SÉ UN LIBRO, MY FRIEND

Publicado en El Norte de Castilla el 21 de abril de 2017

Es una tradición, una locura, una aventura, lanzarse a la lectura. La semana del 23 de abril, el Día del Libro, Shakespeare y Cervantes on fire. Leyendo nos hacemos libres, leyendo viajamos a mundos fantásticos en un abrir y cerrar de hojas, leyendo vivimos varias vidas, leyendo aumentamos, incrementamos, ampliamos, mejoramos, acrecentamos, enriquecemos, amplificamos y/o elevamos nuestro vocabulario. Porque leer es soñar, porque leer es vivir y porque vivir sin leer es como vivir sin vivir. Porque vivir sin leer es peligroso pues nos obliga a conformarnos con la vida, porque leer nos proporciona un lugar al que ir cuando no nos queda otro remedio que quedarnos donde estamos, porque leer tal vez no nos haga más listos pero sin duda nos hace menos tontos, porque leer da sueños. Porque es verdad que leer es lo más parecido a besar, ya sabes, a los que no lo hacen con frecuencia se les nota en la lengua. Y porque leer es como andar en bicicleta: cuando lo aprendes nunca lo olvidas y cuanto más pedaLEAS más lejos puedes llegar. Porque leemos para saber que no estamos solos, para nadar entre sueños, para ir a lugares inimaginables, para convertirnos en héroes, para ignorar al mundo, para no volver a ser uno mismo, para tenerte siempre y para querer leerte siempre. Porque si sales ileso de un libro es que nunca has entrado en él, porque un libro es un sueño que tienes en tu mano, porque los libros abren tus ojos. Porque hay tantos libros por leer y tan poca vida, porque cuando no sepas qué ponerte ponte a leer, porque la lectura perjudica seriamente a la ignorancia. Porque un libro es la extensión de la imaginación y la memoria, porque si quieres crecer incluye un libro en tu dieta y porque para viajar lejos no hay mejor galeón que un libro. Porque sólo los que leen han estado en la Tierra Media, en el País de Nunca Jamás, en Gotham, en Comala, en la ínsula de Barataria, en el andén 9 ¾ de la estación de trenes de King´s Cross, en el País de las Maravillas, en Liliput y en el 221B de Baker Street. Porque sólo los que leen saben que un sombrero nunca es un sombrero sino una serpiente boa comiéndose un elefante. Ya sabes, no dejes para mañana lo que puedas leer hoy. Sé un libro, my friend. Y sí, por supuesto, el domingo, el día de autos, cantaremos el rap de los libros. Es una tradición, una locura, una aventura, lanzarse a la lectura.

 

 

THE STRING QUARTETS

El Viejo Aqualung no para de regalarnos maravillas. Lo último que se le ha ocurrido es escoger un puñado de joyas del memorable cancionero de Jethro Tull y presentarlas en versión para un cuarteto de cuerdas. De la mano del teclista/arreglista John O’Hara y con el esencial concurso del Carducci Quartet, los seis músicos se reunieron en la Catedral de Worcester y en la Iglesia de St. Kenelms, para grabar un disco “perfecto para las largas tardes de sol, para las noches de invierno, para bodas y funerales” (en palabras de Ian Anderson). Pero la cosa no se quedó ahí.

Como la idea no era tocar con instrumentos de cuerda los temas elegidos, O’Hara se ha encargado de hacer unos arreglos especiales para este formato e incluso el propio Anderson se ha molestado en renombrar las canciones y cambiar alguna letra, todo de una manera juguetonamente críptica para no ser confundidas con las canciones originales. El resultado es una joya de 24 quilates, una sublime reinterpretación de las piezas tullianas, fiel a los originales pero con la profundidad y complejidad de las piezas clásicas. Un trabajo que captura con gusto y delicadeza exquisitos los preciosos sonidos de algunas de las canciones más clásicas de la mejor banda de la historia del rock. Un disco imprescindible, emotivo, hondo, delicado y sobrecogedor. Una maravilla del viejo Aqualung. Otra más.

