Abriendo baúles

Lo más fácil sería hoy vomitar unos cuantos párrafos contra La Manada, argumentando, a golpe de teorías de taberna, la actuación de las bestias. Porque bestias son.
Demasiado sencillo unirme al clamor popular y gritar contra la injusticia de la justicia, pero no voy a despreciar, sin pleno conocimiento de los hechos (como una gran mayoría), la labor de jueces y fiscales. Y esto aún no ha terminado.
Más allá de que se pronuncien el Tribunal Superior de Justicia de Navarra y el Supremo, tendríamos que darnos cuenta de que el problema no surge de una condena y de su eco social, sino que son esenciales los papeles que juegan, aún hoy y quizá más que nunca, el machismo, la mojigatería, los tabús y la mala gestión de la información. En definitiva, la educación.
Pero ¿qué vamos a esperar escuchando al ministro del ramo, acompañado de otros, demasiados, cargos cantar ‘El novio de la muerte’? Pues venga, a defender banderas, que parece que otra cosa no interesa. Y para qué un pacto educativo si el pacto ya está hecho, con la muerte.
Visualizar imágenes de los miembros del Gobierno en determinadas actuaciones se parece cada vez más a abrir un baúl de ropa vieja. Justo ese momento en que te sacude el olor a rancio mezclado con alcanfor, y te llega la náusea.
Como en la pasada gala de los Goya apenas le llovieron críticas al de Cultura (el mismo intérprete de ‘El novio de la muerte’), nos olvidamos del cine.
Ya lo dijo Berlanga: “El cine español no necesita un legislador. Necesita un buen traductor de francés para poder aplicar la normativa de su Centro Nacional en España de forma literal”.
Lo ha tenido muy fácil Méndez y lo ha dejado pasar. Cuando hace unas semanas se estrenaba la necesaria ‘Campeones’, de Javier Fesser, Francia ya había anunciado que se proyectaría en las escuelas galas. Aquí, ni palabra al respecto. Qué buena oportunidad desperdiciada para la educación en valores positivos y no discriminatorios. Un primer paso para atajar toda esta pseudocultura de los valores tradicionales que, la mayoría de las veces, han dejado de serlo.
Para ponernos a la altura de Francia nos ha faltado durante décadas una política cultural decidida y voluntariosa que posibilitara la entrada del cine en el sistema escolar, pero poco se hace salvo reconocer las carencias y suplirlas con rezos en vez de ejercicios deliberados de descubrimiento.
En fin, que nos falta tradición, carecemos de empuje y aquí casi nunca pasa nada salvo el tiempo. Lo reconoce la Academia de Cine: los alumnos del siglo XXI están expuestos continuamente al lenguaje audiovisual, pero hasta el momento el sistema educativo español no ha integrado el cine como objeto de estudio, recurso didáctico y medio de expresión.
Ni cine, ni escuela, ni educación. Lo que importa es que queda un mes para el Mundial de Fútbol. Entonces nos olvidaremos de la manada, de la mafia madrileña y de las pensiones. Perdemos todos.

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El Norte de Castilla

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