{"id":456,"date":"2008-11-01T09:18:20","date_gmt":"2008-11-01T09:18:20","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/vicentealvarez\/?p=456"},"modified":"2008-11-01T09:18:20","modified_gmt":"2008-11-01T09:18:20","slug":"el-rey-del-slide","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/vicentealvarez\/2008\/11\/01\/el-rey-del-slide\/","title":{"rendered":"EL REY DEL SLIDE"},"content":{"rendered":"<p><IMG class=imgizqda id=img_0 src=\"\/vicentealvarez\/wp-content\/uploads\/sites\/3\"><\/p>\n<p><SPAN style=\"FONT-SIZE: 10pt; FONT-FAMILY: Arial; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES; mso-bidi-language: AR-SA; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'\">Tiene 55 a\u00f1os y el c\u00e1ncer ha dejado evidentes huellas en su cuerpo. Ahora gasta mirada triste y una extrema delgadez. Lejos queda el Chris Rea que unos avispados productores intentaron convertir en un cantante pop de canciones ligeras, v\u00eddeos horteras y cabello te\u00f1ido. Sus primeros discos, a pesar del t\u00edpico mangoneo de la casa discogr\u00e1fica, acogen unas cuantas pepitas de oro, pero fue tras el \u00e9xito de \u201cOn the beach\u201d cuando Chris Rea tom\u00f3 los mandos de su carrera. Grandes discogr\u00e1ficas le pusieron Eldorado a la puerta de su casa, pero \u00e9l prefiri\u00f3 encerrarse en una peque\u00f1a compa\u00f1\u00eda que le ofreci\u00f3 libertad absoluta para hacer lo que le viniera en gana. Sacrific\u00f3 dinero por libertad y el resultado fue la publicaci\u00f3n de una decena de discos grandiosos que pasaron casi desapercibidos. Discos atravesados por una m\u00fasica triste, melanc\u00f3lica, \u00edntima, tierna y agridulce, sazonados con la extra\u00f1a y genial forma de tocar la guitarra de Chris Rea y agujereados por su voz met\u00e1lica, arenosa y c\u00e1lida a la vez. En todos ellos encontramos ecos de Springsteen, de Cohen, de Clapton, de Waits, de Van Morrison, aunque Chris Rea va mucho m\u00e1s lejos. En sus canciones las guitarras se rebelan como winchesters de seis cuerdas y se transforman en noches solitarias mojadas en alcohol. En todas ellas se mezclan rostros golpeados por el ne\u00f3n que hacen el amor con Carole King, hoteles de carretera, medianoches azules, calles vac\u00edas en ciudades vac\u00edas, r\u00edos de acero, l\u00e1grimas en la almohada, \u00e1ngeles besando a la luna, jinetes solitarios, ma\u00f1anas tristes bajo la lluvia y palacios llenos de guitarras. Hizo c\u00e9lebres a sus hijas dedic\u00e1ndoles dos de sus canciones m\u00e1s hermosas (\u201cJosephine\u201d y \u201cJulia\u201d), comenz\u00f3 a coleccionar ferraris y guitarras Fender, abri\u00f3 un restaurante para dar salida a otra de sus grandes pasiones y particip\u00f3 en varios proyectos cinematogr\u00e1ficos. Sin embargo, su gran Armageddon personal estaba a punto de llegar. En el 2002 le detectan un grav\u00edsimo c\u00e1ncer y, tras una operaci\u00f3n de 16 horas, le extirpan el p\u00e1ncreas y el duodeno, un tercio del est\u00f3mago y algunos conductos con el h\u00edgado (s\u00f3lo 27 personas en el mundo han sobrevivido a una operaci\u00f3n como \u00e9sa). Antes de entrar en el quir\u00f3fano escucha a una enfermera hablar de \u00e9l como \u201cel autor de la famosa On the beach\u201d. Chris Rea se duerme pensando que ese no es el recuerdo que quiere dejar, que esa enfermera no conoce su amor profundo por el blues. En la posterior convalecencia comienza a pintar como un desesperado y a componer canciones con su eterna slide. El Mississippi que siempre corri\u00f3 por sus venas acaba triunfando aunque las carro\u00f1eras discogr\u00e1ficas, oliendo su muerte y el negocio que se esconde tras ella, le ofrecen el oro y el moro por hacer un disco de duetos con m\u00fasicos famosos. Chris Rea prefiere fundar una compa\u00f1\u00eda propia y publica, en tres a\u00f1os, dos discos instrumentales maravillosos, un disco doble (\u201cStony Road\u201d) y \u201cThe blue jukebox\u201d, un \u00edntimo ejercicio de blues tintado de jazz y swing nocturno, heredero directo del m\u00edtico Kind of blue de Miles Davis (el Times hizo una cr\u00edtica muy elogiosa que comenzaba: \u201cel guitarrista y cantante de blues Chris Rea&#8230;.\u201d; recort\u00f3 la rese\u00f1a, se la mostr\u00f3 a su mujer y le dijo: \u201cEsto es por lo que llevo peleando casi treinta a\u00f1os\u201d). Sin embargo, lo mejor estaba por llegar. Como despedida de la m\u00fasica, Chris Rea ha sacado fuerzas de flaqueza y ha editado una monumental obra formada por un dvd y 11 ced\u00e9s con 137 nuevas canciones y m\u00e1s de 50 cuadros pintados por \u00e9l mismo. Chris Rea lo llama \u201cear book\u201d, un libro para los o\u00eddos y explica, con la sabidur\u00eda de un hombre que ha bailado con la muerte, que fue muy simple: \u201cEntre el tercer caf\u00e9 y la ducha siempre hay una canci\u00f3n, cada ma\u00f1ana\u201d. Sin duda, Chris Rea nos ha regalado el mayor monumento de los \u00faltimos tiempos, la nueva Capilla Sixtina del jazz blues, un viaje musical inolvidable en el que todos los discos est\u00e1n atravesados por su particular poes\u00eda, por el magistral dominio de la slide, por su voz met\u00e1lica y por la nostalgia y elegancia t\u00edpicas de este Camar\u00f3n del Mississippi. Se trata, sin duda, del mejor regalo del mundo. Yo ya lo he regalado aunque, seguramente, jam\u00e1s llegue a su destino.<\/SPAN><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Tiene 55 a\u00f1os y el c\u00e1ncer ha dejado evidentes huellas en su cuerpo. Ahora gasta mirada triste y una extrema delgadez. Lejos queda el Chris Rea que unos avispados productores intentaron convertir en un cantante pop de canciones ligeras, v\u00eddeos horteras y cabello te\u00f1ido. Sus primeros discos, a pesar del t\u00edpico mangoneo de la casa [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[16],"tags":[48,102],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/vicentealvarez\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/456"}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/vicentealvarez\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/vicentealvarez\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/vicentealvarez\/wp-json\/wp\/v2\/users\/4"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/vicentealvarez\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=456"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/vicentealvarez\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/456\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/vicentealvarez\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=456"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/vicentealvarez\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=456"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/vicentealvarez\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=456"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}