El Norte de Castilla
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Fecha: marzo, 2018
Las tribulaciones deCristina Cifuentes
Esperanza Ortega 28-03-2018 | 11:25 | 0

He leído en un periódico muy bien considerado que, según un estudio muy científico, de la realización de una tesis doctoral se pueden derivar graves dolencias psicológicas. Dice, por ejemplo, dicho estudio que los doctorandos se sienten infelices, sometidos a demasiada presión y sufren insomnio, por lo que necesitan asistencia psiquiátrica. A mí, que fui una pésima estudiante universitaria, me ocurría precisamente eso cuando tenía un examen y estaba a años luz de haber estudiado lo suficiente. El remedio para tales dolencias consistía en levantarme de la cama y ponerme a estudiar de manera compulsiva. Así acababa con el insomnio,  daba escape a la presión y me sentía feliz si conseguía aprobar la asignatura. También es verdad que yo no hice la tesis: nada más terminar la carrera aprobé las oposiciones a Profesora de Instituto de Enseñanza Media. Así que me salvé por los pelos. Lo digo porque el estudio demuestra que las mujeres doctoras tienen un 27% más de posibilidades de sufrir estos problemas psiquiátricos que los hombres. ¡Vaya por Dios! A las mujeres siempre nos toca el de la cabeza gorda. Esto es lo que debió de pensar Cristina Cifuentes cuando dejó para más tarde la realización de su trabajo de máster en la Juan Carlos I -o eso dicen que hizo-. No se iba a exponer a tales males ahora que había asumido la misión de acabar con la corrupción en la Comunidad de Madrid. Vamos, que se había convertido en una especie de Zorro en femenino, sin caballo pero con moto, vestida de cuero y con un espadín invisible. ¡Por algo la persiguen sin denuedo sus enemigos allegados! Porque, ¿quién que no sea muy allegado puede saber si le quedaban dos asignaturas para terminar el máster?, ¿y qué importa tal cosa en una Universidad como la Juan Carlos I, famosa por los plagios de su rector, Fernando Suarez? Hablamos mucho de él con ocasión de sus publicaciones plagiadas, aunque al final todo quedó en “dimes y diretes”. Por cierto, pocos compañeros salieron en su defensa, excepto el mediático Marhuenda, que aseguró que Suarez era un tipo estupendo. Fue antes de que Marhuenda fuera denunciado por la policía bajo la acusación de coaccionar precisamente a Cristina Cifuentes, dentro de las escuchas del caso Lezo. Pero Cifuentes, que es muy echada para adelante, respondió que no se había sentido coaccionada y otro caso cerrado.  La vida sigue su curso, ya no nos acordábamos de aquella anécdota, hasta que nos preguntamos qué profesor de la Juan Carlos I tendría interés en desacreditar a la Presidenta de la Comunidad de Madrid. Pero no hay que ser malpensados. Sobre todo porque Cifuentes esquivará  los pequeños obstáculos que alguien va dejando en su camino. Por ejemplo, que sus notas varían con los años, que su trabajo de máster no aparece, que no se sabe quién lo dirigió, que sus compañeros no tuvieron nunca el gusto de verla por clase, que se matriculó de asignaturas que ya había aprobado -con notable- etc etc etc. Pelillos a la mar, porque lo que de verdad importa es que Cristina Cifuentes no se vuelva majareta, y eso es lo que le podría haber ocurrido si se hubiera estresado con su trabajo de máster.  Para eso se crearon universidades como la Juan Carlos I, para que la salud mental de sus alumnos y alumnas no se deteriore como les ocurre a los estudiantes de otros campus.   ¡Gaudeamus igitur!, como dice la canción.

