UN GLOBO, DOS GLOBOS, TRES GLOBOS

Publicado en El Norte de Castilla el 19 de mayo de 2017

Ha sido un homenaje sencillo pero necesario. Todo muy acorde con la figura de Gloria Fuertes. En la recién terminada Feria del Libro se dedicaron varios actos para recordar su figura y festejar el centenario de su nacimiento. Casi todos limitados al pabellón infantil donde ella tan a gusto se hubiera sentido. Allí se instaló una muestra que recorría la vida y obra de la poeta. De alguna forma, fue un viaje a nuestra infancia. La voz inconfundible de Gloria Fuertes resonando en el pabellón, los recuerdos en bandolera, un globo, dos globos, tres globos (Ábrete Sésamo mediante), niños alrededor gritando, riendo, revoloteando, la fuerza de los recuerdos, de la memoria, de la infancia. El poder de la poesía. Con ella nos empapamos durante un rato inolvidable, con versos que sabían a Gloria, con su voz peculiar que nos transportaba a la infancia, la vida es el globo donde vivo yo, etc. Algunas fotografías nos abrían los ojos sobre la importancia y compromiso de la poeta. Recitando, por ejemplo, sus poemas en un pueblo de la sierra de Madrid, porque ella iba por los pueblos, aldeas y provincias de España y a los que no compraban libros ella, humildemente, les llevaba su libro vivo en su voz. O Gloria Fuertes conduciendo una vespa y cargando en ella los libros de su pequeña biblioteca ambulante. Una foto, en concreto, llamaba la atención. Correspondía a las tachaduras propuestas a la obra “Aconsejo beber hilo” por parte del censor de turno. Un tipo resabiado y enfermo que se permitía suprimir poesías y hacer cambios inenarrables: senos los convertía caprichosamente en sueños, amores de segunda mano en amores del año pasado, “y me volví ramera” en “y volví”. Así, sin más, porque yo lo valgo y estoy enfermo. Cosas de censores de los que ni siquiera alguien como Gloria Fuertes se libró. Ni de ellos ni de los prejuicios. La oralidad espontánea y la popularidad televisiva la alejaron del patrón poético aceptado, especialmente de los poetas culturalistas. Eclipsada por su fama catódica, incluida parodia de Martes y Trece, no la tomaron en serio. Fue pacifista, ecologista, soltera, lesbiana, fumadora empedernida, castiza y popular. Lo tenía todo en contra para ser apartada/ninguneada/denostada por los grandes gurús que controlan el corralito cultural. Nunca es tarde, en fin, para sanar heridas a poetas malditos.

 

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El Norte de Castilla

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