El Norte de Castilla
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True Detective: cuando Sherlock encontró a Nietzche
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María Eugenia | 04-07-2014 | 08:51

True Detective sabe a aluminio y ceniza. Y es la serie de año. Lo más curioso es que ha cumplido con las expectativas iniciales, esas que se dispararon cuando el mundo se enteró que la protagonizarían Woody Harrelson y Matthew McConaughey (también productores ejecutivos). Otra serie que se ha seguido con reverencia en las redes sociales (como Perdidos y la más reciente todavía Breaking Bad) pero True Detective tiene un carácter muy propio, es cine sin dejar de ser televisión, o es televisión hecha cine.

Hay muy pocas cosas de True Detective que no se hayan dicho ya. A mi ni siquiera que se me ocurren. Repetir lo ya dicho hasta la extenuación. ¿Me pondré aquí a hablar de sus referencias? ¿Nietzsche y Schopenhauer? ¿Lovecraft, Poe y sus ‘alumnos’? ¿Carcosa y el Rey Amarillo?, pero si tiene hasta una referencia a un cómic de Allan Moore.

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Vale. El final no da todas las respuestas. Como los protagonistas de los relatos de Lovecraft no llegan al fondo de la cuestión porque hay actuaciones humanas fuera de la comprensión humana. Aunque en este caso no caen en la locura sino que salen (algo) de ella.

¿Contaré lo de su atmósfera desesperada? Su ambientación en la América más profunda, la de los pantanos y los huracanes, es un acierto. Solo entre petroleras y caimanes se entiende esa dejadez por las víctimas más invisibles: las mujeres y los niños. Usados y asesinados por hombres más fuertes, más poderosos, más ricos y mucho más malvados. True Detective es coherente. Esas víctimas no tienen cara, son casi un sueño o más bien una pesadilla gótica. De hecho, ya ni me acuerdo de la pinta que tenía Dora Lange. Y eso da miedo.

A lo mejor es más fácil explicar que la serie  hasta me ha provocado algo de insomnio. Del desasosiego que produce el saber que la vida es una nada (aunque el final sea más optimista que eso) Solo otro fin me dejó tan mal sabor de boca, y algo de inquietud, el de El Señor de los Anillos, pero una cosa es la melancolía y otra es que te revuelvan las tripas.

“Creo que la conciencia humana fue un trágico paso en falso de la evolución. Nos volvimos demasiado conscientes de nosotros mismos, la naturaleza creó un aspecto separado de ella, somos criaturas que no deberíamos existir de acuerdo a la ley natural. Somos cosas que funcionan bajo la ilusión de tener un ser propio, una acumulación de experiencias sensoriales y sentimientos, programada para asegurarnos que somos alguien, cuando en realidad nadie es nadie. Quizás lo más honorable que podríamos hacer como especie es negar esa programación, dejar de reproducirnos, caminar de la mano hacia nuestra propia extinción, una última noche, hermanos y hermanas, excluyéndonos voluntariamente de un contrato injusto”.

Suscribo taaaanto esa parrafada. +citas Aquí y aquí

Y ahí están los detectives Rust Cohle (Matthew MacConaughey) y Martin Hurt (Woody Harrelson). A lo clásico, porque True Detective sería una serie de polis y crímenes, porque en el fondo, True Detective es un enorme cliché al que su planteamiento de  los detalles hace diferente.

Que la serie es lenta. Pues sí. Que la serie es densa como una gran obra literaria. También. Reconozco que continué viéndola a pesar de que los primeros capítulos son de difícil digestión (toda la serie lo es, pero no por lenta o densa, sino por la violencia moral desatada) porque me enamoré de Rust Cohle. Es el personaje: torturado por la muerte accidental de su hija que él mismo provocó, atormentado por las visiones que le producen las drogas, sumido en el alcohol, obsesivo pero profundamente inteligente y pesimista. A McConaughey le he declarado amor eterno como ya lo hice en su día con otros: David Tennant, Benedict Cumberbatch, Peter Dinklage, Brian Cranston…

La transformación de Cohle a lo largo de 17 es magistral y no le voy a cantar más alabanzas a McConaughey que ya ganó el Oscar este año (y porque después te enteras de que escribió un documento de 450 páginas  sobre el personaje y después que fue él mismo el que pidió el papel). Eso sí, la degradación física reflejada como degradación intelectual está muy bien traída porque se dice en un momento dado “es un tío que ha vivido más de lo que esperaba”.

Además porque Woody Harrelson también está espectacular. Lejos de ser el Watson de Sherlock el detective Hurt es un hombre que se miente a si mismo y a los demás. De cara a la galería es el americano medio y feliz. De puertas para dentro sus problemas conyugales le estallan en la cara mientras él es infiel a su mujer. Su hija mayor se le va de las manos. Hurt es ese hombre padre de familia ‘modelo’ estricto hasta lo autoritario, recto en su juicio hacia los demás (piensa que es mejor que su compañero porque él tiene una familia). El problema es que todo es mentira y todo se desmorona.

