COLORÍN, PINGAJO Y HAMBRE

mariluzPublicado en El Norte de Castilla el 20 de abril de 2018

Con el Día del Libro a la vuelta de la esquina, regresa a casa Alejandro Cuevas. A Pucela, a Difácil y a la literatura. Llevábamos muchos años sin degustar alguno de sus exquisitos manjares literarios, como aquellas joyas del absurdo y la ironía (“La vida no es un auto sacramental” o “La peste bucólica”) que encumbraron a Alejandro Cuevas al altar de las jóvenes promesas de la literatura patria. Queda muy lejos ya el 2004 de “Quemar las naves” y mucho más lejos queda Florida, donde lleva atrincherado desde hace cuatro años. “Colorín, pingajo y hambre”, eso decía Max Estrella que eran las letras en este país. La cita de “Luces de bohemia” sirve como pórtico de entrada al universo que nos regala Alejandro Cuevas en “Mariluz y el largo etcétera”. No puede ser más apropiada. En el fondo y en la forma. Valle Inclán está muy presente. En el esperpento y en los espejos deformantes del callejón del Gato. Las historias de Alejandro Cuevas son locas y melancólicas a partes iguales. Una especie de deformación de la realidad en clave slapstick, poliédrica, parabólica y de imaginación extrema. De la risa a la desazón sin solución de continuidad. El humor utilizado como instrumento para lanzar mensajes brutales. Todo ello con una prosa ácida y corrosiva capaz de comerte los intestinos (Cuevas es capaz de hacerlo incluso recitándote un monólogo de Groucho Marx). Extraterrestres, parejas en crisis, personajes inadaptados, relatos delirantes que no son otra cosa que un listado de sucesos estrambóticos, futuros desoladores en los que los protagonistas acaban convertidos en caballitos de madera dentro de un desbocado tiovivo cósmico, niños superdotados incapaces de enfrentarse a emociones básicas, personajes que sueñan con mudarse a una novela romántica, parejas que comparten toda una vida aunque sus corazones son dos diminutos planetas distantes, gente que se ha perdido la fiesta por quedarse acurrucada en un rincón. De todo ello hay en este memorable libro de relatos. Eso junto a frases lapidarias, humor negro, existencialismo ácido y una prosa de rayos C brillando cerca de la puerta de Tannhauser. Alejandro Cuevas es de esos tipos que primero dibuja el vuelo de un tigre y luego lo viste de lagarterana. Un maestro del humor capaz, a la vez, de arrancar el corazón de los murciélagos. Valle Inclán con un par de alienígenas en la chepa, o sea. Un verdadero lujo. Qué bueno que regresaste.

