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De Landázuri y las apariencias
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César Pérez Gellida | 22-12-2014 | 07:06| 9

Artículo de César Pérez Gellida publicado en El Norte de Castilla el 22 de diciembre de 2014

 

Vamos a arrancar diciendo que me considero una persona poco mitómana y si lo fui alguna vez, poco queda ya de aquello. Desde que abriera esta cantina, han pasado por esta barra muchos personajes ilustres con los que he tenido la suerte o desgracia de conversar, pues ser insigne no es sinónimo de interesante. Sin embargo, si alguien se mantenía en la cima de ese top de personas a las que admiraba con devoción sectaria ese era Enrique Bunbury. Y hablo en pretérito porque recientemente tuve la ocasión de conocerle en persona; ese día se me cayó el mito erigiéndose el mortal que hay detrás del genio.

Si tiene un rato le pongo un vino y se lo cuento, paga Bunbury.

Muchos de ustedes ya sabrán que eligió su nombre artístico de la obra de Óscar Wilde, La importancia de llamarse Ernesto. Lo que quizá desconozcan es que en la traducción se perdió el juego de palabras que contenía el título de la obra en su idioma original: The importance of being Earnest. Wilde fusionó «earnest» (serio) con el nombre propio del protagonista «Ernest», ambos términos homófonos. El autor irlandés quiso mencionar en un tono jocoso la importancia de ser formal como crítica a la encorsetada sociedad victoriana. Aclarado esto, uno de los personajes de la comedia se crea un alter ego, Bunbury, para escapar de las estrictas normas dictadas tan solo por mantener las apariencias.

Hoy creo entender el motivo por el que eligió ese nombre.

Porque Bunbury es el artista con mayúsculas; el divo que arrastra millones de seguidores; el cantante que se deja el alma en el escenario; el famoso que contesta a preguntas necias con absoluta displicencia; la celebridad que usa su enorme capacidad camaleónica para adaptarse al medio; el solista que marca tendencias en la industria de la música; el mito. En definitiva, el ser inmortal. Sin embargo, bajo la piel de Bunbury está Enrique Ortíz de Landázuri, que fue a la persona a la que yo tuve el placer de conocer en aquel camerino por mediación de su compañera de toda la vida, José Girl.

Porque yo charlé con el tipo delgado y espigado que lleva más de treinta años componiendo canciones aunando mil estilos diferentes; el mortal de ojos verdes que ama la música y alimenta su espíritu con ella; el hombre cultivado que a miles de kilómetros sigue muy de cerca la irrealidad española; el currante que se interesa por el trabajo de otros; el padre orgulloso; el marido; el compañero. En definitiva, el colega.

Me despedí de él con más ganas que nunca de verle en directo, y les puedo asegurar que han sido muchas, muchísimas. El concierto fue apoteósico.

El Maestro se toma un respiro, sí, pero les invito a que la próxima vez que asistan a uno de sus shows traten de conectar con el ser mortal, ese que se transforma en mito sobre el escenario. Por suerte, no siempre se cumple la máxima de Carapocha: «Normalmente, lo que parece es simplemente eso: lo que parece que es».

De Landázuri es mucho más de lo que parece Bunbury.

 

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Cerrado por reforma
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César Pérez Gellida | 03-11-2014 | 07:14| 3

 

AVISO: por motivos ajenos a la empresa, esta cantina permanecerá cerrada hasta enero de 2015 con la única excepción del lunes 22 de diciembre, fecha en la que abriremos de forma eventual.

Lamentamos las molestias que les pueda ocasionar.

Atentamente,

El cantinero.

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El cabroncete Nicolás
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César Pérez Gellida | 27-10-2014 | 07:24| 9

Artículo de César Pérez Gellida publicado en El Norte de Castilla el 27 de octubre de 2014

 

Algunos pensarán que este adolescente con cara de estudiante de primera bancada y atuendo oficial de empresario de éxito es el joven más listo que ha dado nuestro país desde que muriera Antonio Pérez, Secretario del Consejo de Estado con Felipe II. La diferencia radica en que este último además era inteligente, a la par que gran manipulador, asesino inductor y brillante estafador.

Los hechos apuntan a que Francisco Nicolás, inmerso en un procaz delirio megalómano, ha estafado unos cuantos miles de euros a empresarios de los de verdad. Resulta muy difícil de entender que alguien que sea capaz de anudarse una corbata haya creído que este pubescente fuera agente del CNI, o pudiera estar desempeñando un cargo de asesor del Gobierno, que conociera personalmente a Vladimir y Barack, o mejor aún: que fuera testaferro del jefe del Estado español, Felipe VI.

El chaval merece un Goya.

Es para descojonarse vivo o morirse de la risa, lo sé, aunque en esta cantina tememos que los empresarios que presuntamente han sido engañados por este mocete de mirada triste y peinado aznaroso no estarán de acuerdo. El juez que instruye el caso no daba crédito tal y como reconoce en el auto, pero todo parece indicar que, este veinteañero que tiene por modelo declarado a Alejandro Agag –hágase cargo, su señoría, porque podría ser considerado como agravante–, se la ha metido doblada a más de dos.

De los padres biológicos lo único que se sabe es que apoyan incondicionalmente la teoría que sostiene que una mano negra se la ha jugado a su tierno bisoño. Resta por saber qué dice el resto de su «familia», esa que, con su conducta ejemplar, amamantó los idilios de grandeza del pequeño Nicolás para convertirlo en un pequeño cabroncete; esos que aseguraban que España iba bien y omitían el resto de la frase: «…pero solo para mis amigos»; esos que posaban tan alegremente en los collage de Nicolás.

