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La religión, otra vez
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Roberto Carbajal | 21-03-2017 | 19:13

La gente se complica la vida innecesariamente. Por ejemplo, las creencias religiosas siempre han arrastrado controversia por no aplicar la dosis adecuada de sentido común, al menos durante el periodo contemporáneo. La lucha por la preeminencia de una determinada fe no tiene ningún sentido en la época actual. Debe desarrollarse en el ámbito privado, en casa, en los templos o en los espacios adecuados a este sentimiento tan íntimo como indescriptible. La religión escapa a toda lógica científica, se trata de creer a ciegas sin hacerse ninguna pregunta. El hecho religioso de una creencia como la católica o cualquier otra no debería contemplarse en la escuela pública como una asignatura casi obligatoria y sufragada con dinero público, dado que España es un Estado aconfesional. La clase de religión católica que se aplica en nuestras escuelas públicas es una anormalidad, cuando no un chantaje. Este problema quedaría resuelto si en las aulas se explicara el hecho religioso, no importa qué tipo de opción, sino ciñéndonos a la religión como un fenómeno inherente al ser humano desde el principio de los tiempos en que se tiene noticia del fenómeno. La disputa tan controvertida sobre si la televisión pública estatal debe o no retransmitir la misa una vez a la semana es un debate sin sentido. Vacío porque siempre habrá quien la defienda o la rechace, con lo que nos colocamos en conversaciones bizantinas que no conducen a ninguna parte. La Iglesia católica cuenta con 13 TV, un canal que emite la mencionada misa y cuya señal llega a todas partes. Por tanto, a nadie se le priva de recibir su dosis semanal de liturgia cristiana. La televisión pública debe servir para formar e informar de la realidad religiosa de todas las opciones, derribando fronteras, desmantelando mitos y, por consiguiente, rescatar de la ignorancia al público. Todas las religiones deberían contar con un espacio didáctico, pues de este modo la convivencia resultaría mucho más saludable que en la actualidad, La ignorancia es la peor de todas las enfermedades, porque genera todas las demás.

Publicado en El Norte de Castilla el 22 de marzo de 2017

Sobre el autor Roberto Carbajal
Tenía siete meses cuando asesinaron a John F. Kennedy. De niño me sentaba en los parques a observar a la gente, pero cuando crecí ya no me hacía tanta gracia lo que veía. Escribo artículos de opinión en El Norte desde 2002, y críticas musicales clásicas desde 1996. Amo la música, aunque mi piano piense lo contrario. Me gusta cocinar; es decir, soy un esclavo. Un esclavo judío a vuestro servicio.

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