{"id":579,"date":"2009-06-30T10:21:00","date_gmt":"2009-06-30T10:21:00","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/vicentealvarez\/?p=579"},"modified":"2009-06-30T10:21:00","modified_gmt":"2009-06-30T10:21:00","slug":"europucela-mon-amour","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/vicentealvarez\/2009\/06\/30\/europucela-mon-amour\/","title":{"rendered":"EUROPUCELA, MON AMOUR"},"content":{"rendered":"<p>Publicado en El Norte de Castilla el 30 de junio de 2009, en conmemoraci\u00f3n del XXV aniversario del triunfo en la Copa de la Liga<\/p>\n<p>\u00bfSe imaginan que la delantera del Valladolid la formasen Ag\u00fcero y Forl\u00e1n? Pues bien, eso ya ocurri\u00f3 en un tiempo. Durante dos temporadas, los estiletes del Pucela fueron el chileno Pato Y\u00e1\u00f1ez y el uruguayo Polilla Da Silva, dos jugadores m\u00edticos de clase estratosf\u00e9rica que, entre otras muchas haza\u00f1as, consiguieron que en la temporada 83-84 el Valladolid ganase el primer y \u00fanico t\u00edtulo oficial de su historia y que nuestro Pucela de las entretelas jugase por primera vez en Europa. <\/p>\n<p>La Copa de la Liga era una competici\u00f3n que se hab\u00eda sacado de la manga el presidente del Bar\u00e7a (seg\u00fan las malas lenguas para ver si su club ganaba por fin algo) y que tuvo \u00fanicamente cuatro ediciones. El Valladolid gan\u00f3 una, el Real Madrid gan\u00f3 otra y el Barcelona gan\u00f3 las dos restantes. Tres equipos gal\u00e1cticos en un palmar\u00e9s \u00fanico. Y una edici\u00f3n, la del a\u00f1o 1984, que ha quedado marcada a sangre y fuego en el coraz\u00f3n de miles de vallisoletanos. <\/p>\n<p><IMG class=imgcen id=img_0 src=\"\/vicentealvarez\/wp-content\/uploads\/sites\/3\"><\/p>\n<p>En eliminatorias complicad\u00edsimas que se hab\u00edan puesto cuesta arriba y que hab\u00eda ido que ir levantando heroicamente, el Valladolid hab\u00eda dejado en la cuneta al Zaragoza, al Sevilla y al Betis. Se hab\u00eda convertido en el rey de las pr\u00f3rrogas y de las remontadas. Con un mes de junio enardecido, de partidos cada cuatro d\u00edas, sol en cuarto menguante y noches de pasi\u00f3n, la final contra el Atl\u00e9tico de Madrid se presentaba como una ocasi\u00f3n \u00fanica para pisar Europa. Adem\u00e1s, el partido de ida se hab\u00eda saldado con un esperanzador empate a cero. Era la noche del 30 de junio de 1984. Las estrellas brillaban de otra forma, la luna sonre\u00eda y yo era joven, feliz y despreocupado. Estaba dispuesto a comerme la vida a bocados. Ten\u00eda 20 a\u00f1os, una chica preciosa me acompa\u00f1aba (iba por primera vez al f\u00fatbol y grit\u00f3 y llor\u00f3 de emoci\u00f3n m\u00e1s que nadie durante el partido) y mi sangre era ya blanquivioleta. Me hab\u00edan dejado un destartalado R-12 ranchera para subir al estadio, di un beso a mi madre en la Cafeter\u00eda Dakota, cog\u00ed a mi chica de la mano y nos montamos en el coche. Cuando llegamos, el estadio se hab\u00eda convertido en una olla a presi\u00f3n, el cielo era de color morado y don Juan Tenorio y Jos\u00e9 Zorrilla se hab\u00edan hecho socios del Pucela. La noche llegaba vestida de promesas memorables y de retos hom\u00e9ricos que est\u00e1bamos dispuestos a superar. All\u00ed estaban, en el c\u00e9sped, once futbolistas que todav\u00eda no sab\u00edan que iban a hacer historia. Gente de siempre como Gail, Jorge o Mor\u00e9; imprescindibles y necesarios jugadores de equipo como Aracil, Navajas o L\u00f3pez; Eusebio, un chaval de La Seca que comenzaba