Porque de otra forma, esta y otras historias no se entienden, ni se entenderían, porque son como los unicornios: de fantasía.

 

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Kobani
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César Pérez Gellida | 20-10-2014 | 06:08| 9

Artículo de César Pérez Gellida publicado en El Norte de Castilla el 20 de octubre de 2014

 

Amanecía. Amin Fajar escrutó el exterior antes de atreverse a poner una sandalia en la calle. Se cumplía el noveno día sin poder salir de su casa, atrapados en el sector enemigo en su propia ciudad. Él podría aguantar un par de días más, pero su esposa, Ashti, le había rogado que consiguiera alimentos para los niños, porque los tres pequeños ya no tenían energía ni para llorar; la mayor, Chuwan, no había salido de su cuarto desde que se escucharan los primeros estallidos de la artillería del Estado Islámico.

Hacía unas horas que habían dejado de oírse las ráfagas de las armas ligeras y por la radio había escuchado que los suyos –las Unidades de Protección Popular– habían rechazado los ataques de los yihadistas durante la madrugada. Amin tenía que llegar hasta la tienda del señor Shahin, a solo cuatro calles de distancia. Lo consideraba un hombre piadoso y sabía que solía guardar algunas conservas en el sótano.

Era el momento.

Cogió aire y corrió todo lo que pudo sin mirar atrás. Se sabía el camino de memoria, tan solo tenía que esquivar los cascotes desprendidos de los edificios y los boquetes provocados por las granadas de mortero. No levantó la vista del suelo hasta que se dio de bruces con la puerta de la tienda; cerrada. Maldijo en su kurdo materno mientras pensaba en una alternativa, pero el instinto le advirtió de que le estaban observando. Y entonces sí, alzó la mirada.

Decenas de ojos, todos inertes; cabezas cortadas y clavadas en picas, algunas con la boca abierta y la lengua arrancada, otras con las cuencas de los ojos vacías. Ancianos, mujeres y niños. Muchos rostros anónimos y algunos conocidos, como el del señor Shahin y su esposa.

Paralizado, aturdido, ni siquiera se percató de la bala que le subrayó el último pensamiento: «Tengo que volver con mi familia».

Esto no es el principio de una novela de mi cliente el escritor.

Esto es Kobani, en el norte de Siria, y sucedió antes de ayer.

 

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Harry Hole
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César Pérez Gellida | 13-10-2014 | 06:01| 5

Artículo de César Pérez Gellida publicado en El Norte de Castilla el 13 de octubre de 2014

 

Venía tan emocionado que se pagó una ronda.

Ya les he hablado alguna vez de mi cliente el escritor. Según me contó, en la próxima edición de Getafe Negro –que tendrá lugar entre el 16 y el 26 de octubre en la citada localidad madrileña– una de las personalidades destacadas será un noruego llamado Jo Nesbo y que, tal y como me confesó, se trata de uno de sus autores de cabecera y un espejo en el que poder mirarse.

Así me lo narraba mientras disfrutaba de un crianza en condiciones:

«Nesbo es un referente mundial en novela negra gracias a la serie protagonizada por Harry Hole, un atípico investigador perteneciente al grupo de delitos violentos de Oslo. En nuestro país se acaba de publicar –con cinco años de retraso– la octava entrega: El leopardo, pero cuenta con otras dos novelas más que  completan la decena de serie y otras tantas independientes. Harry Hole mide 1.95 cm, es de complexión atlética, rubio, con el pelo cortado a cepillo, orejas y nariz desproporcionadas y labios finos, casi femeninos. Sin embargo, son los ojos el rasgo físico que más destaca, siempre poblados por esa red de finas venas enrojecidas características de los alcohólicos, como lo es él. Pero Harry Hole tiene otro problema más grave, relacionado con el corazón, haciendo que en ocasiones se muestre endeble, incluso torpe, como si se tratara de una persona. Profesionalmente huye de la intuición y se basa en su propio método, plagado de normas que él mismo se encarga de romper cada vez que se enfrenta con uno de esos enrevesados casos, tan imposibles que suenan a pura realidad».

Cuando terminó con la descripción le pedí que, si tenía ocasión, consultara al tal Nesbo sobre lo que haría su Harry Hole si trabajara como investigador en España, en la fiscalía anticorrupción, por ejemplo.

Mi cliente se marchó cabizbajo, jodido, y ya en la puerta me dijo sin girarse:

–Seguramente se hubiera enrolado en un ballenero hace ya mucho tiempo y estaría arponeando cetáceos junto a Elpidio José Silva.

 

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El Aguante
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César Pérez Gellida | 06-10-2014 | 06:02| 6

Artículo de César Pérez Gellida publicado en El Norte de Castilla 6 de octubre de 2012

 

Seguramente haya oído hablar de ellos y es más que probable que conozca algunas de sus canciones. Son dos hermanastros de Puerto Rico –René Pérez y Eduardo Cabra, y hacen música urbana, rap fusión mezclada con mil corrientes y estilos, aderezada por ritmos propios del folclore latino con otros tan dispares como el rock o el ska. Música imposible de clasificar. Sin embargo, para muchos lo que más destaca de este grupo son las letras de sus canciones, reivindicativas, ácidas, hirientes, tintadas de denuncia social y protesta callejera.