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¿Segregación educativa?
Esperanza Ortega 20-03-2018 | 8:45 | 0

Creíamos que la ley Wert había pasado a la Historia, sobre todo desde que el gobierno planteó la necesidad de un “pacto educativo”, pero nos equivocamos. Una cosa es que Wert disfrute de un exilio dorado en París, junto a su millonaria esposa –se lo ganó cuando abrió la caja de los vientos independentistas al decir que iba a “españolizar” a los estudiantes catalanes-, y otra cosa muy distinta es que la derecha española vaya a renunciar a uno de sus grandes baluartes históricos. Esta misma semana el Tribunal Constitucional establecerá, en coherencia con su composición conservadora, la constitucionalidad de los apartados segregacionistas de la ley Wert. Me refiero a la segregación en la educación de niños y de niñas por separado en la enseñanza concertada, es decir, la que pagamos todos con nuestros impuestos. El otro punto a tratar es la segregación de los alumnos en base a sus resultados académicos, es decir, los torpones con respecto a los “alumnos de excelencia”. El tercer punto es el de la religión como asignatura evaluable y no solo como catequesis optativa. Los escritores que han recordado en sus memorias de infancia su educación en colegios católicos han ofrecido de ella un relato lamentable, desde el “Retrato de un artista adolescente” de Joyce hasta “Un armario lleno de sombra” de Antonio Gamoneda. ¡Qué diferencia con el respeto con que Antonio Machado recordaba sus paso por la Institución libre de Enseñanza o el cariño con que Luis Mateo Díez recuerda en “Días de desván” a sus maestros de enseñanza primaria en la escuela de su pueblo en la montaña leonesa. Pero volviendo al segregacionismo, que es lo que parece que va a bendecir el Tribunal Constitucional, quiero recordar un texto de “Diario de invierno”, de Paul Auster, en donde explica la gran virtud de la educación anti-segregacionista que él disfrutó: “Tus compañeros iban desde los brillantes, pasando por los de inteligencia normal, hasta los semirretrasados mentales. Eso es lo que suele ocurrir en la enseñanza pública. Todos los que viven en el barrio pueden ir gratis, y como tú creciste en una época anterior al advenimiento de la educación especial, antes de que establecieran colegios aparte para dar cabida a niños con presuntos problemas, cierto número de tus compañeros de clase eran discapacitados. (…) Echando ahora la vista atrás, consideras que esas personas constituían una parte fundamental de tu educación, que sin su presencia en tu vida, tu idea de lo que entraña el hecho de ser humano quedaría empobrecida, carente de toda hondura y simpatía, de toda comprensión de la metafísica del dolor y la adversidad, porque aquellos eran niños heroicos, que tenían que trabajar diez veces más que cualquiera de los otros para encontrar su sitio. Quienes hayan vivido exclusivamente entre los físicamente dichosos, los niños como tú que no sabia apreciar su bien formado cuerpo, ¿cómo podrían aprender lo que es el heroísmo?. Esta claro que, por desgracia para ellos, ni Wert ni Gomendio acudieron a la misma escuela que Auster, pero no por eso es más verdad que ningún tribunal puede dictaminar a favor de algo que va contra la ética individual y la justicia social, o al menos no debería hacerlo en nuestro nombre ni con los impuestos que pagamos todos. El gobierno dice que al establecer distintos “itinerarios” educativos defiende la libertad de los padres. Pero, ¿los niños son un bien exclusivo de sus familias o es la sociedad la que debe velar por que “todos y todas” gocen de los mismos derechos?

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Pequeñas heroínas feministas
Esperanza Ortega 13-03-2018 | 10:09 | 0

