Pimpampum

A perro flaco, todo son pulgas. Era previsible que la debilidad de España iba a infligirnos dolor. Los depredadores tienen el olfato más desarrollado que nunca y aprovechan para hincar el diente en las presas fáciles. Los argentinos tienen un verbo muy florido, pero a la hora de elegir a sus representantes yerran por vocación. Los años en que Carlos Menem ocupó la presidencia del país fueron un escándalo. Argentina asistía al saqueo de la riqueza nacional, que se desangraba a borbotones. Joyas como YPF o Aerolíneas Argentinas cayeron en manos españolas, a cambio de llenar los bolsillos de quienes detentaban el poder desde la Casa Rosada. Nuestras empresas desembarcaron allí cual caballo en una cacharrería, aligerando la mordida convenida y ordeñando como nadie la coyuntura trazada por la corrupción política. A favor de nuestra industria hemos de decir que contribuyó a la modernización del país, gracias a la inversión en infraestructuras básicas.

España apostó por aquel mercado, pero siempre se escuchaban voces altisonantes contra nuestros empresarios, en una mezcla de complejo de inferioridad y neocolonialismo. Hoy el país está en manos de una mística muñeca de plástico que es manejada por tecnócratas malcriados y una banda de pelotudos. Desde España los ministros amenazan con sanciones, que siempre quedan bien ante las cámaras. Pero es inútil desencadenar una guerra verbal, en la que saldríamos perdiendo quienes más tenemos que perder. Al conflicto, añadamos la enorme población de argentinos que residen en España y los españoles o sus descendientes del otro lado. Para acabar de redondear la ineficacia de las amenazas de nuestro Gobierno, recordemos que la prioridad debe ser preservar los intereses de las empresas que operan en territorio argentino, que son muchas y enormes. A la sociedad privada Repsol no le queda otra que dirimir en los tribunales el coste del justiprecio de esta burla populista. Troquemos lágrimas por neuronas y seamos pragmáticos. ¿O es que vamos a fletar otra Armada Invencible?  

Publicado en El Norte de Castilla el 18 de abril de 2012

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  • Cari

    Poco o muy poco podremos hacer para que esa muñeca populista se entere de lo que vale un peine, más que nada porque pocos peines tenemos nosotros para peinarles en el asunto en cuestión. Los mensajes de nuestros ministros poca o ninguna mella habrán hecho en el gobierno argentino.

    Roberto dices: “cual caballo en una cacharrería”, ¿es dicho no es, elefante en una cachararría, acaso un lapsus?.

    Pero quizá mejor dejemos los elefantes a un lado ;-)

    Saludos.

  • Roberto Carbajal

    Cari: Tienes razón en que el dicho es “elefante”, pero como sé que sigues la actualidad, la semana pasada hubo demasiados elefantes por todas partes, y para no saturar preferí elegir un caballo, animal que por otra parte me encanta y que abunda en la Pampa argentina.

    No obstante, gracias por la observación. Te aseguro que volverá a suceder con otro dicho cuando toque, si te parece bien. Más que nada para desengrasar un pelín.

    Un saludo.
    Roberto

  • Cari

    Creo, me parece, observo que mi observación no ha sido bien acogida, más que nada por esto” No obstante, gracias por la observación. Te aseguro que volverá a suceder con otro dicho cuando toque, si te parece bien”
    Lo siento, a mi me parece bien todo, sólo me llamó la atención el caballo que me gusta y mucho también, bueno para qué engañarme, me gustan los animales, demasiados elefantes, demasiados animales huyendo despavoridos de los cazadores, sin oportunidad ninguna. Pero cuando toca, toca.
    Gracias por tu “toque de atención”, me lo pensaré mejor antes de opinar en libertad, más que nada para no ofender cuando desde luego no es mi intención para nada.
    Y si, siempre me parecerá bien Roberto, en lo que nos dure esto de la libertad de expresión.

    Lo de la Pampa Argetina muy de actualidad también.
    Saludos

El Norte de Castilla

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