Les hablo de Calle 13. Sus cinco LP´s han sido galardonados con multitud de premios de la Industria Musical y se han ganado el reconocimiento de millones de seguidores en todo el mundo.

Aquí en La Cantina suena mucho, sobre todo después del telediario.

Uno de sus temas, El Aguante, podría ser la esencia lírica y vergonzante del papel que desempeña el ciudadano de hoy en ambos hemisferios, en cualquier latitud y longitud de este planeta que tan mal poblamos. Porque a pesar de que nos pueda parecer que lo que nos escandaliza dentro de nuestras fronteras no es muy distinto a lo que ocurre en otros territorios, todo, absolutamente, obedece a un sistema que se sostiene en un único pilar: unos pocos mandan y el resto aguantan; aguantamos.

Aguantamos lo que nos echen y damos las gracias por el plato, aguantamos la mentira disfrazada de verdad y digerimos del dato. Aguantamos al político que roba y conspira, aguantamos porque el que habla mucho poco respira. Aguantamos la doctrina impuesta y la tragamos celebrando el gol de Iniesta. Aguantamos estoicamente, de forma mezquina, aguantamos lo que esconden en sus vitrinas. Aguantamos al que nos controla y domina, al que nos tira la comida, aguantamos al banquero que nos lleva a la ruina.

Aguantamos, coño, aguantamos hasta el vino de esta cantina.

Y como suena en la canción: «¡Que aguanten la revancha, venimos al desquite, hoy nuestro hígado aguanta lo que la barra invite!».

 

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Amigo mercenario
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César Pérez Gellida | 29-09-2014 | 09:26| 8

Artículo de César Pérez Gellida publicado en El Norte de Castilla el 29 de septiembre de 2014.

 

Hay dos tipos de amigos, los que lo son y los que no. Solemne estupidez, sí, pero que levante la mano quién no se haya llevado una buena puñalada asestada por ese al que considerábamos un buen amigo o amiga.

Ruiz-Gallardón sabe bien lo que digo.

Algunas cuchilladas duelen más que otras, pero las que te dejan mal parado son esas que no se ven venir; esas que sientes cuando el machete ya está muy dentro, desgarrándote, produciéndote una hemorragia que parece imposible de contener; pero solo lo parece, porque de esas heridas lo único que muere es la amistad.

Y dado que, a este cantinero todavía le sangra la suya, voy a compartir con usted mi experiencia por si pudiera detectar y reconocer a ese amigo mercenario. Suele tener cara de colega de toda la vida, desconfíe, no es si no su camuflaje. Su chaleco antibalas es una buena fachada gracias a la cual protege su vulnerabilidad interna y su arma principal es la palabrería; balas de punta hueca, vacías. Se parapeta tras de ti cuando lo necesita pero si te ves bajo fuego cruzado no le busques porque ha desaparecido, escondido cobardemente en tu trinchera. Como buen soldado de fortuna su lealtad depende del precio, al alcance de cualquiera, del mejor postor. Habitualmente tiene costumbres solitarias, lobunas, y como fiera sin dientes que es, hace alarde de su independencia cuando, en realidad, añora y desea que alguien le acaricie el lomo. Y mataría por ello si no fuera porque nunca utiliza su munición, gasta de la tuya. Está curtido en cientos de batallas, siempre derrotado, pero es un superviviente nato que sabe reinventarse para acudir a otro frente donde poder saquear.

Tu amigo mercenario es ese que los que te quieren no tragan, ese que todos detectan porque reconocen sus escamas; todos menos tú.

Si te sirven estos consejos pásate por aquí a celebrarlo, la casa invita. Y si, desgraciadamente, vienes malherido, no llores, también tenemos del licor que todo lo cura.

 

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Sostiene Miñambres
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César Pérez Gellida | 22-09-2014 | 06:38| 10

Tengo un cliente que no me ha fallado desde el preciso momento en el que encendí el rótulo de la cantina. Es un tipo harto peculiar, informático de día y pincha de noche; pero de los de verdad, no como el hijo de la folclórica y otros «pinchamonas sacacuartos» con sesiones grabadas y pinta de raperitos del Bronx. Mi cliente va a currar con camisa, chinos y castellanos, sea la hora que sea y el menester que le ocupe. Este personaje es muy amigo de elaborar enrevesadas teorías de conspiración, la mayoría inverosímiles, pero la última la expuso con tal vehemencia que se me atragantó el vino.

Sostiene Miñambres, –el aludido–, que todo lo relacionado con el proceso soberanista de Cataluña es una farsa urdida a dos bandas por el Gobierno de la Nación y el Govern aspiracionista. Continuó argumentando que, cuando Mariano Rajoy se hizo con la presidencia, su gobierno requería un foco de atención poderoso, uno con efecto hipnotizador que hiciera que las miradas de los electores se alejaran de la calamitosa realidad cotidiana. Nuestro ejecutivo necesitaba –y necesita– levantar una densa columna de humo tras la que ocultar la miseria y los numerosos escándalos de corrupción que ensuciaban, ensucian y ensuciarán su propia casa. Toda vez aceptada la cuestión en el seno del partido, solo restaba provocar el incendio, pero uno que ardiera mucho y bien, que levantara ampollas.

–¿Y qué mejor que avivar los rescoldos del noreste para alimentar esas llamas que amenazan con devorar a la nación? –concluyeron.

–¿Y qué saco yo de todo esto? –quiso saber el Govern.