LA GEOMETRÍA DEL DESPRECIO

cuadrado-lomasPublicado en El Norte de Castilla el 13 de abril de 2018

Cuadrado Lomas. El pintor de los colores planos. De la geometría paisajística. El de las inmensas llanuras castellanas. El de las tierras construidas, los verdes chopos, las rojas amapolas, las mulas, los palomares, las viñas. El de los cuerpos geométricos puros, los grandes y pesados paisajes de Castilla, los juegos de contrastes, los colores expresionistas, el gurú de la geometría que filtra todo como el aljibe de un alquimista en busca de la esencia, de la piedra filosofal en forma de grandes panorámicas de Tierra de Campos. El poeta que ha retratado como nadie el paisaje castellano de escuadra y cartabón. El pintor de gafas de gruesa montura, boina y luengas barbas. El mismo que el cineasta vallisoletano Arturo Dueñas retrató en el memorable documental “Tierras construidas”. En aquella ocasión, el pintor ya decía, entre resignado y socarrón: “Ahora, cuando ya me voy a morir, se acuerdan de mí”. Pues bien, esta semana se han vuelto a acordar de él. Le han concedido el Premio Castilla y León de las Artes. Lo han hecho tarde y mal. El pintor, con sus 87 años, su capa de genio mayor en la que todo resbala y su orgullo de castellano viejo, ha decidido renunciar al premio. “Un premio sin remuneración no es un premio” ha dicho algo harto del ninguneo perpetuo. Al pintor, tanto tiempo olvidado, le ha molestado especialmente que alguien, con la excusa de la crisis, decidiera retirarle la dotación económica a un premio tan prestigioso. A Cuadrado Lomas y a muchos de nosotros nos encabrona que los políticos digan que no hay dinero para algunas cosas (generalmente todas las que tienen relación con la cultura) mientras se despilfarra en otras muchas. No hay dinero para el premio a uno de nuestros últimos genios pero seguro que sí que había todo el dinero del mundo para el acto de entrega, comilonas, dietas y sursuncorda incluidos. Algunos, los que le han llamado pesetero, no han entendido nada. Ni siquiera la retranca con la que contestó a la Consejera diciendo que lo único que revalorizaría su obra sería que la Junta le comprase un cuadro y lo pagase bien. Todo, en fin, se reduce a lo de siempre. Al desprecio continuo que esta tierra tiene con sus artistas. Cuadrado Lomas está por encima de todo ello. La geometría de sus cuadros no armoniza, desde luego, con los colores del desprecio.

EL ARTE DE INSULTAR

twitter5Publicado en El Norte de Castilla el 6 de abril de 2018

Bernard Shaw odiaba a Churchill. A pesar de ello le envío dos entradas para el estreno de una de sus obras teatrales. Eso sí, lo hizo con una nota: “Para que venga con un amigo (si es que lo tiene)”. Churchill no tardó en responderle: “Me es imposible asistir al estreno, pero iré a la segunda función (si es que la hay)”. A veces no es necesario humillar para insultar. Otras veces el insulto se convierte en un auténtico arte. El insulto, en sí, no tiene por qué ser una grosería. Sobre todo cuando hay ingenio. También rapidez de reflejos. Al insulto hay que responderlo en unos segundos. Después se vuelve rencor. Hay auténticos artistas del insulto. El mundo de la literatura es un ejemplo. Todos conocemos las broncas barriobajero-poéticas entre Quevedo y Góngora. El Siglo de Oro era un campo de batalla donde el insulto adquiría galones artísticos. El Quijote es toda una fuente de insultos. Villano ruin, bellaco descomulgado, gañán, faquín, belitre, socarrón de lengua viperina, desagradecido, hideputa bellaco, son algunos insultos amontonados en apenas cinco líneas en el capítulo XXX. Y así hasta el infinito. Otra fuente de insultos gira alrededor del fútbol. El nivel ya no es el mismo. Al menos eso me parecía hasta hace bien poco. Tras la reciente derrota de Argentina ante España los argentinos se han revelado como dignos herederos del Siglo de Oro más belicoso e ingenioso. En pocas horas las redes sociales se llenaron de insultos pero también de admiración por el ingenio que los argentinos derrocharon para escupir su malestar. Dos fueron los objetivos principales. A uno le echaron en cara su exceso de peso y lo hicieron con finuras tales como terrorista de choripanes, cementerio de canelones, arruinador de alegrías, gordo hijo de una camionada de porongas infinitas; con el otro se cebaron en su calvicie: flequillo de carne, cabeza de desodorante de roll-on, tobogán de piojos, hijo de un sistema solar rebosante de putas. Incluso pedían a Twitter mayúsculas más grandes para seguir insultando. La gente, en fin, se rindió al derroche de talento insultando de los argentinos. Bueno, fútbol y literatura, literatura y fútbol. Podemos tirar de insultos. Lo malo es cuando la vida te da un corte de mangas y te faltan insultos para enfrentarte a ella. En esos casos, ni los insultos del Quijote ni los de los argentinos enfurecidos nos sirven.