El martes pasado, la manifestación feminista asombró a más de uno, aunque ya había vaticinado yo, con el cardenal Osoro, que iba a participar hasta la Virgen María. ¡Hombres de poca fe! No me habíais creído. Lo que no me había sido revelado es que los fariseos y las fariseas que momentos antes condenaban la huelga iban a aparecer al día siguiente con un lazo lila en la solapa. Cosas que pasarán a la historia de la desvergüenza política. Entre el entusiasmo y la melancolía de aquella tarde gloriosa, lo que yo eché de menos es la presencia de nuestras antepasadas, las madres y hasta las abuelas que no conocimos. Y también eché de menos a las niñas que fuimos nosotras, mientras leíamos los cuentos de niñas. Ahora que tanto se habla de la necesidad de “referentes” para las futuras mujeres liberadas, los libros protagonizados por niñas, escasos pero memorables, adquieren en el recuerdo su verdadero valor reivindicativo. No me refiero a las protagonistas de los cuentos tradicionales, que sitúan el relato en una dimensión simbólica, sino a las historias enmarcadas en la vida cotidiana, que son las que influyen en los modelos sexistas. Y me refiero a esas niñas que como Celia, Mari Pepa o Antoñita la fantástica, herederas todas ellas de la desventurada Sofía de la Marquesa de Segur, sufrían todo tipo de castigos por no acoplarse al modelo femenino que las marcaba la sociedad y la familia. Todas ellas se escaparon alguna vez de casa y casi todas ellas escribían su historia en un diario, único refugio para su rebeldía y único texto en el que no se veían relegadas a un papel secundario. Cuando leí el diario de la maravillosa escritora que fue Ana Frank, asesinada por los nazis antes de cumplir los 15 años, me acordé de estas niñas de los cuentos, que tanto se parecían a ella. Y me acordé también de Jo, la escritora, la segunda de las cuatro hermanas de Mujercitas, rebelde y feminista donde las haya. Igual que Ana de las tejas verdes, Jo poseía la espontaneidad y el amor por la naturaleza de una Heidi sin abuelo. ¡Cuántas niñas soñaron en sus páginas con una nueva vida en un mundo nuevo! Y cuántas renunciaron a ese sueño con el paso de los días, al mirarse al espejo y ver que ya eran tan altas como sus mamás. Mucho más tarde apareció en España Pipi Calzaslargas, la intrépida y desvergonzada Pipi Lángstrump, niña de espíritu pirata, fuerte y valiente como una guerrera vikinga. ¡Cualquiera se metía con Pipi! Como heredera de la gran Pipi solo conozco a la inteligente y poderosa Martilda de Roald Dahl. Ya sé que mi argumentación se podría matizar en un texto mucho más extenso que éste, ero yo me sigo preguntando: ¿por qué estos cuentos protagonizados por niñas se consideraban cuentos para niñas mientras los protagonizados por niños se consideraban cuentos para todos? Me refiero a Pedro Melenas, a Tom Sawyer, a Daniel el travieso, a Guillermo Brown o al pequeño Nicolás, que las niñas leíamos también con fruición. Y otra pregunta, ¿por qué los libros que se leen en las escuelas mixtas actuales están protagonizados por niños en su gran mayoría?, ¿por qué no hay un equivalente femenino de Manolito Gafotas o Tom Gates?, ¿por qué los libros protagonizados por niñas se siguen considerando solo femeninos y así se presentan y publicitan? En cualquier caso, el jueves regresaron aquellas pequeñas heroínas nuestras, sonriendo con melancolía mientras abrían de nuevo sus cuadernos y escribían en sus diarios: “Hoy, 8 de marzo de 2018, estoy hasta el c… de tanto machirulo”

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Feministas virginales
Esperanza Ortega 07-03-2018 | 12:13 | 0

