{"id":480,"date":"2008-12-18T10:38:28","date_gmt":"2008-12-18T10:38:28","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/vicentealvarez\/?p=480"},"modified":"2008-12-18T10:38:28","modified_gmt":"2008-12-18T10:38:28","slug":"la-chica-la-bolsa-peces-colores","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/vicentealvarez\/2008\/12\/18\/la-chica-la-bolsa-peces-colores\/","title":{"rendered":"LA CHICA DE LA BOLSA DE PECES DE COLORES"},"content":{"rendered":"<p><IMG src='\/\/blogs.nortecastilla.es\/blogfiles\/vicentealvarez\/eduardofraile.jpg' id='img_0' class='imgizqda'\/>Publicado en El Norte de Castilla el 18 de diciembre de 2008<\/p>\n<p>Eduardo Fraile lo ha vuelto a hacer. Otra vez ha logrado que devore con frenes\u00ed un libro de poes\u00eda. Doce poemarios y 25 a\u00f1os de trabajo le contemplan. Ha volado desde el experimentalismo esteticista de sus primeros libros a una desnudez que fluye con la naturalidad de un cuento y que est\u00e1 vestida con las cicatrices de los recuerdos. Su \u00faltima joya se titula &#8216;La chica de la bolsa de peces de colores&#8217; y es la continuaci\u00f3n l\u00f3gica de &#8216;Qui\u00e9n mat\u00f3 a Kennedy y por qu\u00e9&#8217;: apuntes del natural en dos partes que acabar\u00e1n convirti\u00e9ndose en una muy particular &#8216;En busca del tiempo perdido&#8217; con sabor a casta\u00f1as asadas y chocolate milkibar (en su caso, chocolate familiar a la taza Filiberto Gonz\u00e1lez). Quedan lejos &#8216;Siete finales para Philip Marlowe&#8217; o &#8216;Cuando me saluda por la calle alguien que no caigo qui\u00e9n es y si adem\u00e1s es guapa&#8217; pero no la certeza de que el pu\u00f1etero &#8216;Fraileelpoeta&#8217; es un maestro a la hora de parir t\u00edtulos. Con este \u00faltimo libro ha quedado finalista del Premio Gil de Biedma y ha entrado en la m\u00edtica editorial Visor. Hace unos d\u00edas, acompa\u00f1ado de Javier Blasco, present\u00f3 este precioso poemario en el &#8216;Aula Triste&#8217; de la Universidad de Valladolid y all\u00ed comenzaron a escaparse chicas de cada uno de los poemas del libro. Todas iban vestidas con camisetas dise\u00f1adas por \u00c1frica Bay\u00f3n e inspiradas en algunos de los versos del libro. Por ejemplo, la chica de la bolsa de peces de colores, una femme fatale de cabello color viol\u00edn en llamas, con la que el poeta visit\u00f3 charcos de cielo, con la que hizo (el amor, el tiempo) con profusi\u00f3n y que un d\u00eda baj\u00f3 a por &#8216;croissants&#8217; y ya no volvi\u00f3. Desde entonces, el poeta cuida de sus peces y les lee a Proust. El altar del recuerdo vence por goleada en todos y cada uno de los poemas. La catedral evocadora y resucitadora de la memoria. El viaje infinito al planeta que llaman infancia, un planeta al que no volveremos jam\u00e1s pero que est\u00e1 a la vuelta de la esquina (cada ma\u00f1ana, nada m\u00e1s levantarnos, desayunando la luz de la infancia) y que nos obliga a hacernos las eternas preguntas: qu\u00e9 fue de m\u00ed, qu\u00e9 fue de nosotros, qu\u00e9 fue de aquel ni\u00f1o, d\u00f3nde estar\u00e1. Una infancia untada de mantequilla por la luz que tanto obsesiona a Eduardo Fraile (&#8216;Teor\u00eda de la luz&#8217; se titulaba uno de sus \u00faltimos libros). La luz como bloque puro de memoria, la luz con sabor a magdalena de Proust, la luz con el aroma de todo aquello que perdimos en nuestra infancia. Sus poemas se sienten, se huelen, se pueden tocar y nos hacen viajar a lugares comunes de nuestras infancias. El olor de los l\u00e1pices y de las gomas de borrar. El chicle &#8216;bubble gum&#8217;, el regaliz de Zara, las pipas Facundo. Las vespas, los gordini, los seat 600, los simca 1000. Un transistor donde suena una canci\u00f3n de moda, Eva Mar\u00eda se fue buscando el sol en la playa. Nuestros corazones rotos de enamorados parvulitos. Nuestros primeros libros, &#8216;El Camino&#8217;, &#8216;Las Ratas&#8217;, y aquellos amigos con los que jug\u00e1bamos al escondite: el Mochuelo y el Nini. No creo en las casualidades pero esos dos libros de Delibes fueron mis primeros libros. Su infancia sabe a chocolate y la m\u00eda huele a pan reci\u00e9n hecho. Por supuesto, sigo pidiendo a los Reyes Magos que alg\u00fan d\u00eda llegue a escribir como Eduardo Fraile. <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Publicado en El Norte de Castilla el 18 de diciembre de 2008 Eduardo Fraile lo ha vuelto a hacer. Otra vez ha logrado que devore con frenes\u00ed un libro de poes\u00eda. Doce poemarios y 25 a\u00f1os de trabajo le contemplan. 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