NOTAS Y NOTABLES

ebau3Publicado en El Norte de Castilla el 30 de marzo de 2018

Hablan de un incidente universitario. Partidos políticos y panzers mediáticos opinan lo contrario. Huelen la sangre. Buen momento para tirar de la manta y sacar los colores a la enseñanza superior. A la falta de transparencia. A la corrupción universitaria. A las injusticias. El asunto Cifuentes, o sea. Alumnos que dicen que no la vieron ni un solo día por las clases. Un par de notables en diferido. Una rueda de prensa de tres tipos con cara descompuesta. Una universidad con rector plagiador. Y, a día de hoy, el Trabajo Final de Máster missing. Tal vez desaparecido en el formateo a tutiplén de Génova. O quizá aparezca en cualquier momento. Puede que algún becario lleve unos días escribiendo a toda pastilla. Es lo que pasa cuando se lleva al extremo la obsesión por los títulos pasando por encima de quien sea y sin valorar las consecuencias. Lo peor de todo es pensar que si hacen esto por una mierda de máster qué no harán en otras facetas de la vida política. La Universidad, en fin, en el ojo del huracán. Precisamente hace una semana los alumnos de Castilla y León se levantaron en armas. Se quejan de tener la Evaluación de Bachillerato para Acceso a la Universidad (EBAU) más dura de España. No piden rebajar el nivel, sólo exigen una EBAU justa y única para evitar que les arrebaten las plazas en su Comunidad Autónoma estudiantes provenientes de otras comunidades donde se inflan las notas descaradamente. Ciudadanos ya había advertido de que las notas de ciertas comunidades no se corresponden con la calificación del Informe PISA. El procurador socialista José Francisco Martín dice que el “gobierno regional más tonto de España” elabora las pruebas más complicadas de todo el país: “Antes echábamos a los estudiantes mejor preparados una vez que habían terminado la carrera y ahora les echan antes de empezar”. Curiosamente algunas de las comunidades beneficiadas con esta política injusta de reinos de taifas son socialistas. Se lo tendrían que mirar. En todo caso, esto sólo pasa aquí. En esta tierra, por ser tan honestos, quijotes, decentes y puros, nos vamos a morir de asquito e inanición. Pasa en todos los órdenes. En el universitario, en el político, en el cultural. ¡Hasta en el fútbol! No quejarse. No beneficiar a los de casa por el qué dirán. O, peor aún, beneficiar a los de fuera para demostrar nuestra infinita pureza. Pues eso: el ADN castellano.

 

PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD

va4Publicado en El Norte de Castilla el 23 de marzo de 2018

Esta semana ha estado protagonizada por los actos conmemorativos del V Centenario de la expedición de Magallanes y Elcano. La primera Vuelta al Mundo. Aquí, en Valladolid, comenzó todo con la firma de las capitulaciones entre el rey Carlos I y Fernando de Magallanes. Se puede decir que aquí empezó la primera globalización. Este mes de marzo, además, han tenido lugar diversos actos encaminados a que se reconozca a Valladolid como Patrimonio de la Humanidad de la Unesco. La propuesta supramunicipal, que incluye a la capital y a 12 municipios, se sustenta en el cambio de criterios de la Unesco para conceder esta importantísima distinción. Si antes era el patrimonio monumental el que inclinaba la balanza ahora la Unesco pone el acento en el valor del Paisaje Urbano Histórico, de tal manera que tan importante como los monumentos es la vertiente inmaterial, el poso histórico de la candidatura. Y en esto Valladolid tiene todos los ases en la manga. Valladolid fue el centro de un imperio. Durante años, la capital del mundo. Desde la secreta boda de los Reyes Católicos en el Palacio de los Vivero hasta el fin de los Austrias aquí se produjeron hechos extraordinarios. Con Carlos I, con el vallisoletano y todopoderoso Felipe II, con Felipe III, que trasladó la capital a Valladolid, donde nacieron sus hijos Felipe IV y Ana de Austria, la reina de los mosqueteros, esposa de Luis XIII de Francia y madre del Rey Sol. Por nuestras calles vagan las sombras de Cervantes, Lope, Quevedo, Góngora y todos los grandes. Seguir sus huellas es un privilegio. Eso sin contar con los castillos, los monasterios, los palacios, la Semana Santa y su museo al aire libre (reflejo de un patrimonio artístico único), el Tratado de Tordesillas, el Archivo de Simancas… La memoria de un imperio, en fin. La historia del mundo no sería, desde luego, la misma sin Valladolid. Muchos pucelanos no valoran su ciudad. Por dejadez, por humildad, por desconocimiento, por estupidez. Sólo mezquinos egos pueden tumbar esta propuesta. Algunos ponen trabas. Lo ven todo negro. Como ese mismo negro, símbolo de elegancia y distinción, que se convirtió en moda desde Valladolid. Delibes dijo algo así como que aquí tenemos más historia que piedras, más significado que espectáculo. Y no nos falta un monumento emblemático. Nuestro principal monumento es la Historia. Y en Historia nadie nos gana.

