{"id":840,"date":"2011-06-12T08:53:00","date_gmt":"2011-06-12T08:53:00","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/vicentealvarez\/?p=840"},"modified":"2011-06-12T08:53:00","modified_gmt":"2011-06-12T08:53:00","slug":"relatos-policiacos-con-denominacion-origen","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/vicentealvarez\/2011\/06\/12\/relatos-policiacos-con-denominacion-origen\/","title":{"rendered":"RELATOS POLICIACOS CON DENOMINACI\u00d3N DE ORIGEN"},"content":{"rendered":"<p>Publicado en &#8220;La sombra del cipr\u00e9s&#8221;, suplemento cultural de &#8220;El Norte de Castilla&#8221;, el 11 de junio de 2011<\/p>\n<p> <P style=\"TEXT-ALIGN: justify; MARGIN: 0cm 0cm 0pt\" class=MsoNoSpacing><SPAN style=\"FONT-FAMILY: 'Arial'; FONT-SIZE: 10pt\"><IMG id=img_0 class=imgizqda src=\"\/vicentealvarez\/wp-content\/uploads\/sites\/3\" width=180 height=286>Chesterton ha pasado a la historia por crear al peculiar y entra\u00f1able padre Brown, el peque\u00f1o sacerdote de cara redonda y embotada como un bu\u00f1uelo de Norkolfk que pase\u00f3 su ingenio y su sotana por una maravillosa saga que forma parte de la mitolog\u00eda de varias generaciones. El recorrido de Chesterton, sin embargo, fue mucho m\u00e1s prolijo y memorable. Borges nos lo ense\u00f1\u00f3 bien. <SPAN style=\"mso-spacerun: yes\"><\/SPAN>El maestro argentino sosten\u00eda que Chesterton podr\u00eda haber llegado a ser Kafka aunque prefiri\u00f3 ser feliz. Tambi\u00e9n afirm\u00f3 que el porvenir seguir\u00eda leyendo los relatos del padre Brown incluso cuando el g\u00e9nero policial hubiese muerto. Chesterton nunca pens\u00f3 en la muerte del g\u00e9nero. Al contrario, se esforz\u00f3 en reivindicar un g\u00e9nero que, en su \u00e9poca (y las cosas al respecto no han cambiado mucho), era abiertamente denostado. Por entonces se pon\u00eda al relato detectivesco a la altura de la literatura juvenil y de las novelas de quiosco para adultos. Todas ellas eran consideradas vulgares, indignas, abominables. Durante sus \u00faltimos treinta a\u00f1os, Chesterton escribi\u00f3 un buen pu\u00f1ado de art\u00edculos y ensayos para reivindicar el g\u00e9nero que tanto amaba. Todos ellos han sido recogidos por la editorial Acantilado en un imprescindible volumen titulado \u201cC\u00f3mo escribir relatos polic\u00edacos\u201d. Con su particular y certero bistur\u00ed, el escritor ingl\u00e9s disecciona el nuevo y emergente g\u00e9nero. Habla de Poe, de Conan Doyle, de Gaston Leroux y de muchos m\u00e1s escritores polic\u00edacos, pide una estatua para Sherlock Holmes en Londres y nos regala impagables lecciones al respecto. Chesterton estaba convencido, por ejemplo, de que las novelas de detectives constitu\u00edan la \u00fanica forma de literatura popular en que pod\u00eda expresarse la poes\u00eda de la vida moderna. De hecho, los \u00fanicos relatos modernos que, seg\u00fan \u00e9l, pod\u00edan calificarse de morales eran los relatos de cr\u00edmenes. Las ense\u00f1anzas chestertonianas del volumen editado por Acantilado se escurren de las p\u00e1ginas como pepitas de oro. Con Chesterton aprendemos que cualquiera puede fingir que es sabio, pero no que es ingenioso; o que el asesino siempre comete alg\u00fan error mientras que el escritor de relatos polic\u00edacos comente seis o siete; o que el relato detectivesco es una paradoja ya que el verdadero lector no s\u00f3lo desea que le enga\u00f1en sino incluso ser cr\u00e9dulo. Con el juego hemos topado. Nos mueve, nos motiva, nos sacude la emoci\u00f3n por el desenlace y la fascinaci\u00f3n por el acertijo. De hecho, la primera norma del escritor polic\u00edaco es ocultarle el secreto al lector. Por eso la novela de detectives es un drama de m\u00e1scaras y no de rostros. No nos interesan los rostros reales de los personajes sino la m\u00e1scara tras la que se disfrazan. Es por ello que las buenas novelas policiacas est\u00e1n escritas con la precisi\u00f3n de un mecanismo de relojer\u00eda. Su pasi\u00f3n es tal por el g\u00e9nero que teme el desd\u00e9n de los escritores modernos por la existencia del crimen. Algo fat\u00eddico ya que \u201cla literatura se volver\u00e1 m\u00e1s aburrida que nunca\u201d. Y, para terminar, sentencia algo que me grabo desde ya a sangre y fuego: \u201cSi alguien quiere decir que mis gustos son vulgares, poco art\u00edsticos y analfabetos, s\u00f3lo puedo responder que me alegra ser tan vulgar como Poe, tan poco art\u00edstico como Stevenson y tan analfabeto como Andrew Lang\u201d.