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Otras voces
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Carlos Aganzo | 30-06-2015 | 16:18

Múltiple, heterogéneo, original. El panorama de la poesía española contemporánea es tan rico y tan diverso que ni las antologías ni las editoriales ni los suplementos culturales ni, por supuesto, las páginas de Internet, son capaces de ofrecerle al lector un mínimo reflejo fidedigno de lo que está sucediendo en este género, más dirigido a la «inmensa minoría» que nunca.

Alfredo Rodríguez, a la izquierda, y Julio Castelló

Hoy, por ejemplo, podemos detener la mirada en dos autores que no se encuentran fácilmente en las nóminas de nuestra poesía última, y que sin embargo por su trayectoria, pero sobre todo por su calidad, merecen la atención de un público cada vez más fraccionado y peor orientado frente al mundo editorial.

“Alquimia ha de ser”, del navarro Alfredo Rodríguez (Pamplona, 1969), es la última apuesta de Renacimiento, un clásico de la edición poética que incluye por primera vez en su catálogo a este autor. Un autor que comenzó su carrera fascinado por la poesía novísima de José María Álvarez -con títulos como “Salvar la vida con Álvarez (2006) y “La vida equivocada” (2008)-, que se pasó después a un modelo propio «de combate», con la trilogía formada por “Regreso a Alba Longa” (2008), “Ritual de combatir desnudo” (2010) y “De oro y de fuego” (2012), y que ahora alcanza, quizás, su acento más personal con “Alquimia ha de ser”, un libro con el que trata de construir, en palabras del prologuista, Luis Miguel Alonso Nájera, su propio “Walhalla”: el mítico salón nórdico de los elegidos por Odín.
La «pasión de los antiguos», en el verso de Colinas, o «la sabiduría de los misterios antiguos», en palabras del propio Rodríguez, inspiran este pequeño manual del «arte de la vida», donde el poeta busca el gozo de los sentidos y el arrobamiento de la belleza en un existir cotidiano al que es capaz de convocar, contra todo pronóstico, a la rueda del tiempo, a los siete chakras, a las fuerzas de la Luna y al ojo de Shiva, pero también «al ala de un ángel bello como la túnica de un dios». La reivindicación, en clave poética, del beneficio de una vida hermosa, donde sea posible captar, si lo sabemos percibir, extraordinarias ondas de luz que nos redimen de la cárcel del cuerpo, que nos llevan hacia «la sal espiritual de la verdad», que se manifiestan en la vibración pura del alma. Una alquimia verdadera, traída al siglo XXI desde los arcanos de la vieja sabiduría, que consigue elevarnos sobre la grisura de los días comunes. O, con las palabras de Alfredo Rodríguez: «Heme aquí, puro, sin tacha de amor / al despuntar el día, / como quien lava suelos con el agua de rosas. / Tengo el poema omega, / alquimia ha de ser».

Visión caótica
Casi en el sentido contrario está escrito “Yosotros” (colección Intravagantes, de ediciones Evohé), el último libro del poeta, fotógrafo y profesor Julio Castelló (Madrid, 1963). En su última entrega, el autor de “Qherido animal” (1998) y “Sunu Gaal” (2006) reúne en realidad dos libros -”Recto” y “Verso”-, unidos por una misma visión fragmentaria y caótica de la realidad, y por una misma reflexión sobre el sentido último de la palabra; de hecho, «hablo por hablar» y «escribo por escribir» son palabras que se repiten de manera casi obsesiva, como un mantra, a lo largo de toda esta obra fulgurante en la que el poeta trata una y otra vez, infructuosamente, de colocar su alma a salvo de la intemperie.

«Vivir no es más que abrazar el caos / sus infinitas leyes», escribe Julio Castelló en este libro, donde se pone en evidencia la incapacidad del hombre para controlar su propio devenir vital, y donde antes que la lírica, que la versificación o que la construcción poética se deja discurrir en libertad ese «pensamiento automático» que definió una buena parte de la literatura de la primera mitad del siglo XX; «un protocolo -dice el poeta-que el cuerpo ha heredado y conoce y crece al margen» de la propia realidad. Una puerta abierta al pensamiento oscuro, en todas sus percepciones e intuiciones. Un pensamiento que surge de la cabeza del poeta y se desarrolla formando una dinámica «cadena de palabras», que terminan construyendo la arquitectura de una realidad poética paralela.
Una realidad caótica, ininteligible, que el poeta mira con extrañeza de argonauta perdido en el espacio, con soledad de náufrago olvidado en una isla intelectual en la que él mismo se ha recluido «voluntariamente». Un proceso, al cabo, que le hace terminar desconfiando no sólo de la apariencia que le rodea, sino también de las propias vías del conocimiento, entre ellas la misma palabra («la engañosa») y su escritura. Hablar por hablar y escribir por escribir, en todo caso, ya que, como él mismo dice: «en alguna ocasión se me pasó por la cabeza / escribir para la eternidad / pero ya no tengo cabeza / la perdí».

La búsqueda de la armonía de Alfredo Rodríguez y la delectación en el caos de Julio Castelló: dos maneras tan diferentes, tan complementarias, de situarse en la vibración poética del siglo. Otras voces que merece la pena escuchar.

Sobre el autor Carlos Aganzo
Carlos Aganzo, escritor y periodista, es director de El Norte de Castilla.