 

 

 

LLAMANDO A LAS PUERTAS DEL CIELO

patgarrettybillythekidPublicado en El Norte de Castilla el 21 de marzo de 2018 (Suplemento especial Bob Dylan)

En el principio fue la película. El cine. El trabajar con uno de los grandes. Sam Peckinpah había rodado la memorable “Grupo Salvaje” y volvía a la carga con otro western. El nuevo proyecto llevaba el título de “Pat Garrett and Billy the Kid” y Kris Kristofferson (encargado de interpretar a Billy el Niño) y el guionista Rudy Wurlitzer convencieron a Bob Dylan para que hiciese alguna pequeña contribución a la película. Tras leer el guion, el bardo de Minnesota se enamoró hasta tal punto del proyecto que se presentó en Durango, donde había empezado ya el rodaje, con la guitarra en bandolera. Sam Peckinpah no estaba al tanto de ello y cuando su guionista le comentó que Bob Dylan estaba allí para enseñarle lo que había compuesto, graznó malhumorado: “¿Quién demonios es Bob Dylan?”. Eso a pesar de que, para entonces, Dylan ya había editado 11 discos y era poco menos que una leyenda. De mala gana aceptó recibirle, se sentó en su mecedora y dejó que Dylan cantase para él un par de temas que había compuesto pensando en el film. Poco después, el director salió con gesto áspero y sólo dijo: “Maldito crío… ¡Alistadle!”. Y eso significaba el contratarle para que compusiese la banda sonora completa del film. A cambio, Dylan pidió que le dejasen interpretar un pequeño papel. A Peckinpah no le agradó nada la idea pero, tras interceder Wurlitzer y comentarle que podía añadir al guion un nuevo personaje  inspirado en un compinche de Pat Garrett, el director acabó aceptando a regañadientes.pat-garrett-e-billy-the-kid_1

Dylan pasaría dos duras semanas en Durango rodando la película e interpretando el papel de Alias, un experto en lanzar cuchillos que se une a la banda de Billy el Niño. Dylan pasa de puntillas interpretando a un personaje silencioso, que observa, asiente y calla (tampoco le vamos a pedir una interpretación a la altura de Marlon Brando) aunque es digno de reseñar su primer encuentro con Pat Garrett y la conversación entre ambos. El forajido le pregunta: “¿Tú quién eres?” (que nos recuerda a la pregunta que hizo el propio Peckinpah al oír hablar de Bob Dylan), a lo que Alias contesta: “Esa es una buena pregunta”. En fin, más allá de problemas y desencuentros, el resultado final es un western inolvidable que narra los últimos días del famoso Billy el Niño; un western crepuscular que habla del final de una época, de los códigos de honor que cambian, de los nuevos dueños del mundo que no son mejores que los forajidos. Un film tan hermoso y triste que a veces duele. Y duele porque comprendes que los viejos tiempos de libertad y amistad tienen los días contados. Como anécdota final (y como ejemplo del difícil carácter del director) recordar la anécdota según la cual una complicación en las lentes hizo que las imágenes se vieran difusas. Al visionar por la noche lo rodado ese día, Sam Peckinpah se enfureció, se levantó, se dirigió a la pantalla y se sacó delante de todo el mundo el pene. Genio y figura hasta la sepultura el viejo Sam.