–Más autonomía, que es lo que estáis buscando.

–Pues mira, sí.

–¿Quién empieza? –quiso saber el Gobierno.

–¿Y qué más da? –concluyó Mas.

Le corresponde a usted otorgar o no credibilidad a la teoría. El 9 de noviembre se acerca pero yo auguro que, con el tiempo, conseguirán lo mismo que Escocia pero sin pasar por urnas. Entretanto, desde la Cantina felicitamos a Miñambres por sus teorías y su próximo enlace matrimonial. Eso sí es conspirar.

¡Felicidades!

 

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Nuestra civilizada civilización.
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César Pérez Gellida | 17-09-2014 | 09:59| 10

Artículo de César Pérez Gellida publicado en El Norte de Castilla el 16 de septiembre del 2014

 

Tras el verano, La Cantina del Calvo abre sus puertas de nuevo para todo aquel que quiera disfrutar de sus caldos mientras se discute de esto y lo de más allá, de lo mucho que nos cuentan y lo poco que contamos.

Durante las vacaciones este cantinero ha tenido mucho tiempo para pensar y, si algo he sacado en claro es que definitivamente hemos perdido el norte. Así, desnortados y navegando a la deriva, observamos con total indiferencia al sur, vigilamos con recelo lo que sucede al este y anhelamos con envidia el oeste, que es hacia el único sitio donde nos dejan mirar.

Recientemente, Mario Vargas Llosa refrendaba esta sospecha al afirmar en un artículo publicado en El País que el fundamentalismo religioso islámico es el principal adversario de la civilización. Vaya por delante que uno respeta y admira escritor peruano y que no seré yo quién rompa una lanza a favor de quienes tratan de imponer su criterio a sangre y fuego, sin embargo, tal alegato me provocó un incendio que aún hoy no consigo apagar.

Le sirvo un blanco fresquito, que la temperatura todavía acompaña.

En el contexto en el que el académico utiliza el término «civilización», la RAE define: Estadio cultural propio de las sociedades humanas más avanzadas por el nivel de su ciencia, artes, ideas y costumbres. De este modo, Vargas Llosa sostiene que civilizados somos todos excepto aquellos que hacen la Yihad. Claro. Como civilizada ha sido la respuesta israelí en Gaza, o la civilizada pasividad de los civilizados gobiernos democráticos mientras se masacraba diariamente –de forma muy cívica, eso sí– a la población civil. O el civilizado cambio de opinión Obama –Nobel de la Paz– con respecto al dictador Bashar al-Assad, ora enemigo, ora aliado. O la civilizada actuación de Putin, anexionándose civilizadamente un territorio estratégico como Crimea para luego silbar la marsellesa mientras los «prosuyos» y los «pronuestros» se matan en la frontera.

Podrían citarse muchos otros civilizados actos protagonizados por nuestra civilizada civilización, tantos como para escribir mil novelas de terror, mi estimado académico.

Bienvenido, este trago va por usted, civilizado lector.

 

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Cerrado por vacaciones
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César Pérez Gellida | 30-06-2014 | 11:24| 12
Artículo de César Pérez Gellida publicado en El Norte de Castilla el 30 de junio de 2014
No sé si nos las merecemos o no, pero la Cantina del Calvo cierra hoy por vacaciones. Desde febrero hemos puesto muchos asuntos encima de esta barra, tantos como los que se nos han escapado entre los mimbres de nuestra alocada actualidad.
Toca hacer balance de estos cuatro meses. Tome asiento y déjeme que le sirva uno que tengo guardado para la ocasión.
En clave política habría que destacar la irrupción de Podemos que, al margen ideologías e idearios, parece que podría resultar beneficioso para paliar los  achaques bipartidistas de nuestra democracia. Rubalcaba se va y otro vendrá, como las oscuras gaviotas, en tu balcón sus nidos a colgar. También hemos asistido al adiós de un rey, acorralado en el empeño por lavar la cara de una institución a la que le han salido muchas manchas, espinillas de la corrupción. Felipe VI debuta antes de tiempo y apunta maneras, pero el tiempo dictará sentencia, como con su hermana la Infanta si la fiscalía no lo impide.
Deportivamente, el fútbol sembró de sonrisas la capital, repartiendo títulos a madridistas y atléticos; en Barcelona festejaron los amantes del balonmano y el baloncesto. Paralelamente, Valladolid se consolidaba como capital del rugby español y Rafa Nadal como rey de reyes en Roland Garros. El bofetón nos llegó desde Brasil, donde fuimos a por la segunda estrella y volvimos estrellados, por la puerta de atrás y la cara del color de la camiseta.
Fuera de nuestras fronteras nos seguimos matando, ahora en Ucrania, ahora en Sudán, pero siempre siempre en las pacificadas Iraq y Afganistán.
–¿Y los mercados?
–¡Y qué más da! Por aquí sigue habiendo mucho paro y nuestros jóvenes se van. ¡Pero sigamos mirándonos al ombligo, confiando en que salga sol, y luzca, y cuando llegue el invierno…, que otro nos preste su abrigo.
Cerramos, sí, pero volveremos en septiembre, que con un poco de buen vino y mucha mala leche no hay quien se disperse, que como dice un amigo mío pelirrojo:
«¡Hay que joderse!».
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El corsario ultrajado
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César Pérez Gellida | 23-06-2014 | 18:23| 8

Artículo de Cesar Pérez Gellida publicado en El Norte de Castilla el  23 de junio de 2014.

