{"id":529,"date":"2009-03-17T18:35:15","date_gmt":"2009-03-17T18:35:15","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/vicentealvarez\/?p=529"},"modified":"2009-03-17T18:35:15","modified_gmt":"2009-03-17T18:35:15","slug":"los-heroes-del-gavia-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/vicentealvarez\/2009\/03\/17\/los-heroes-del-gavia-2\/","title":{"rendered":"LOS H\u00c9ROES DEL GAVIA (2)"},"content":{"rendered":"<p><IMG class=imgcen id=img_0 src=\"\/vicentealvarez\/wp-content\/uploads\/sites\/3\">  <P class=MsoNormal style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><SPAN style=\"FONT-SIZE: 10pt; FONT-FAMILY: Arial\">El americano Andy Hampsten gan\u00f3 aquel Giro de Italia, el Giro en el que los cuatro jinetes del Apocalipsis cabalgaron por el Gavia. Andy Hampsten era un corredor elegante, un escalador de raza, un ciclista con encanto. Lleg\u00f3 a rozar el podium del Tour de Francia, gan\u00f3 en Alpe d\u2019Huez, se llev\u00f3 la Vuelta a Suiza y el Tour de Romand\u00eda entre otras carreras. Todo el mundo, sin embargo, le recuerda por haber sido el primer ciclista no europeo en ganar el Giro de Italia y, sobre todo, por haberlo hecho tras superar el infierno del Gavia del 88. Las pocas fotos que se conservan de aquel d\u00eda y sus palabras no dejan lugar a dudas de lo que all\u00ed se vivi\u00f3:<SPAN style=\"mso-spacerun: yes\"> <\/SPAN><?xml:namespace prefix = o ns = \"urn:schemas-microsoft-com:office:office\" \/><o:p><\/o:p><\/SPAN><\/p>\n<p> <P class=MsoNormal style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><SPAN style=\"FONT-SIZE: 10pt; FONT-FAMILY: Arial\"><o:p><\/o:p><\/SPAN><SPAN style=\"FONT-SIZE: 10pt; FONT-FAMILY: Arial; LETTER-SPACING: -0.15pt\">\u201cNo estaba seguro de cu\u00e1nto tendr\u00eda que sufrir, pero sent\u00eda que todos nosotros \u00edbamos a sobrepasar nuestros l\u00edmites para franquear el Gavia (&#8230;) que \u00e9ste ser\u00eda, probablemente el d\u00eda m\u00e1s duro sobre la bici en nuestra vida (&#8230;). Al llegar a este punto la carretera todav\u00eda estaba asfaltada, pero cuando sal\u00ed de una curva a la izquierda vi convertirse la carretera en camino sin asfaltar y una se\u00f1al de tr\u00e1fico del 16 % de pendiente (&#8230;). Estaba muy blando y las cubiertas dejaban un surco por donde pasaban (&#8230;). Dej\u00e9 de pedirle a Dios que me ayudara, ya me hab\u00eda ayudado bastante d\u00e1ndome el privilegio de competir. En vez de eso empec\u00e9 a especular lo que estar\u00eda dispuesto a negociar si el diablo aparec\u00eda (&#8230;). A tres millas de la cima, fui a ponerme un gorro de lana, pero antes tuve que quitarme el agua del pelo. Sin embargo, mi mano se congel\u00f3 y una enorme bola de nieve cay\u00f3 sobre mi espalda (&#8230;). Ten\u00eda solamente una marcha para la bajada, todas las dem\u00e1s se hab\u00edan congelado, y pens\u00e9 que no pod\u00eda dejar de pedalear para mantener ese pi\u00f1\u00f3n sin hielo. El camino estaba sin asfaltar al comienzo. Era mejor para descender que el asfalto, pues no se hab\u00eda congelado. Los espectadores que hab\u00eda en el descenso no sab\u00edan si la carrera se hab\u00eda suspendido, as\u00ed que deambulaban por medio de la carretera mientras yo bajaba. A medida que descend\u00eda, me iba enfriando m\u00e1s y m\u00e1s (&#8230;). Me hab\u00edan hablado de hipotermia y sobre lo fr\u00edo que podr\u00eda llegar a estar antes de que uno no pudiera pedalear m\u00e1s. Mis brazos estaban bloqueados desde el comienzo del descenso y yo, simplemente, intentaba seguir pedaleando para mantener mis piernas en movimiento. En un momento dado, mir\u00e9 hacia abajo, hacia mis piernas, y a trav\u00e9s de una capa de hielo y de grasa pude ver que eran de color rojo brillante. Despu\u00e9s de eso, no volv\u00ed a mirar mis piernas&#8230;.\u201d.<o:p><\/o:p><\/SPAN><\/p>\n<p> <P class=MsoNormal style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><o:p><FONT face=\"Times New Roman\" size=3><\/FONT><\/o:p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El americano Andy Hampsten gan\u00f3 aquel Giro de Italia, el Giro en el que los cuatro jinetes del Apocalipsis cabalgaron por el Gavia. Andy Hampsten era un corredor elegante, un escalador de raza, un ciclista con encanto. 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