 

El discreto encanto de los discos malditos

Mientras concluía el rodaje de la película, Dylan se recluyó en los estudios de Columbia en Ciudad de México junto a un puñado de músicos mexicanos más otra gente experimentada como Roger McGuinn (The Byrds) o Booker T. Jones. Las sesiones de grabación parecían ir viento en popa hasta que apareció por allí Jerry Fielding, el compositor habitual de las películas de Peckinpah. De inmediato, los dos músicos chocaron y Dylan no aceptó ninguna de las ideas de Fielding, aunque sí que contempló la recomendación que éste le hizo para que terminase una canción que estaba esbozando y que acabaría siendo “Knockin’ on heaven’s door”. La banda sonora se publicaría finalmente en julio de 1973 y, desde el primer momento, se convirtió en un disco maldito. Dylan llevaba tres años sin sacar nuevo material y todo el mundo esperaba otra cosa. Desde luego, no un disco casi por completo instrumental. Varias cuestiones han ido cambiando la percepción del disco hasta convertirlo en la verdadera joya que en realidad es. Por un lado la perfecta simbiosis con la película, con esa música melancólica, tremendamente descriptiva y totalmente apropiada. Ese rasgueo de la guitarra, esos coros turbadores, esa letanía pat-pecosblues-fconstante del tema titulado “Billy” en sus diversas versiones y, en fin, ese himno de “Knockin’ on heaven’s door” que acompaña el mito que rodea a uno de los western más impresionantes de toda la historia, un western crepuscular, sucio, violento, ambiguo y memorable. Por otro lado, la arqueología del disco en cuestión nos deja alguna que otra sorpresa. Han aparecido varios discos piratas que recogen las sesiones de grabación de la banda sonora, tanto en México como luego en los estudios Burbank de California (“Peco’s Blues”, “Lucky Luke”, “The Pat Garrett Sessions”) y con ellos alguna que otra joya oculta que no apareció en el disco así como distintas versiones de los temas más conocidos hasta convertirse en uno de los bootlegs favoritos de los frikis dylanianos.

 

El himno

Y sí, entre esas distintas versiones está la joya de la corona, la inmortal “Knockin’ on heaven’s door”. Sólo por esta canción, el disco de Dylan alcanza la categoría de legendario e imprescindible. Hablamos de una perla única, de una de las canciones más conmovedoras y conocidas del universo musical. Una canción que acompaña, además, uno de los momentos más emotivos no ya de la película sino posiblemente de toda la historia del cine. En ella, el sheriff Parker es herido mortalmente justo en la hora mágica, al atardecer, cuando se ha puesto el sol pero todavía hay una hermosísima luz. El sheriff se acerca al riachuelo y se queda mirando de rodillas al horizontepat mientras siente que la vida se le escapa. Su mujer, la gran Katy Jurado, le acompaña en silencio, con lágrimas en los ojos, mientras suenan susurros de plata e incienso en la voz rota de Dylan: “Mujer, quítame esta placa, ya no puedo usarla más, se hace tarde, está demasiado oscuro para mí, me siento como llamando a las puertas del cielo”. Dicen que mientras grababan el tema, con las imágenes del film al fondo, los músicos no paraban de llorar…

