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¿Muerte segura?
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Esperanza Ortega | 07-02-2017 | 21:12

“Muerte segura”, aunque  hoy nos parece una frase siniestra, en nuestra infancia no era más que un juego: la m de la palma de la mano  anunciaba la muerte y la s de  la planta del pie, la imposibilidad de soslayarla. Llevábamos estas marcas desde el nacimiento, como un sello de fábrica. No lo debíamos olvidar, pero jugábamos a marcar con el bolígrafo Bic esas dos rutas  tan horribles como indudables. Quizá porque lo teníamos asumido desde la edad más tierna, no nos asustaba tanto la idea de que íbamos a morir algún día. La muerte, además, no era un adiós definitivo, sino un hasta luego  que dotaba de  intermitencia a la vida posible. ¿Han pensado alguna vez que durante siglos y siglos el ser humano ha dado por seguro que existía un Dios creador y una futura vida eterna? Y en nuestra generación como en algunas anteriores, incluso en el caso de los agnósticos militantes, no se dejaba de creer hasta  llegar a la edad adulta, y siempre quedaba el recuerdo de lo creído, como un primer amor que nos hubiera decepcionado pero al que guardáramos una mezcla de  respeto y cariño. En cambio, la mayoría de los jóvenes actuales no han creído nunca en un más allá. Aquella  primera creencia , además de vacunarnos contra las fantasías falaces de los brujos modernos, no nos liberaba únicamente de la angustia de la muerte, sino  también del vértigo ante la magnitud del Universo. Entonces el Universo era como un inmenso garaje gris, que sin embargo estaba regido por una ley benéfica, con  un sentido misterioso  pero inteligente. Ahora, sin embargo, el misterio se va desvelando y la angustia crece amenazante , como una flor carnívora. Pienso esto mientras leo la descripción de Marte que hace la N.A.S.A: un planeta helado y oscuro, que no excluye la posibilidad de  vida. Me imagino sus montañas de hielo impasibles y silenciosas, como me imagino a la tierra futura, desértica y ardiente, cuando los hombres hayamos terminado de destrozarla . Estos días se han encontrado los restos de un continente desaparecido hace más de 200 millones de años en las aguas que bañan las islas Mauricio., o mejor dicho, los restos del continente que hubo antes de que las tierras se separaran dando origen al océano Índico. ¿Cuántas especies desaparecerían tras aquella catástrofe? Cada especie que desaparece es un secreto que nunca se llegará a  desvelar. Los  antiguos quisieron ver una lógica en el desastre y hablaron de castigos divinos, como el diluvio Universal o el hundimiento de la Antártida ¡Qué hermosas, por cierto, las palabras de Platón en su Diálogo con Critias., en donde describe lo que a él le contaron de aquel continente mítico. Al leer a Platón una piensa que ha valido la pena que el ser humano haya existido, aunque sea  tan contingente como el resto de las especies que pueblan la Tierra. Y qué paradoja, aunque ya nadie nos recuerde ni a Platón ni a sus lectores cuando la Tierra se deshaga en el espacio, qué nostalgia sentimos ahora por este sucio planeta herido, tan nuestro, tan amado por generaciones y generaciones por los siglos de los siglos. ¡Qué melancolía ¡Y qué raro es que haya seres humanos ajenos al sentimiento de pertenencia  a este grano de arena perdido en el espacio infinito ¡ Quizá es que esos seres nunca han visto  en los ojos que los miran el fulgor  de una estrella ¡

Sobre el autor Esperanza Ortega
Esperanza Ortega es escritora y profesora. Ha publicado poesía y narrativa, además de realizar antologías y estudios críticos, generalmente en el ámbito de la poesía clásica y contemporánea. Entre sus libros de poemas sobresalen “Mudanza” (1994), “Hilo solo” (Premio Gil de Biedma, 1995) y “Como si fuera una palabra” (2007). Su última obra poética se titula “Poema de las cinco estaciones” (2007), libro-objeto realizado en colaboración con los arquitectos Mansilla y Tuñón. Sin embargo, su último libro, “Las cosas como eran” (2009), pertenece al género de las memorias de infancia.Recibió el Premio Giner de los Ríos por su ensayo “El baúl volador” (1986) y el Premio Jauja de Cuentos por “El dueño de la Casa” (1994). También es autora de una biografía novelada del poeta “Garcilaso de la Vega” (2003) Ha traducido a poetas italianos como Humberto Saba y Atilio Bertolucci además de una versión del “Círculo de los lujuriosos” de La Divina Comedia de Dante (2008). Entre sus antologías y estudios de poesía española destacan los dedicados a la poesía del Siglo de Oro, Juan Ramón Jiménez y los poetas de la Generación del 27, con un interés especial por Francisco Pino, del que ha realizado numerosas antologías y estudios críticos. La última de estas antologías, titulada “Calamidad hermosa”, ha sido publicada este mismo año, con ocasión del Centenario del poeta.Perteneció al Consejo de Dirección de la revista de poesía “El signo del gorrión” y codirigió la colección Vuelapluma de Ed. Edilesa. Su obra poética aparece en numerosas antologías, entre las que destacan “Las ínsulas extrañas. Antología de la poesía en lengua española” (1950-2000) y “Poesía hispánica contemporánea”, ambas publicadas por Galaxia Gutemberg y Círculo de lectores. Actualmente es colaboradora habitual en la sección de opinión de El Norte de Castilla y publica en distintas revistas literarias.

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