 

Me lo contaba mi amigo el escritor, algo abochornado por cierto. Resulta que su compañero de oficio, Juan Gómez-Jurado, ha tuiteado recientemente una captura de pantalla de una conocida página de descargas ilegales en la que un corsario se quejaba amargamente de que otro bucanero como él, pero con muy pocos principios, había tenido la desfachatez de robar sus enlaces piratas para que los clientes de su web pudieran hacerse gratuitamente con El emblema del traidor, novela firmada por el mencionado escritor.

El corsario ultrajado no alcanzaba a comprender tamaña injusticia, aderezada alevosamente por haber sido pergeñada por un camarada que surca las mismas agitadas aguas de Internet.

Muy feo el agravio. Terrible ofensa.

La conversación despertó mi curiosidad sobre el mundo de las ventas digitales y quise saber.

–Las descargas legales significan entre un dos y un cinco por ciento de las ventas en papel y se estipula que por cada una de ellas se producen diez ilegalmente. Pero más allá de las cifras –continuó–, el problema radica en que no existe percepción de delito por parte de quien descarga, ni siquiera del que se lucra subiendo estos contenidos robados a sus webs, como la del corsario ultrajado.

Antes de despedirnos nos tomamos un vino por la salud de Juan Gómez-Jurado, otro por la del bucanero sin principios y otro más, como no, por la del corsario ultrajado.

Percepción de delito. Me quedé con esas palabras y las metí en la batidora de la corrupción que alimenta nuestro sistema político y financiero. Salió esa pasta renegrida tras la que se parapetan los que meten la mano en la caja de todos con la firme convicción de que son inmunes. Porque navegan en aguas que conocen muy bien, donde sus camaradas no ultrajan lo que es suyo porque hay para todos. Porque la percepción de delito no existe hasta que un juez demuestre lo contrario. Y tal día hizo un año, que se me termina la legislatura y que venga el siguiente, que lo mío lo tengo en Suiza como oro en paño.

A todo esto, El emblema del traidor se puede comprar legalmente por el abusivo precio de 1,49 €.

 

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Apagón mundial.
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César Pérez Gellida | 16-06-2014 | 10:35| 8

Artículo de César Pérez Gellida publicado en El Norte de Castilla el 16 de junio del 2014.

 

Al mismo tiempo que se procedía al encendido de los focos en los estadios brasileños se producía el apagón de las luces que enfocaban otros asuntos. Sucede cada cuatro años y aunque el fenómeno afecta a casi todos los rincones del planeta, en nuestro país la sombra del fútbol lo oscurece todo.

Vaya por delante que este cantinero disfruta como el que más con un evento deportivo de este calado y se emociona solo con pensar en la posibilidad de cosernos la segunda estrella en el escudo que adorna la roja. Fuimos campeones del mundo y eso no nos lo quita ni la Patronal ni el Gobierno. Somos legión los que pretendemos seguir disfrutando del viaje que arrancó hace seis años en Viena con Luis Aragonés y que todavía continuamos con Del Bosque, levantando una copa cada vez que nos apeamos del autobús.

Ahora bien, a muy pocos se nos escapa que durante esas cuatro semanas, en nuestras conversaciones sobre el asfalto nada de lo que suceda en España le va a robar el protagonismo a lo que ocurra sobre el césped. Ya pueden surgir una docena más de candidatos a la Secretaría General del PSOE que si nos preguntan por sus nombres recitaremos el último once titular de Vicente del Bosque. Pero esto no es nuevo, los romanos ya descubrieron los beneficios de entretener a las masas y lo resumieron con gran acierto en la expresión: panem et circenses. Un lástima que hasta nuestros días solo haya llegado lo segundo.

Dicho esto, permítame que haga a una reflexión personal muy de cantina: bienvenido sea el apagón. Porque la capacidad para masticar y digerir todo lo que nos están haciendo tragar es limitada –aunque Montoro piense lo contrario–; porque necesitamos una válvula de escape temporal y que cada uno lo celebre con la bandera que le parezca.

Necesitamos volver a sentirnos campeones del mundo, aunque sea de fútbol.

Y posibilidades tenemos.

¡Que nos sobra la casta, y podemos!

 

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A media asta
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César Pérez Gellida | 09-06-2014 | 15:16| 6

Artículo de César Pérez Gellida publicado en El Norte de Castilla el 9 de junio de 2014.

 

La noticia de la abdicación ha traído mucha polémica a esta cantina, pero de todos los debates abiertos en esta barra, el que más me ha llamado la atención es el que rodea al asunto de la bandera. Es curioso, porque existe bastante desconocimiento sobre orígenes de estos dos trapos de colores –desde el respeto, entiéndase–, en cuya diferencia cromática parecen cobijarse valores mayúsculos que nos distinguen a unos y otros, cuando lo que esconde en realidad no es más que nuestra tamaña estupidez.

La conocida como bandera republicana fue aprobada en 1931 por el gobierno de la Segunda República presidido por Manuel Azaña. El motivo del cambio de color en la última franja se explicaba así: “por insignia de una región ilustre, nervio de la nacionalidad…”. El extracto del Real Decreto refrendaba el papel de Castilla en la unidad nacional y, en la misma tirada, pretendía compensar la predominancia del amarillo y el rojo, originarios de la corona de Aragón. De esta forma, si el encargado de decidir el pantone con el que tintar la nueva bandera republicana no hubiera sufrido un ataque daltónico, habría sido casi idéntica a la que tanto repudiaban dado que el color de Castilla es el carmesí, no el púrpura cardenalicio que terminó exhibiendo la tricolor.