En fin, para terminar señalar que este himno atemporal y grandioso ha sido versionado por medio mundo. De hecho, las nuevas generaciones piensan que esta maravilla pertenece a Guns N’Roses, quien tras incendiar los estadios con su versión rockera la incluyeron en su álbum “Use your Illusion II”, y los más jóvenes atribuyen la autoría a Avril Lavigne, que también versionó en su día la joya dylaniana. Hablamos de versiones que incluso se han hecho más famosas que la original, aunque sólo sea por cuestión generacional. Citar otras versiones, igualmente destacables, puede ser tarea homérica. La propia esencia de este himno la ha convertido en canción ideal para la épica de estadios y con ella se produce una comunión entre público y cantante como probablemente no se haya dado ni se dé nunca con otra canción. U2, Eric Clapton, Grateful Dead, Aerosmith, Bryan Ferry, Neil Young, Roger Waters, Antony and the Johnsons, Tracy Chapman, Sister of Mercy, Nazareth o Bon Jovi lo saben bien. También nuestro Luis Eduardo Aute quien, a mayores, dedicó una preciosa canción (“Cinco minutos”) a Katy Jurado con referencia explícita al film de Peckinpah. Eso sin olvidar la versión de Ted Christopher que consiguió, además, que Dylan le dejase añadir unos versos en memoria de los 16 niños asesinados en la masacre de un colegio en Escocia. Una emotiva versión que incluía un coro con los niños del mismo colegio además de la guitarra de Mark Knopfler… De todas formas, sobra decir que la única, la verdadera “Knockin’ on heaven’s door”, es y será siempre la cantada por Bob Dylan, sobre todo la que viene flordelisada con las imágenes memorables, conmovedoras e inolvidables del sheriff Parker muriendo junto al riachuelo en “Pat Garrett and Billy the Kid”. Un monumento que pertenece a nuestra memoria sentimental y con tanto o más valor que esas catedrales donde se lloran los amores perdidos.

LOS TIGRES DE MOMPRACEM

los-tigres-de-mompracemTodo el mundo conoce la historia de Sandokán. La hemos visto en películas y series, hemos leído sus aventuras cuando éramos jóvenes, apenas unos niños, hemos asaltado barcos junto a sus cachorros, hemos soñado con sus aventuras.

Los tigres de Mompracem es la primera obra del ciclo Piratas de la Malasia que trata sobre las peripecias del pirata malayo Sandokán. La novela tuvo varias versiones. Primero apareció por entregas en La Nuova Arena, entre el 1883 y el 1884, bajo el título La tigre della Malesia. Cuando Salgari le dio forma de libro en 1900, adquirió su nombre definitivo.

Sandokán, el joven príncipe malayo, al que asesinaron a toda su familia y que fue apartado del trono, antes de acabar pirateando al mando de un puñado de valientes y de instalarse en Mompracem. Desde allí, dirige a sus cachorros contra los ingleses, sabiamente aconsejado por su viejo amigo el portugués Yáñez de Gomera. Precisamente Yañez le habla de lady Marianna Guillonk, conocida como “la perla de Labuán” y a Sandokán le entran unas ganas irresistibles de conocerla. Tras una trágica expedición, Sandokán queda herido de gravedad yfinalmente pierde el conocimiento. Cuando despierta, se encuentra en casa de su gran enemigo, lord James Guillonk, y siendo cuidado por “la perla de Labuán”. Sandokán se hace pasar por un príncipe malayo y, de inmediato, surge el amor entre el pirata y lady Marianna. Pronto es descubierta su verdadera personalidad en el transcurso de una cacería. A partir de este momento una sucesión de peripecias y aventuras de todo tipo acercarán y alejarán a los dos amantes, todo ello envuelto en multitud de lances apasionantes que convierte la lectura de estas novelas en una experiencia inolvidable, tal vez porque te

Pues eso, una delicia regresar a los héroes de nuestra infancia. Sandokán es uno de los héroes más luminosos y rebeldes de nuestra literatura. Uno de los primeros héroes completamente humanos, alguien que no era precisamente invencible, y que continuamente estaba siendo derrotado, con sus barcos hundidos y su tripulación fuera de combate. Un héroe real e inolvidable, romántico y memorable.

