{"id":443,"date":"2008-10-21T13:19:22","date_gmt":"2008-10-21T13:19:22","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/vicentealvarez\/?p=443"},"modified":"2008-10-21T13:19:22","modified_gmt":"2008-10-21T13:19:22","slug":"el-otono-del-viejo-lobo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/vicentealvarez\/2008\/10\/21\/el-otono-del-viejo-lobo\/","title":{"rendered":"EL OTO\u00d1O DEL VIEJO LOBO"},"content":{"rendered":"<p><IMG class=imgdcha id=img_0 src=\"\/vicentealvarez\/wp-content\/uploads\/sites\/3\"> El profeta de la desesperaci\u00f3n, el canadiense errante, el comandante de campo Cohen acaba de cumplir setenta a\u00f1os y nos ha regalado un nuevo disco. Una vuelta de tuerca m\u00e1s a un mundo poblado por versos crueles y contundentes, textos apocal\u00edpticos, canciones amargas, tristes y solitarias apoyadas en los temas de siempre, en el amor, en la soledad, en el odio, en el paso del tiempo. Un mundo, el de Leonard Cohen, que se mueve en el extra\u00f1o espacio que hay entre la lujuria y la tristeza, un mundo de crucifijos descruzados, de mosquitos que descubren un cuerpo desocupado, de p\u00e1jaros en el alambre, de borrachos en coros de medianoche, un mundo perdido en las pasiones de la fragancia, en los harapos del remordimiento. Ahora, viejo y cansado, el canadiense de sangre jud\u00eda y alma mediterr\u00e1nea, el hippie existencialista, el mujeriego irredimible, el poeta, m\u00fasico y monje zen hace un repaso de sus soledades y misterios. C\u00ednico en su herida y taimado en su desesperaci\u00f3n existencial nos entrega un disco meditabundo repleto de bellas y elegantes canciones que lucen una digna resignaci\u00f3n: \u201cEllas se desnudan, cada una a su manera, y dicen, m\u00edrame, Leonard, m\u00edrame por \u00faltima vez; luego se inclinan sobre la cama y me cubren como a un beb\u00e9 que est\u00e1 temblando\u201d. Nos obsequia un intenso y particular homenaje de dos minutos al 11-S (\u201c\u00bfenloqueciste o te hiciste presente el d\u00eda en que hirieron a Nueva York\u201d) y reclama para todos el territorio torpedeado de la paz (\u201cuna cruz en cada colina, una estrella, un minarete, tantas tumbas que llenar; amor, \u00bfno est\u00e1s a\u00fan cansado?). Desde hace muchos a\u00f1os, su voz ronca, \u00e1spera, profunda y oscura, respaldada por preciosas y cristalinas voces femeninas, sigue escupiendo el desamor (\u201cestoy en ruinas detr\u00e1s de ti\u201d), la angustia de la derrota (\u201cluch\u00e9 contra la botella pero deb\u00ed hacerlo borracho\u201d), la desesperanza (\u201chay una guerra entre el rico y el pobre, entre el hombre y la mujer, entre el de izquierdas y el de derechas, entre el blanco y el negro, hay una guerra entre los que dicen que hay una guerra y los que dicen que no la hay\u201d) y la certidumbre de su fracaso (\u201cel juez no tiene otra salida: el cantante debe morir por tener la mentira en su voz\u201d). Al fin y al cabo, la defensa de Leonard Cohen siempre estuvo oculta en el vestido de una mujer que quisiera perdonar, en el gozne de sus muslos donde tanto tiempo mendig\u00f3 el disfraz de la belleza. Por eso se ha pasado toda la vida saludando desde la otra orilla del dolor y la desesperaci\u00f3n, viviendo a un millar de besos de profundidad, vagando por la oscuridad de los r\u00edos, brindando por el coraz\u00f3n sin amante, por el alma sin rey, por la primera bailarina incapaz de bailar nada, anhelando nadar en el mar y que su coraz\u00f3n pueda descansar de tanto desgarro, esperando que llegara el milagro, mir\u00e1ndose en los espejos de innumerables lugares, asumiendo la generosidad y la sabidur\u00eda de Johnny Walker, intentando olvidar lo inolvidable (\u201chace tiempo encontr\u00e9 a una mujer de pelo tan negro como el negro pueda ser, era una profesora del coraz\u00f3n, dulcemente respondi\u00f3 no\u201d). Y, por supuesto, conquistando Manhattan primero, conquistando Berl\u00edn despu\u00e9s.<br \/>\nLeonard Cohen es un soldado de la vida, un borracho de elegante luto, un rom\u00e1ntico enamorado de perdedores, prostitutas y proscritos. Leonard Cohen es mitad lobo-mitad \u00e1ngel, es el amante que Lorca nunca tuvo, es la espina de la noche en nuestro pelo, es la lanza del tiempo en nuestro costado. Adem\u00e1s, Leonard Cohen sigue siendo el hombre blanco que no deja de bailar sobre las cenizas de nuestra civilizaci\u00f3n. Naci\u00f3 unos meses antes que Elvis Presley y se enamor\u00f3 en el Hotel Chelsea, el mismo hotel por donde vagabundeaban Joan Baez, Bob Dylan, Jimmy Hendrix o Janis Joplin, el mismo hotel en el que Dylan Thomas se bebi\u00f3 sus \u00faltimos dieciocho tragos. Ha vendido m\u00e1s de quince millones de discos, ha publicado once libros de poes\u00eda y dos novelas. Ha seguido la senda de Dylan, Brel y Van Morrison, de Lord Byron y de Lorca. No resulta desde\u00f1able pensar que el Nobel de Literatura lleva esculpido su rostro de monje budista y poeta iluminado.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El profeta de la desesperaci\u00f3n, el canadiense errante, el comandante de campo Cohen acaba de cumplir setenta a\u00f1os y nos ha regalado un nuevo disco. 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