Como no hay otro igual, dice el bolero ‘Historia de un amor’. Y claro que cada amor es diferente, tiene sus dulzuras e indulgencias y sus celos y celadas. Hay amores que nacen muertos, otros nonatos y algunos ganan con el tiempo y están los clásicos que matan.
De todos ellos ha habido ejemplos esta semana que concluye. El más aparatoso, el que protagonizan Pedro Arahuetes y Luis Peñalosa, porque es un amor con luz y taquígrafos y tras la boda pública y retransmitida salen a la palestra dos capitulaciones matrimoniales de las que los convidados-ciudadanos estábamos informados, pero no sabíamos que una de ellas –la que rubricaron los padrinos, en este caso los partidos políticos– se había firmado para no cumplirla. El alcalde dice que no le vincula lo que han hecho aquellos que le permiten presentarse bajo unas siglas, pero sí lo que ha acordado con Peñalosa, aunque advierte que si este no cumple el pacto, lo rompe y entonces «sería libre para hacer el aparcamiento de los Tilos», el tabú de la otra parte. En fin, un amor de conveniencia para unir ajuares en forma de actas de concejales con un futuro incierto, porque uno de los padrinos –el de IU– deja caer que su pupilo puede tener amoríos con un tercero, que es el PP.
Y para enamoradas, aunque con fecha de caducidad, las jóvenes alcaldesa –Carlota Otero– y damas de las fiestas de la ciudad. Ellas van a cumplir sin reservas su amor por la ciudad, en un ciclo festivo que comienza ya el jueves, en el tradicional acto a los pies del Acueducto. Es un amor corto, pero verdadero, como largo ha sido el de las Jesuitinas con Segovia. 122 años ha durado un matrimonio que se extingue. Ayer numerosos actos lograron reunir a antiguos alumnos y seguro que miles de recuerdos se acumularon en las cabezas de quienes han vestido el uniforme verde del colegio Sagrado Corazón de Jesús.
Y de un amor que termina a otro que permanece, el del hostelero José María Ruiz con la Academia de San Quirce, que preside Rafael Cantalejo. O uno que empieza: el de la Asociación Contra el Cáncer, que dirige Concha Díez, con el golf. Su torneo solidario reunió buenos jugadores, gracias al entusiasmo de José María Castaño.
También se renueva el amor en el caso del premio de poesía Jaime Gil de Biedma, que organiza la Diputación Provincial. Enamorados del galardón componen el jurado, en el que está el director de este diario, Carlos Aganzo, o los mediáticos Luis María Ansón o Juan Manuel de Prada. Todos bajo la presidencia de Javier Santamaría, que se despide de un certamen al que me consta tiene gran cariño. Ya en otoño será Francisco Vázquez, como previsible nuevo presidente de la institución, quien entregue el premio a su ganador, el madrileño Miguel Albero.
Política, fiestas populares, educación, mecenazgo, solidaridad, poesía… todo son amores, cada uno con sus matices, aunque nada puede compararse con el flechazo , el idilio, que los aficionados al deporte viven en este final de una primavera de crisis e indignados con el Caja Segovia y la Gimnástica Segoviana. Es la pasión que ha vuelto con el tiempo, después de años de cariño. Ahora es ilusión que, ojalá, hoy sea una realidad y el Caja haya forzado el quinto y definitivo partido en Barcelona. Pase lo que pase ha sido un éxito, como también la eliminatoria de ascenso del club de fútbol. Pero aquí para saberlo habrá que esperar una semana a que se decida en el encuentro en Logroño, una ciudad con mala rima pero que transmite buenas vibraciones.