AKÚSIDE

akuside4Publicado en El Norte de Castilla el 16 de marzo de 2018

Uno se hace mayor y va necesitando de ciertas alegrías para soportar el largo y habitualmente yermo sacerdocio literario. Por eso he abierto una botella de buen vino para celebrar la concesión del Premio de la Crítica de Castilla y León a “Akúside”, de mi compadre Ángel Vallecillo (ex aequo con “Los refugios de la memoria”, de José Luis Cancho). Llevo tantos años diciendo que Vallecillo es uno de los novelistas más prodigiosos e imaginativos de la escena actual, tantos años contemplando la dejadez y la ceguera de editoriales, agentes literarios y demás fauna del Parnaso, que uno no acaba de creerse que, por fin, le llegue el reconocimiento. Desde la poliédrica y visionaria “Colapsos” al western shakesperiano de “Bing Bang Wilko Wallace” pasando por la memorable e incomprendida “Hay un millón de razas” y sin olvidar el resto de sus obras, todo lo que toca Vallecillo, tal vez porque posee una imaginación para crear personajes e historias sin igual, resulta fascinante. Hablamos de un tipo que escribe con el cuchillo entre los dientes, dueño de una prosa cortante y precisa como el bisturí de un cirujano, alguien capaz de escupir las palabras como puñetazos y, en el mismo párrafo, noquearte con un chispazo poético inigualable. Todo cabe en la mágica coctelera de Vallecillo. Y de todo ello hay en “Akúside”, una obra peculiar, enigmática y diferente con una estructura muy original. Una novela distópica que nos habla de un país imaginario y salvaje, un libro sagrado con 30 pequeñas historias que comienzan y terminan igual, las memorias de Axíamaco, general de las tropas akusaras, y muchas cosas más envueltas en frases llenas de delitos y tatuajes. Todo tan simbólico y revelador que con su lectura acabas sintiendo el vértigo de la belleza de las vidrieras góticas. Eso es “Akúside” y ese es Ángel Vallecillo. A su lado, en este camino de diamantes tantas veces áspero y deprimente, su editor de cabecera, César Sanz. Especial alegría también por el reconocimiento que, tras 20 años de lucha, va llegando a la pequeña y heroica editorial vallisoletana Difácil. Es de suponer que aquellos que ningunearon e incluso se mofaron de los jóvenes editores que la pusieron en marcha estén hoy con la cabeza escondida bajo la Enciclopedia Británica. Otros, en cambio, alzamos “Akúside” en señal de victoria. Porque quien más gana con este premio es, sin duda, la Literatura.