a maravillar a propios y extra\u00f1os; un perro de presa como el gallego Richard merend\u00e1ndose con patatas a Hugo S\u00e1nchez. Estaban nuestras estrellas gal\u00e1cticas, el Polilla Da Silva, que acababa de proclamarse Pichichi de la Liga, y el Pato Y\u00e1\u00f1ez, capaz de desesperar a todas las defensas del mundo con su habilidad y su portentosa velocidad. Y luego estaba, bajo los palos, el Loco Fenoy, el portero m\u00e1s carism\u00e1tico de la historia del Real Valladolid, un tarado entra\u00f1able capaz de mezclar paradas portentosas con cientos de an\u00e9cdotas. Tiraba penalties, besaba los postes cuando el bal\u00f3n golpeaba sobre ellos, sal\u00eda detr\u00e1s de alg\u00fan compa\u00f1ero para recriminarle cualquier acci\u00f3n, discut\u00eda con los recogepelotas mientras perd\u00eda tiempo o desenfundaba teatralmente unas imaginarias pistolas cuando los disparos contrarios iban muy por encima del arco. Todos ellos hab\u00edan sido protagonistas en la competici\u00f3n de los milagros y estaban a punto de firmar una noche \u00e9pica en Zorrilla. Un 1984 orwelliano de alma blanquivioleta. <\/p>\n<p><IMG class=imgcen id=img_0 src=\"\/vicentealvarez\/wp-content\/uploads\/sites\/3\"><\/p>\n<p>El partido termin\u00f3 con empate a cero y con el Loco Fenoy convertido en h\u00e9roe y arengando a sus compa\u00f1eros desde la porter\u00eda. Fue el preludio del \u00e9xtasis. La pr\u00f3rroga se convirti\u00f3 en un Vega Sicilia portentoso. Fortes y Minguela saltaron al c\u00e9sped, revolucionaron el encuentro y el Pucela comenz\u00f3 a emborracharse de f\u00fatbol. Primero lleg\u00f3 el gol de Votava en propia puerta, luego el ratonil gol de Fortes y, finalmente, Minguela coron\u00f3 la goleada poniendo el broche de oro a una haza\u00f1a que treinta mil almas coreaban al grito de Pucela, Pucela. Cuando el colegiado dio el pitido final, la gente comenz\u00f3 a volverse loca, a abrazarse, a gritar, a llorar. Luego vinieron las celebraciones sobre el mismo c\u00e9sped, Mor\u00e9 levantando la Copa de Campeones, los jugadores dando la vuelta al campo y todo el p\u00fablico, sin moverse de su localidad, anestesiado por la felicidad. Fue el comienzo de otra fiesta, aquella que protagonizamos bajando por la cuesta del Estadio agitando banderas y haciendo sonar el claxon. Una procesi\u00f3n de alborozo desmedido se introdujo en las venas de la ciudad, un concierto de bocinas ara\u00f1\u00f3 la c\u00e1lida noche de verano y un aquelarre de bufandas pucelanas contagi\u00f3 de alegr\u00eda a todos los vallisoletanos. Aquella noche hicimos historia y explosi\u00f3n. Como en un cuento de hadas. Y Fenoy, Mor\u00e9, Da Silva, Y\u00e1\u00f1ez, Eusebio, Fortes, Gail y todos los dem\u00e1s se metieron de lleno en el \u00e1lbum de nuestra vida. Porque hay noches filibusteras repletas de candorosos dragones. Hay noches en las que se llora a los amores perdidos. Hay noches con olor a lavanda y a caf\u00e9. Hay noches en las que a\u00fallan vientos que enardecen los recuerdos. Hay noches en las que salen de fiesta los dioses y el arco iris. Y luego est\u00e1 la noche blanquivioleta del 30 de junio de 1984.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Publicado en El Norte de Castilla el 30 de junio de 2009, en conmemoraci\u00f3n del XXV aniversario del triunfo en la Copa de la Liga \u00bfSe imaginan que la delantera del Valladolid la formasen Ag\u00fcero y Forl\u00e1n? Pues bien, eso ya ocurri\u00f3 en un tiempo. 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