Como Colhe tiene una especie de catársis al final y se da cuenta de que ha estado engañándose toda su vida y se ha convertido en el hipócrita tan habitual en Norteamérica: la famosa doble moral. Tanto uno como el otro acaban asumiendo lo que son. Hurt aprende a aceptarse. A que su familia siempre será su familia. El encuentro con su ex y sus hijas en el hospital es magistral. Explicar en unos segundos la angustia y la liberación. “Estoy bien” repite mientras llora. Porque no. Al otro lado está Colhe. Ve la luz y la felicidad cuando está al borde de la muerte para pensar que al fina la vida no sea tan horrible.

La misoginia… o no

A la serie se le han lanzado acusaciones de machismo y misoginia. No tengo yo muy claro que en una serie en el que los personajes femeninos son casi inexistentes se le puede acusar de nada. Las pelis o series en las que las mujeres sean protagonistas no tienen porqué llevar una carga de odio hacia el sexo contrario.

Es verdad, que a mi me llegó al alma, el uso que hace la mujer de Martin del compañero de su marido para que éste la abandone de una vez por todas. Me llama la atención la falta de corazón de esta mujer al meter en un jardín selvático a Colhe. Peeero más me llama la atención la actitud de él. Con una inteligencia superior a la media sabe lo que Maggie quiere hacer y le deja. Es que no entiendo. Y eso que él mismo reconoce a su compañero, años más tarde (en un momento muy Sartre), que todos SIEMPRE tenemos la capacidad para elegir y que él lo eligió aunque no explica el porqué. El momento es un pequeño reproche a si mismo pero sobre todo a su compañero. Martin que se autoengaña continuamente con su supuesta felicidad y vida perfecta. El caso es que si ella queda como una zorra sin corazón (o una mujer harta de que su marido le engañe y le mienta) ¿dónde queda él?

 Opening y plano secuencia

Reseña que lees, reseña en la que sale a relucir el tema del ‘opening’: que si refleja muy bien el espíritu de la serie, que si la música acompaña perfectamente… da igual. True Detective no deja de ser una serie de HBO y HBO cuida las aperturas como nadie solo hace falta recordar y son infinidad: Carnivale, Roma, Juego de Tronos… ¡hasta True Blood!

Otro tema recurrente y manido es el plano secuencia con el que se cierra el cuarto capítulo (a falta de revisar la serie entera creo que es el capítulo que más me gusta) Además de ser un recurso muy poco utilizado en las series de televisión, por culpa, en gran parte a un tema tan superficial como el tamaño de la pantalla, porque los 6 minutos que dura son impecables. Puede que decir que True Detective es una obra maestra (sí será una serie de culto) sea exagerado pero todo lo que se diga de esos seis minutos se queda corto. El plano necesitó 13 intentos para culminarse, bien por interrupciones, bien porque el director, Fukunaga quería la perfección.

No puedo terminar esto sin mencionar a Nic Pizzolato, por cierto, nacido en Nueva Orleans (algo que tiene bastante importancia en este caso), creador de esta serie y de ‘The Killing’ también novelista y se nota. En True Detective escribe todos los capítulos. Cary Fukunaga dirige todos los capítulos, algo poco habitual en las series norteamericanas. Probablemente, por eso, True Detective tiene una coherencia y una continuidad dignas de mención.

También está esa maravillosa distopía entre lo que cuentan en los interrogatorios de 2012 y lo que realmente pasó. Sobre todo, cuando el tema que se trata es el asesinato en la cabaña de los primeros dos sospechosos que encuentran. Llevados por la ira al encontrar a varios niños secuestrados matan a los dos hombres y encubren el crimen argumentando un tiroteo que jamás existió.

 Y ahora viene cuando le matan: Caso real

Piel de pollo que se te queda cuando sabes que lo que se cuenta está basado en hechos reales. La pista la dio el mismo Nic Pizzolatto. En una entrevista a Entertaiment Weekely  le dijo al periodista que “Buscad en Google  ‘Satanism’, ‘preschool’ y ‘Louisiana‘”. El New York Times publicó una noticia titulada “Sex charges follow a church’s collaps”  en la que cuenta como una iglesia de Lousiana se llevaban a cabo las prácticas que se explican en True Detective. Resumiendo el texto del NYT: explica como miembros de la iglesia de Hosanna, situada en Ponchatoula celebraban ritos paganos bajo el manto de todo tipo de símbolos satánicos en los que participaban animales y niños. Estas prácticas satánicas estaban plagadas de abusos sexuales.

La sinestesia 

Un tema curioso es la sinestesia (literalmente del griego sensaciones mezcladas) de Rust Colhe. La sinestesia consiste, básicamente, en mezclar los sentidos. Varios ejemplos. El primero es extremo. En ‘Mentes Criminales’ uno de los asesinos ve las palabras que pronuncian los demás de colores y según el color en las vea los valora: mentirosos, asesinos, buenos, etc. Y los mata o no en función de eso. Pero no tiene que ser tan extremo. En el caso de Colhe lo que hace es al revés, saborea los colores, por eso cada vez que pasa cerca del asesino (el hombre spaguetti) dice que sabe a aluminio y ceniza.

Otro ejemplo más de andar por casa y que demuestra que casi todo el mundo tiene algo de esta facultad. No se donde lo vi pero viene al pelo. Pensad en una vocal, por ejemplo la a. ¿A qué color lo asocias? En mi caso al rojo, sin duda, igual que asocio el amarillo con la i. Es algo automático, involuntario. Pasa hasta con algunas personas. Mi hermana es azul, mi madre es blanco.