KARIM Y EL HORROR

siriaPublicado en El Norte de Castilla el 9 de marzo de 2018

Llevo unos días buscando a Karim para saber qué ha sido de él y no encuentro nada. Algunos se acordarán. Karim se convirtió en las navidades pasadas en el nuevo símbolo de la Siria castigada. Un bebé de dos meses que fue herido por fuego de artillería en un mercado de Guta Oriental, región aledaña a Damasco sitiada por las fuerzas de Al-Asad. Aquel ataque mató a su madre y otras muchas mujeres. Diez días después, Karim fue víctima de otro ataque en el que la metralla le provocó una fractura de cráneo y la pérdida del ojo izquierdo. Su nombre se unió al de otros 137 niños para los que UNICEF pedía una evacuación inmediata. Desde entonces, no sabemos nada, salvo que muchos de los que estaban esperando ya han muerto. Las imágenes de los últimos ataques son desoladoras. Un centenar de muertos en un solo día, la cifra más alta en tres años. Entre las víctimas, 20 niños. UNICEF ha presentado un comunicado que ha dejado finalmente en blanco. Un portavoz se limitó a declarar: “no hay palabras que hagan justicia a los niños asesinados”. Las imágenes de los niños heridos y muertos les dejaron sin palabras. ¿Los que infligen este sufrimiento todavía tienen palabras para justificar sus actos bárbaros? El hambre como arma de guerra. Restricciones de entrada a productos básicos y medicinas. Treguas humanitarias que nadie cumple. Uso de armas prohibidas. Aumento en un 300% de niños asesinados y mutilados. Y Siria el lugar más peligroso para los niños según el último informe de Save the Children. Al Asad lo niega todo. Mientras tanto, los proyectiles de Damasco y Rusia no paran de masacrar a la población civil. Uno no sabe de quién es la culpa tal vez porque los culpables somos todos. Los organismos internacionales incapaces de parar la sangría. Los que sueltan las bombas. Los que mandan. Los que miran a otro lado. Y también los que escupen bilis por las redes y tiran balones fuera en forma de bombas. Ni en Raqqa ni en Mosul había fotógrafos, dicen. O comentarios tan miserables como: “De los creadores del niño muerto a la orilla del mar llega el bebé tuerto. Le falta un gatito recién nacido para ser más impactante todavía”. Hay gente con el alma helada y sin sentimientos. A pesar de  ellos, es hora de acabar de una vez con los mataderos de niños en Siria y en todos los demás lugares del planeta. Ya es hora de acabar con el horror. Con el infierno.

NEOPURITANISMO Y CENSURA

censoredPublicado en El Norte de Castilla el 2 de marzo de 2018

Te despiertas y apareces en los años sesenta. O sea que los Alcántara te adelantan por el carril de la derecha y ni te das cuenta. Al rapero Valtonyc le echan tres años y medio de cárcel por un quítame allá esas rimas. Una jueza ordena secuestrar “Fariña”, el libro de Nacho Carretero sobre el narcotráfico, tras la denuncia de un alcalde gallego. En Arco, después de 37 ediciones, retiran una obra de arte con la excusa de que puede herir sensibilidades y no ser políticamente correcta. A la banda canaria Texxcoco le censuran un videoclip porque su cantante aparece con los pechos al descubierto, aunque lo que pretendían era precisamente reivindicar la libertad de las mujeres para mostrar su cuerpo y denunciar el puritanismo y la hipocresía imperantes en las redes sociales. La libertad de expresión y creación vive horas bajas. Los censores están trabajando a tope. El neopuritanismo nos empieza a asfixiar. Justo cuando nos cierran Interviú y todos echamos de menos las viejas luces de libertad. Dicen ahora que “Las señoritas de Aviñón” cosifican a la mujer. De ahí esa persecución a mujeres que salen con poca ropa (aunque no enseñen nada) en sus redes sociales. Nadie se libra. Ni los desnudos solidarios ni los de algunas mujeres que utilizan su cuerpo como una crítica a los cánones de belleza. Cierre de cuentas para tetas incómodas. En cambio cuesta cerrar mucho más cuentas donde se jactan de pegar a animales y a mujeres. Parece que ser sexualmente sugerente es peor y más censurable que ser un maltratador. Algunos dicen que ciertos casos de censura no gozan de tantos altavoces. Como el Ayuntamiento de Barcelona censurando un cartel de Morante de la Puebla emulando a Dalí o la representación de un montaje teatral titulado “Help Tabarnia”. El arte, desde luego, no es compatible con la censura. Todo se manipula, es cierto. Hemos aprendido de los políticos. Yo robo pero es que los de antes también lo hacían. Tirar balones fuera, o sea. Y siempre viendo la paja en el ojo ajeno. Algunos se cabrean si hablas de censura. Recuerdan otros casos de los que la prensa apenas se hizo eco. Esto es como una guerra por barrios. Guerras de izquierdas y derechas retrógradas. Y, mientras tanto, Madame Censura riéndose de todos. Neopuritanismo más censura más politiqueo nauseabundo: un coctel de consecuencias funestas.

El Norte de Castilla

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