Lo decía su hija Elisa, una de las personas que más cerca estuvo de él en los últimos momentos de su existencia. Con su padre vivo habría sido muy difícil, si no imposible, constituir una fundación con su nombre. Tan poco le gustaban al autor de ‘Las ratas’ los homenajes, los fastos y las distinciones. Sin embargo, año y pico después de su muerte, y coincidiendo con el que sería su 91 cumpleaños, la Fundación Miguel Delibes se presenta oficialmente en sociedad, con un puñado de sólidos patronos y con la perspectiva de seguir trabajando en las principales líneas del maestro en Valladolid, en España y en todo el mundo.
De entre todos estos grandes veneros delibeanos, hay uno que en este suplemento acogemos con especial dedicación: su faceta como periodista cultural. El que fuera director de El Norte de Castilla ha sido, sin duda, espejo de escritores, precursor de ecologistas, diccionario vivo de la lengua castellana, guía espiritual de cazadores y, por supuesto, creador de una Castilla novelesca que se terminó convirtiendo en uno de los grades iconos de la literatura española del siglo XX; pero también constituye un verdadero modelo a seguir para todo aquel que ame el periodismo.
Del Delibes periodista se ha escrito mucho, y muy bien, pero hay que reconocer que su estatura inmensa como novelista no siempre nos ha permitido apreciar su labor periodística en la justa dimensión. Sin embargo, el modelo que puede ofrecer hoy Delibes a los estudiantes, en un momento en el que la propia profesión vive una transformación con escasos precedentes en su historia, debería ser tenido absolutamente en cuenta.
De una parte Delibes, al que la censura terminó apartando precisamente de la dirección de este diario, representa no solo la dignidad y la entereza del periodista, sino también la lucha por la independencia frente a presiones de todo tipo. Algo que en su momento se quiso relacionar únicamente con la oposición a los elementos más rancios del franquismo, pero que en realidad tiene mucho que ver con el propio concepto de la libertad de expresión, en su sentido más amplio. Lo que no pudo decir en su periódico lo dijo, sin duda, en sus novelas, pero en su periódico también supo decir la mayor parte de las veces lo que tenía que decir, recurriendo para ello al arma más poderosa que tenía en su poder: el lenguaje.
Ese uso maestro del lenguaje es, precisamente, otra de las mejores características del estilo delibeano. Delibes fue siempre consciente de la responsabilidad de los medios de comunicación en la defensa de nuestra lengua, algo que en nuestro tiempo no siempre se ha considerado con el mismo entusiasmo. Al lado del empeño de los escritores, y como complemento de las escuelas, los institutos y las universidades, el uso del castellano por parte de los periodistas, forjado en el día a día y urgido por las necesidades de la información, sin duda tiene mucho que ver con la manera en la que el propio lenguaje toma cuerpo en una sociedad como la nuestra. Manejar un lenguaje amplio, rico y significativo es abrir la mente hacia el mundo, hacia los demás y hacia uno mismo. Y cultivar la mente es, seguramente, el primer paso hacia la libertad individual.
A todo ello hay que añadir su ejemplo como periodista cultural, su concepto del periodismo como parte de nuestra cultura y de la cultura como parte esencial y fundacional del periodismo. Un modelo que hoy, donde la calidad parece ser el último refugio ante el exceso de ruido que produce el sistema, se impone más que nunca.
Dentro de unas semanas, ‘La sombra del ciprés’, este suplemento de El Norte de Castilla que lleva el nombre de la novela con la que el periodista Miguel Delibes se estrenó en la literatura, cumplirá dos años de andadura. Es conocido que esta novela inicial del vallisoletano nunca se contó entre sus predilectas, pero me consta su satisfacción al saber que el cuadernillo se llamaría así. Por desgracia, lo siguió durante muy poco tiempo. Solo es un homenaje, pequeño, a esa fe en el periodismo cultural que seguimos compartiendo unos cuantos. Y que hace falta contagiar a muchos más. Los tiempos lo están pidiendo. Y de qué manera.