1as que se ba\u00f1an en combinaci\u00f3n. Le acompa\u00f1ar\u00e1 en este viaje l\u00edrico y aleg\u00f3rico un ni\u00f1o que a\u00f1os atr\u00e1s se ahog\u00f3 en el r\u00edo, un ni\u00f1o m\u00e1gico, legendario, narrativo, sabio, que asciende de lo m\u00e1s profundo de las aguas a lo m\u00e1s alto del cielo, llevado por las \u00e1guilas luciferes y amigas: el Olvidito. En su viaje Francesillo se encontrar\u00e1 con multitud de personajes que desarrollan su vida en los m\u00e1rgenes del r\u00edo: Olivia, la due\u00f1a del embarcadero, que alquila barcas a peseta, los gitanos, cuyos ritos y conductas, intrigan tanto a Francesillo, las monjitas cuidando con esmero su huerto, las ba\u00f1istas, alegres y desinhibidas, el cabo Bonaparte y sus hombres, el Catarro, hombre m\u00edtico del r\u00edo, una especie de Neptuno en camiseta, escritores locales, bellas solteronas en t\u00e1ndem, todo ello adornado con im\u00e1genes fascinantes, como como Col\u00f3n paseando, ya viejo, a las afueras o Ana de Austria bes\u00e1ndose con Fabio Nelli (eso s\u00ed, todo verde, fluyente y elegante).<br \/>\nEl r\u00edo (con sus desbordamientos y sus heladas, con sus muertos y sus cangrejos, con el m\u00edtico Catarro) funciona como una gran alegor\u00eda acu\u00e1tica y sirve para contarnos la cr\u00f3nica l\u00edrica de la vieja ciudad tolteca (Valladolid), la ciudad es el r\u00edo que va a dar en el r\u00edo, que es su morir, mientras asistimos a la eterna guerra latente entre gitanos y payos y a la guerra simb\u00f3lica entre \u00e1guilas y padres Pietistas (\u00e1ngeles y demonios en un retablo vivo).<br \/>\n\u201cMiraba las giganteas, a m\u00ed ya no me gustaban, las semillas, las pipas, su sabor, ni tiernas ni secas, ni tostadas ni crudas, ni saladas ni sosas. Era un sabor de infancia, el sabor de la infancia, y comprend\u00ed de pronto que yo hab\u00eda dejado de ser ni\u00f1o. Mi infancia mor\u00eda all\u00ed, al borde dorado y umbr\u00edo de las giganteas. \u00bfHab\u00eda existido el Olvidito? El ni\u00f1o m\u00e1gico que surgi\u00f3 de lo profundo del r\u00edo y se perdi\u00f3 en lo profundo del cielo. El ni\u00f1o a flote, el ni\u00f1o aparecido, el ni\u00f1o sabio, el ni\u00f1o eterno, el ni\u00f1o volador, el amigo de las \u00e1guilas, el puro ni\u00f1o puro, \u00bfno era yo mismo, quiz\u00e1, mi eterno ni\u00f1o interior, una invenci\u00f3n m\u00eda?\u201d.<br \/>\nEn fin, una maravilla, otra m\u00e1s, de Francisco Umbral en este su m\u00edtico e imprescindible ciclo de las novelas de Valladolid, narrativa exquisita y envolvente, cr\u00f3nica l\u00edrica de su juventud, po\u00e9tica y evocadora, de ritmo fluido y casi musical, realismo m\u00e1gico a la orilla del Pisuerga. Y al final, tras el largo viaje, Francesillo, que es como Ulises, acabar\u00e1 volviendo a casa\u2026<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Continuamos con las novelas del ciclo de Valladolid firmadas por Francisco Umbral. \u201cLas giganteas\u201d es, seguramente, una de las novelas m\u00e1s po\u00e9ticas y l\u00edricas de su autor. 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