Dicho esto, es de dominio público que el conflicto que subyace tras los paños tiene que ver con las connotaciones tejidas por unos pocos durante la Guerra Civil, cuando cada bando se apropió de su estandarte para distinguirse del enemigo. Sin embargo, se nos olvida que la mayoría de los que estuvieron en las trincheras no pudieron elegir el color por el que les tocó apretar el gatillo.

De aquellas lluvias estos lodos.

Y miré usted que han pasado años pero todavía seguimos quitándonos el barro de la cara al tiempo que enarbolamos enseñas para diferenciarnos del vecino de enfrente; como si así se fueran a solucionar nuestras miserias, que son las de todos, incluida nuestra bandera.

Porque sea cual sea, mientras no vire el viento, ondeará a media asta.

 

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Tres funerales y una boda
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César Pérez Gellida | 05-06-2014 | 13:06| 6

Artículo de César Pérez Gellida publicado en El Norte de Castilla el 2 de junio de 2014

Para el deporte vallisoletano, las aguas del Pisuerga han bajado más que turbias, salvajes. Y en esa poderosa corriente se han visto arrastrados los tres clubes de la ciudad con mayor masa social hasta perder la categoría en la desembodura del descalabro. El Real Valladolid luchó hasta la última jornada, si bien es cierto que no fue capaz de ganarse la permanencia en Zorrilla y la aventura en primera terminó anegada en lágrimas. Por el pabellón Pisuerga no hubo drama porque por no haber no hubo nada. Y el que no nada se ahoga, hudiéndose con el lastre de ser el peor equipo en toda la historia de la ACB. Mucho se ha sufrido también en Huerta del Rey, donde la pésima gestión económica de unas ya esquilmadas arcas ha provocado que el equipo más laureado de la capital castellana descienda después de treinta y seis temporadas en la máxima categoría nacional.

Hasta donde alcanza la memoria de este cantinero, no recuerdo que se haya producido una debacle igual –a nivel deportivo, entiéndase– en ninguna otra ciudad del país. Tres velatorios simultáneos exentos de exequias; tres augurados réquiems con una despiadada partitura que nadie pretendía interpretar.

Tres funerales.

El Alcalde de Valladolid alega que el Ayuntamiento no puede ser el flotador de todos los clubes de la ciudad, y mal que nos pese, tiene razón. El dinero público tiene otros propósitos más elevados.

Pero esto ya lo entendieron hace unos años –¿décadas?– los que ahora están de boda.

Me refiero a dos de nuestros equipos de rugby de Valladolid. En el momento en el que esté leyendo estas líneas, uno se habrá proclamado campeón de la liga de División de Honor y el otro habrá sido más que un digno finalista. Sí amigo, el VRAC y el CR El Salvador son los dos mejores clubes de rugby del país, sin motores institucionales, con lo puesto: mucho esfuerzo, más ilusión y el apoyo total de sus aficiones.

Así que brindemos por ello, por ellos, porque se lo merecen, porque nos lo merecemos.

 

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Sesenta kilos
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César Pérez Gellida | 26-05-2014 | 17:07| 4

Artículo de César Pérez Gellida publicado en El Norte de Castilla el 26 de mayo de 2014

El otro día se pasó por esta cantina el escritor del que ya le he hablado anteriormente. Portaba una novela que me llamó poderosamente la atención por tener la cubierta tintada de un amarillo un tanto premonitorio. No resistí la curiosidad y le pregunté.

Casi me arrepiento.

Se trataba de Sesenta kilos, escrita por Ramón Palomar, un periodista francófilo pero de costumbres muy peninsulares. La definió como «novela negra cañí» pero no había connotaciones negativas en el epíteto, más bien lo contrario:

«Una novela negra, negrísima –empezó diciéndome– en cuyas páginas no aparecen policías ni detectives, ni investigadores de ninguna clase; ni falta que le hace. Un argumento que no se parece a nada, al margen de todo, porque marginados son los que la protagonizan: Charli, un perdedor de poca monta de esos que más pronto que tarde la terminan montando; el Nene, un inadaptado con esquela maquetada en espera de publicación; Frigorías, el pez gordo que siempre gana, menos cuando pierde; el Tiburón –su preferido–, un matón mordedor, muerto en vida por amor; y finalmente, un aderezo casi inédito en nuestra cocina literaria, ese que aporta el clan gitano compuesto con el Marqués, Yeyo y Arturito».

Ninguno de ellos sería bienvenido en esta cantina, puede usted estar tranquilo.

«Con ese cartel –continuó enfervorizado–, Palomar teje una trama convulsa, perfectamente hilvanada con los hilos de la traición al más puro estilo patrio, donde predominan el rojo sangre y el amarillo vergonzante».

En ese punto me comprometí a comprar la novela según pusiera los pies en la calle, pero no debí de ser muy convincente porque mi cliente, el escritor, añadió:

«Algún día me gustaría manejar el léxico con la soltura que lo hace Palomar, disparando palabras hasta apiolar al lector, asfixiándolo en cada página, masacrándolo en memorables capítulos en los que el mejor chaleco antibalas no es sino cartón pluma. Y es calvo, como el que regenta este establecimiento –remató».

Lo empecé ayer y ayer lo terminé.