El Cardenal Osoro aseguró hace unos días que la Iglesia no se opone a la huelga feminista convocada para mañana. Llegó a afirmar incluso que la Virgen María hubiera seguido la huelga si hubiera tenido oportunidad de hacerlo. Ya ven, en eso las ministras del PP son más papistas que el Papa, porque seguro que si Cospedal o Tejerina fueran “cardenalas” excomulgarían a las huelguistas. Y sin embargo la Iglesia católica sigue teniendo una deuda pendiente con las mujeres, por no considerarlas dignas de ejercer el sacerdocio. Aunque algunas religiosas actúan ya por su cuenta, como la gallega Cristina Moreira, que ha sido ordenada sacerdote, saltándose las leyes del derecho canónico. Sáenz de Santamaría no hubiera dudado en aplicarla el 155, a ella y a todas las monjas que forman parte de la Asociación de Mujeres Sacerdotes Católico Romanas. Nada dijo de este tema el cardenal Osoro, que sin embargo trató otro asunto central para el feminismo. Me refiero a su afirmación de que el valor más alto de una mujer es ser madre, como la Virgen María. Eso fue lo que dijo. Entonces, ¿las mujeres que no tienen hijos porque no pueden o porque no quieren no son tan dignas de estimación como las que sí los tienen? Las monjas, por ejemplo, renuncian voluntariamente a la maternidad. Por cierto, ¿saben que un grupo de estas monjas ha denunciado el estado de semi-esclavitud que soportan las que están al servicio de obispos y cardenales? Les lavan la ropa, les limpian la casa y cocinan para ellos, pero terminan comiendo ellas solas, en la cocina. A mí estas monjas me retrotraen a la infancia y al cuadro que presidía el comedor de mi casa: la Última Cena. Yo me sentaba enfrente del cuadro tres veces al día y, cuando aún no había televisión, me fijaba en aquellos trece hombres, en la sobremesa de un banquete al que no habían invitado a ninguna mujer ¿Quién habría cocinado el cordero?, ¿quién lo habría servido? Es posible que lo hubiera hecho la Virgen María. En ese caso, ¿cenaría ella sola, como las monjas-criadas? ¿En eso se basaba el padre Osoro para sugerir que la Madre de Dios hubiera seguido la huelga de poder haberlo hecho? Pues estuvo acertado el señor arzobispo de Madrid. Por algo el poeta Francisco Pino decía en el poema titulado “Letanía de la Virgen pobre”: “Chacha que ordenas con cielo el barullo de los hogares de la tierra/ Nodriza que arrullas a los que nadie arrulla/ Almohada de los ajusticiados/ Nodriza tiernísima/ Almohada suavísima/ Chacha de todos, ruega por nosotros” Pues sí, María bien podría solidarizarse con todas las mujeres, como abogada nuestra que es. Por si no se han convencido aún, voy a citar un ejemplo que causó mucho revuelo cuando visitó España Benedicto XVI y consagró a un grupo nutrido de sacerdotes en la Sagrada Familia. En el altar solo hubo hombres, excepto las tres mujeres que limpiaron el aceite que se había utilizado en la ceremonia. Si los consagrara mañana, día 8 de marzo, puede que los mismos sacerdotes limpiaran el aceite, además de hacer todas las tareas que realizan a diario las mujeres en las iglesias ¿Por qué? Pues porque todas estarían en la manifestación, incluida la mismísima Bien Aparecida. Ah, y la cena se la prepararían ellos solitos quienes yo me sé, porque las amas de casa y madres de familia también harán huelga de brazos caídos, igual que la Virgen María.

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Sobre el autor Esperanza Ortega
Esperanza Ortega es escritora y profesora. Ha publicado poesía y narrativa, además de realizar antologías y estudios críticos, generalmente en el ámbito de la poesía clásica y contemporánea. Entre sus libros de poemas sobresalen “Mudanza” (1994), “Hilo solo” (Premio Gil de Biedma, 1995) y “Como si fuera una palabra” (2007). Su última obra poética se titula “Poema de las cinco estaciones” (2007), libro-objeto realizado en colaboración con los arquitectos Mansilla y Tuñón. Sin embargo, su último libro, “Las cosas como eran” (2009), pertenece al género de las memorias de infancia.Recibió el Premio Giner de los Ríos por su ensayo “El baúl volador” (1986) y el Premio Jauja de Cuentos por “El dueño de la Casa” (1994). También es autora de una biografía novelada del poeta “Garcilaso de la Vega” (2003) Ha traducido a poetas italianos como Humberto Saba y Atilio Bertolucci además de una versión del “Círculo de los lujuriosos” de La Divina Comedia de Dante (2008). Entre sus antologías y estudios de poesía española destacan los dedicados a la poesía del Siglo de Oro, Juan Ramón Jiménez y los poetas de la Generación del 27, con un interés especial por Francisco Pino, del que ha realizado numerosas antologías y estudios críticos. La última de estas antologías, titulada “Calamidad hermosa”, ha sido publicada este mismo año, con ocasión del Centenario del poeta.Perteneció al Consejo de Dirección de la revista de poesía “El signo del gorrión” y codirigió la colección Vuelapluma de Ed. Edilesa. Su obra poética aparece en numerosas antologías, entre las que destacan “Las ínsulas extrañas. Antología de la poesía en lengua española” (1950-2000) y “Poesía hispánica contemporánea”, ambas publicadas por Galaxia Gutemberg y Círculo de lectores. Actualmente es colaboradora habitual en la sección de opinión de El Norte de Castilla y publica en distintas revistas literarias.