<?xml:namespace prefix = o ns = \"urn:schemas-microsoft-com:office:office\" \/><o:p><\/o:p><\/SPAN><\/p>\n<p> <P style=\"TEXT-ALIGN: justify; MARGIN: 0cm 0cm 0pt\" class=MsoNoSpacing><SPAN style=\"FONT-FAMILY: 'Arial'; FONT-SIZE: 10pt\">Chesterton no ley\u00f3 a Francisco Garc\u00eda Pav\u00f3n pero estoy seguro de que le habr\u00eda incluido<IMG style=\"WIDTH: 202px; HEIGHT: 287px\" id=img_0 class=imgdcha src=\"\/vicentealvarez\/wp-content\/uploads\/sites\/3\" width=168 height=271> en esa trilog\u00eda salvadora. Es una l\u00e1stima que las nuevas generaciones no conozcan a Plinio. Afortunadamente, la ejemplar editorial Rey Lear se ha propuesto recuperar las andanzas de nuestro Sherlock Holmes manchego (\u00bfo tal vez deber\u00eda de decir de nuestro padre Brown manchego?). \u201cEl hospital de los dormidos\u201d es, precisamente, la \u00faltima novela protagonizada por el jefe de la polic\u00eda local de Tomelloso y por su inseparable y particular doctor Watson, el veterinario (n\u00f3tese la iron\u00eda) Don Lotario. Treinta a\u00f1os despu\u00e9s de su publicaci\u00f3n vuelve a estar en las librer\u00edas. La excusa perfecta para sumergirse en el universo propio que envuelve a la ya m\u00edtica figura de Plinio. Las andanzas del h\u00e9roe tomellosero se desarrollan en su mayor\u00eda durante la dictadura franquista. Hay que rese\u00f1ar, sin embargo, que los primeros <I style=\"mso-bidi-font-style: normal\">plinios<\/I> transcurren en tiempos de la dictadura de Primo de Rivera y el \u00faltimo en plena Transici\u00f3n. En \u201cEl hospital de los dormidos\u201d asistimos al declive de Plinio, un Plinio con poco trabajo por culpa de la competencia de la Polic\u00eda Nacional, un Plinio superado por los cambios, por la edad y por la melancol\u00eda (\u201ccuando pasan los a\u00f1os recordamos que en cada calle del pueblo nos qued\u00f3 un capitulillo de nuestra vida\u201d), un Plinio taciturno y deprimido al que Lotario se encarga, en la medida de lo posible, de animar. Se mantiene, eso s\u00ed, la fiesta del lenguaje, el recuerdo cervantino, el humor, el vocabulario aut\u00f3ctono, el estilo ingenioso, el verbo de artesano. Poco importa en la novela por qu\u00e9 aparecen hombres dormidos profundamente que, al despertar, no recuerdan nada. Plinio nos ense\u00f1a que puede ser m\u00e1s interesante saber por qu\u00e9 se duerme un t\u00edo que por qu\u00e9 lo matan. En esta obra melanc\u00f3lica y eleg\u00edaca, protagonizada por un Plinio crepuscular, las referencias son constantes al inexorable paso de los a\u00f1os y a la decadencia de un mundo rural en el que la gente se pa\u00f1uelea el sudor y mata el tiempo boineando en la glorieta de la plaza, haci\u00e9ndole corro al aire y echando bostezos a los \u00e1rboles. Todo ello aderezado con un ampl\u00edsimo cat\u00e1logo de locuras y fauna tomellosera: un fil\u00f3sofo, una paridora de suspiros, una santurrona que duerme con los brazos en cruz por si se le acerca un mosquito perverso, putidoncellas que despu\u00e9s del acto le echan al cliente agua en el berbiqu\u00ed, el recuerdo de un tomellosero que se mat\u00f3 de un ronquido y, sobre todo, Plinio en casas p\u00fablicas (o prohibidas, o de la liga, o de las puticaras, o de las ingles, hostales del pito, cuartel de colchones) buscando a una embandolinada con culo de trapecio. Lo dicho, la fiesta del lenguaje. Chesterton y Plinio, en fin, aliados por las cosas de los calendarios editoriales. Llegados a este punto s\u00f3lo faltar\u00eda una cosa: que el padre Brown fuese oriundo de Tomelloso. Yo no lo descartar\u00eda. <o:p><\/o:p><\/SPAN><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Publicado en &#8220;La sombra del cipr\u00e9s&#8221;, suplemento cultural de &#8220;El Norte de Castilla&#8221;, el 11 de junio de 2011 Chesterton ha pasado a la historia por crear al peculiar y entra\u00f1able padre Brown, el peque\u00f1o sacerdote de cara redonda y embotada como un bu\u00f1uelo de Norkolfk que pase\u00f3 su ingenio y su sotana por una [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[9],"tags":[47,74],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/vicentealvarez\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/840"}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/vicentealvarez\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/vicentealvarez\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/vicentealvarez\/wp-json\/wp\/v2\/users\/4"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/vicentealvarez\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=840"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/vicentealvarez\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/840\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/vicentealvarez\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=840"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/vicentealvarez\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=840"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/vicentealvarez\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=840"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}