 

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Pajarito de morado plumaje
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César Pérez Gellida | 19-05-2014 | 06:24| 14

Artículo de César Pérez Gellida publicado en El Norte de Castilla el 19 de mayo de 2014

 

El macabro asesinato de la presidenta de la Diputación y del PP en León, Isabel Carrasco, ha iluminado los peores perfiles de los que se cobijan en las tinieblas de las redes sociales. El caso de Twitter ha sido francamente bochornoso. Bien es cierto que la mayoría de los tuits publicados contenían palabras de condolencia y condena, sin embargo, no han sido pocos los que han exprimido su ingeniosa cobardía para hacer alarde de un humor negro que ni es humor ni es negro: es impune necedad; necia impunidad. Pero peores que estos han sido los firmados por algunos personajes públicos –prestidigitadores en posesión de la verdad absoluta– que, haciendo uso de su volumen de seguidores, se han apresurado a emitir su veredicto cuando aún se podía escuchar el eco de los disparos. Porque en Twitter el que primero aprieta el gatillo mata dos veces.

Todo por un retuit.

He de reconocer que he escarbado en la red social en busca de los comentarios más dolosos e hirientes, sin embargo, apenas he tenido que ensuciarme las uñas porque son precisamente esos los que más éxito tienen y por tanto, los que antes afloran a la superficie; como la mierda –disculpe el exabrupto–. Citaría algunos casos con nombre y apellidos, pero no querría alimentar su ya de por sí empachado ego.

Todo por un seguidor más.

No soy partidario de censurar las redes sociales, censuro a quienes las deshumanizan, a los frívolos, a los aspirantes a bufón cibernético, esos juglares de saldo. Porque no es la primera vez que ocurre. Es la ofensa gratuita disfrazada de libertad de expresión, y si a esto añadimos que se puede agredir a quien uno quiera parapetado en la trinchera del anonimato, pronto será una moda.

Todo por un favorito.

Como pajarito azul no controle su pico corre el riesgo de ver como su plumaje de libertarias alas azules se tiñe de un vergonzante morado. Morado, sí, como el color del vino que bebo y no pago.

 

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Peligro: nuevo orden mundial
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César Pérez Gellida | 15-05-2014 | 11:08| 10

Articulo de César Pérez Gellida publicado en El Norte de Castilla el 11 de mayo de 2014

 

Las investigaciones sobre este material les valió el Premio Nobel de Física a Andréy Gueim y a Konstantín Novosiólov en el año 2010. Quizá haya oído hablar de ello. Se trata de una sustancia formada por carbono puro que en su día bautizaron con el nombre de grafeno. Lo que quizá no sepa es que el descubrimiento de sus casi infinitas propiedades hace que sea considerado un hallazgo científico a la altura de la rueda o del fuego en cuanto al salto tecnológico que proporcionará a nuestra especie.

Le sirvo un roble. Acomódese.

Es cien veces más duro que el acero, ligero, flexible, elástico y transparente. Las primeras aplicaciones llegarán al mundo de la electrónica y la informática gracias a la mejora sustancial de los procesadores. La nueva generación de teléfonos móviles llegará pronto de la mano del grafeno. También veremos importantes avances en la aeronáutica y en la medicina, o en industrias como la del automóvil, la alimentaria, o la armamentística, entre otras. Sin embargo, la gran revolución afectará al entorno energético y de los combustibles y, antes de lo que muchos gobiernos desearían, provocará profundas modificaciones en la balanza geopolítica del planeta.

Me lo ha asegurado un cliente que está muy puesto en el tema, créame.

Mantiene que los hidrocarburos tienen los años contados y que será la energía solar fotovoltaica la que dominará nuestro futuro inmediato. El grafeno hará que se multiplique la capacidad de recolección de las células solares hasta extremos todavía no cuantificados. Y mejor aún, la facilidad para producirlo en serie hará que los distintos países alcancen la posibilidad real de ser energéticamente autosuficientes.

Ahora bien, ante esta proyección tan poco halagüeña para sus intereses, no parece que los países árabes que encabezan la producción mundial de petróleo se vayan a quedar de brazos cruzados, pero resulta que tampoco beneficia en absoluto a otras potencias como EEUU, China o Rusia.

Solo queda por saber si en la lucha por dominar el nuevo orden mundial nos mataremos más y mejor que ahora.

 

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De santos y diablos
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César Pérez Gellida | 15-05-2014 | 11:08| 14

Artículo de César Pérez Gellida publicado en El Norte de Castilla el 5 de mayo de 2014

 

Se llevan matando desde la noche de los tiempos, y no es una frase hecha. Desde 1955 hasta hoy, en Sudan del Sur solo han disfrutado de diecinueve años de paz. Las cifras son escalofriantes: en un país con escasos diez millones de habitantes, han perdido la vida al menos dos millones y medio de seres humanos –la mayoría civiles–, y se cuentan casi el doble de desplazados. Estos números no son torturados –tergiversados, entiéndase– por nadie porque a nadie interesan, y porque aquí no se torturan datos, cifras ni números, se torturan personas.

