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Fernando del Val, cuando los números no pueden contarlo todo
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administrador | 09-06-2014 | 11:34

A pesar de tanto cine y de tantas imágenes de televisión, el alma de Nueva York no puede concebirse sin los versos de Juan Ramón Jiménez, de Federico García Lorca o de José Hierro. Para mí, desde hace algún tiempo, tampoco es posible hacerlo sin las visiones del purgatorio, sin las metáforas desbordadas de asombro y soledad de Fernando del Val. El poeta, que ya nos dejó escuchar su voz personal en las dos anteriores partes de su trilogía neoyorquina (‘Lenguas de hielo’ y ‘Orfeo en Nueva York’), cierra felizmente con ‘Regreso al Metropolitan’ un ciclo que ha ido dando a la imprenta en orden distinto al de la escritura, y que se complementa, al menos de momento, con la prosa poética de ‘Bryant York’, como libro independiente dentro del volumen general de esta última entrega.

Para Fernando del Val (Valladolid, 1978), la Gran Manzana es una gran metáfora del mundo. Un mundo en sí mismo que tiene sus propios continentes; sus ciudades, sus pueblos, sus paisajes y sus naturalezas, vivas o muertas. Un universo de contradicciones donde, frente al lema común del «siempre es tarde», también es posible encontrar rincones secretos, escenas detenidas, testimonios de un tiempo sin tiempo. Ascos e indignaciones junto a pequeños detalles de una ternura infinita. Excrecencias del maquinismo llevado hasta sus últimos extremos y huellas del hombre de ayer, de siempre. Ecos de ahogados y llamaradas de vida que no se detiene: «No hay más presente –dice el poeta– que los primeros metros de cuerda del futuro».

Muchas lecturas tiene, en efecto, esta última parte (la segunda, en realidad), de la trilogía de Nueva York de Fernando del Val. Pero yo me quedo sobre todo con una: la defensa del tiempo que nos resta, la búsqueda de la «dignidad objetiva de la lentitud» frente a la tiranía del algoritmo, a los excesos de la economía de mercado. «¿Las cifras valen más que las palabras? / ¿un palíndromo tanto como un capicúa? / los numeros ¿pueden contarlo todo?», se pregunta a sí mismo el poeta. Y enseguida se responde con las palabras de su paisano Miguel Delibes: «Hace falta conciencia de tiempo por delante. Tratar de dormir, o de escribir, apremiado es tontería»; o mejor, con el verso de Jorge Riechmann: «Si no tuvieras prisa te hablaría al oído».

En Nueva York, las soledades de Fernando del Val llevan los ecos lejanos de las soledades de Góngora y de Machado, pero también los más cercanos ecos de las soledades de Muñoz Molina o de Carmen Martín Gaite. O de Rosa Chacel, que pasó dos años en esta ciudad-mundo de la que dijo: «(Nueva York es la ciudad) que menos me ha impresionado, lo que no quiere decir que sea la que menos me haya gustado». Decenas y decenas de referencias en las que no faltan los clásicos. Viejos clásicos universales como Heráclito, Ovidio y Virgilio, Laocoonte o las hidras de Harlem. Clásicos más cercanos a nuestro corazón como Antonio Colinas y Fermín Herrero. Y eternos clásicos de la condición humana como los hijos de los romanos, de los mayas, los olmecas y los babilonios, que «ahora venden collares o camisetas en los bares de queens». No en vano la Gran Manzana es también la gran metáfora contemporánea de la gloria y la decadencia de todas las culturas…

Un universo vibrante que se abrocha con las páginas, bien lúcidas, de ‘Bryant York’, una especia de diario poético donde la prosa pone citas y concomitancias, diques, reflexiones y profundidades de campo sin restar un ápice de emoción al conjunto.

No me resisto a hacer una pequeña referencia de otro libro, casi coetáneo de éste en las imprentas, fruto del profundo ingenio literario de Fernando del Val. ‘11 cuadernos de bitácora de La Ciudad Invisible’ es una colección de «pensamientos a medio camino entre el aforismo, el verso, la narración, el diario y el deseo. Quizá relatos», una especie de «mapa alzado» de las emociones del poeta. Aunque es Madrid, y sus ondas, lo que late en el fondo, este nuevo espectáculo lírico tiene mucho de NY. Quizás no es consciente de ello ni siquiera el propio autor.

Sobre el autor Carlos Aganzo
Carlos Aganzo, escritor y periodista, es director de El Norte de Castilla.