Diecinueve años de paz dan para muy poco, y efectivamente muy poco tienen que perder los sudaneses del sur, sumidos en una miserable economía de subsistencia, sin apenas infraestructuras ni recursos que explotar, sin posibilidad de alfabetización ni futuro. Casi nada ha cambiado desde mediados del siglo pasado. Es verdad que antes se mataban a machetazos con sus vecinos musulmanes del norte y ahora lo hacen a disparos y entre ellos, cristianos, sumidos en una encarnizada lucha por el poder disfrazada de guerra étnica. Se cumple el guión de otras guerras negras: dos facciones enfrentadas que se disputan un pírrico botín a costa del pueblo, que buscan y encuentran adeptos para la causa apelando a los vínculos de consanguinidad, tirando de los lazos culturales, hurgando en primitivas costumbres raciales. En Sudán del Sur, Kiir, el presidente, pertenece a la etnia Dinka; Machar, su oponente y antiguo vicepresidente, es Nuer. Ambos, como malnacidos y genocidas que son, han decidido beberse la sangre de los suyos porque están convencidos de que les pertenece; y nadie les dice lo contrario.

Y mientras todo esto sucede, hay fiesta celestial en el Vaticano. Celebran que dos muertos ya ocupan su altar en los cielos cuando millones de vivos no encuentran su sitio en el infierno.

¿Pero qué nos importan los pobres diablos si tenemos dos nuevos santos? Además, los diablos no obran milagros.

Termine el vino, que cerramos.

 

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Barcelona bien vale una sonrisa
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César Pérez Gellida | 15-05-2014 | 11:09| 6

Artículo de César Pérez Gellida publicado en El Norte de Castilla el 28 de abril de 2014.

 

Tengo un buen cliente que es escritor. Recientemente me contaba que ha estado en Barcelona participando en los actos de celebración del día de Sant Jordi; ya sabe, esa fiesta en la que se acostumbra a regalar un libro y una rosa cuando el 23 protagoniza el mes de abril.

Le vi francamente entusiasmado y, ante tanta euforia –y como corresponde a mi condición de cantinero–, abrí una investigación con el objeto de averiguar los motivos.

Resulta que mi cliente lleva poco aporreando un teclado, como él define, pero que en ese tiempo ya ha constatado que, actualmente en nuestro país, aspirar a vivir de los beneficios que dejan los derechos de autor es poco menos que una utopía. Me aseguró que en España hay decenas de miles de escritores soñando con ello: decenas son los pocos que lo consiguen y muchos miles los que ni siquiera logran publicar sus novelas.

«Es como si tú supieras que el vino es excelente pero no te dejaran embotellarlo» –argumentó.

Luego bajó la voz para confesarme que al autor le queda poco más de un euro limpio por cada ejemplar vendido. Pero aquello no supe valorarlo en su justa medida hasta que me subrayó que lo habitual es que una novela no supere los mil quinientos ejemplares, que a partir de cinco mil se considera un éxito editorial y que los superventas representan un porcentaje ridículo de los títulos que se lanzan al mercado. Le miré exactamente con la misma incredulidad con la que me está mirando usted en estos momentos.

En tal mascarada, me costaba encajar su mueca rebosante de felicidad.

«Barcelona bien vale una sonrisa» –añadió.

Entonces, me explicó lo que supone para un escritor participar en un juego en el las casillas son unas calles y las fichas sus habitantes; el dado siempre les lleva de librería en librería –y compro porque me toca–; el reto es conseguir la rúbrica de los autores; y el premio la sonrisa de la persona a quien regalas el libro.

«Aunque solo sea por un día» –concluyó.

Le invité a un último vino, aunque solo fuera ese día.

 

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Jon Sistiaga
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César Pérez Gellida | 22-04-2014 | 06:22| 14

Artículo de César Pérez Gellida publicado en El Norte de Castilla el 21 de abril de 2014

 

Resulta que lo volví a ver hace poco.

El reportaje de Jon Sistiaga No es país para mujeres me dejó francamente tocado la primera vez y todavía no alcanzo a comprender qué extrañas razones me empujaron a verlo de nuevo. Quizá quisiera ofrecer otra oportunidad a aquellas mujeres, aunque solo fuera para contarme de nuevo su miserable vida en un miserable país dirigido por castas de hombres miserables. ¿Quién sabe? Lo cierto fue que me volvió a generar ese sentimiento hacia los humanos, opuesto a la conmiseración, y del que últimamente no consigo despegarme.

Y si no sabe de lo que le estoy hablando solo tiene que buscar en Internet los reportajes que factura este irundarra de pelo cano; un periodista mayúsculo que, si aún conserva el pellejo, es por puro azar.

Le pongo uno con cuerpo, que lo va a necesitar.

Jon Sistiaga es de los que les gusta echar sal en la herida y, como este planeta le sobran llagas y pústulas, no le faltan lugares a los que viajar para alumbrar desde el terreno eso que a nadie le interesa siquiera mencionar.

Porque nos abochorna.

Así, acompañado por su inseparable cámara, el bonaerense Hernán Zin, ha recorrido Afganistán para mostrarnos como se sobrevive rodeado de bombas; en Argentina se jugó la cara –y no es un eufemismo– para denunciar eso que esconde el deporte rey; en Uganda nos invitó a un safari donde la pieza más cotizada es el homosexual; en la América del odio subrayó el racismo aún latente en la tierra de las libertades; en Somalia convivió con los señores de la guerra; y en Méjico se subió a los lomos de la bestia para viajar con los que no tienen más que sueños imposibles por cumplir.

Todo al alcance de sus ojos, si es que se atreve a enfrentarse con su reflejo, porque en los reportajes de Jon Sistiaga, salimos todos retratados.

Pero pruebe el vino, amigo, que ya cerramos.

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Sobre el autor César Pérez Gellida
Observaciones muy de cantina bajo los efectos de los taninos.

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