VIVE Y DEJA MORIR

Publicado en El Norte de Castilla el 14 de abril de 2017

Viernes Santo. Día de Dolores. Día de Pasión. La ciudad huele a incienso y a santidad. En cualquier esquina puedes encontrarte a Cristo crucificado, a la Dolorosa de la Santa Veracruz, a Nuestra Señora de la Amargura, a la Virgen Vulnerata, a Nuestra Señora de las Angustias o al Santísimo Cristo de la Buena Muerte, de la Humildad, del Consuelo, de la Luz, de las Cinco Llagas, de la Exaltación, o el Cristo Yacente de Gregorio Fernández sin ir más lejos. También cofrades, penitentes, fotógrafos ocasionales, sermones, rezos. Y cruces, muchas cruces. El Viernes Santo se celebra la muerte de Jesús como paso necesario a la resurrección. Se trata de un recuerdo lleno de esperanza y de victoria. Valladolid se convierte en una fiesta, en un museo callejero, en un motivo de orgullo. Incluso para los no creyentes. Muchos nos hemos acordado estos días de José Antonio Arrabal, un hombre que ha padecido un calvario y que decidió suicidarse apenas diez días antes de la Semana Santa. El vídeo anunciando su suicidio nos ha puesto a todos el corazón en un puño. “Si ves este vídeo es que conseguí ser libre”. En él explicaba que tuvo que comprar los medicamentos letales en Internet y que tuvo que pedir a su familia que le dejasen solo para que nadie les pudiese acusar de colaborar con el suicidio. Todo esto produce vergüenza ajena. 20 años después de Sampedro seguimos igual. Mar adentro. Ignominia adentro. Me niego a creer que estos Cristos que recorren nuestras calles hubiesen prohibido a una persona enferma, sin esperanza ni futuro, morir en paz rodeado de sus familiares y con ayuda médica profesional. Supongo que los ultracatólicos y los señores del autobús naranja criticarán este acto de valor. Bueno, el presidente y cara visible de la campaña tránsfoba de Hazte Oír andaba enredado en otras cuestiones hace apenas un par de días. Un tuit le delató:  “Satanás existe. Ver foto del teléfono que llamó a casa de madrugada para extorsión. Por favor, oración para mi familia”, acompañado de una imagen de un viejo teléfono móvil en la que aparecía la llamada del número 666666666. El sinsentido lo resumió un tuitero a la perfección: “Los niños tienen pene. Las niñas tienen vulva. Satanás tiene un Nokia 3310″. Pues eso. Que vivir es un derecho, no una condena. En estas fechas de corazones en flor deberíamos ser todavía mucho más conscientes de ello.

80 AÑOS DEL GUERNICA

Publicado en El Norte de Castilla el 7 de abril de 2017

Pablo Picasso estaba agachado en un rincón de su estudio de la parisina rue des Grands-Augustins. Retocaba la figura de una mujer de perfil imposible cuando sintió a sus espaldas la barahúnda de botas militares y voces altaneras. Les aguardaba. Sabía que iban a venir. Le habían avisado de que Otto Abetz, embajador del Reich en la Francia ocupada, se iba a acercar a visitar su taller. Picasso no podía negarse. Era de los pocos pintores que no habían salido huyendo de la Francia invadida por los nazis. Sus cuadros formaban parte de las listas prohibidas pero su fama era ya tan grande que, incluso, le respetaban. Algo que él no tenía pensado hacer con ellos. Ni siquiera volvió la cabeza cuando el embajador nazi entró rodeado de esbirros con uniformes negros. Otto Abetz paseó por el estudio y contempló algunos lienzos hasta que sus ojos se fijaron en una gran fotografía del Guernica, el cuadro encargado por el gobierno de la República para la Exposición de 1937. La observó durante unos largos segundos y pensó en cómo le agradaría llevar al tal Picasso, tan famoso y considerado en ciertos círculos, a algún cercano campo de concentración. Finalmente, impactado por aquella foto, preguntó con una mezcla de repugnancia y desprecio: “¿Hizo usted esto, monsieur Picasso?”. El pintor miró con orgullo al nazi y, de repente, sintió que millones de imágenes chocaban en su mente. El primer bombardeo desde el aire sobre una ciudad indefensa. Los campos ensangrentados de España convertidos ya en campos ensangrentados en toda Europa. Los 35 días de creación febril levantándose por la noche a pintar, iluminado sólo por velas y por los focos que había dejado Dora Maar. La superposición de fragmentos, bocas, lámparas, cabezas. La multiplicidad de puntos de vista. El blanco y negro universal y eterno como el dolor. Personas y animales huyendo, aullando. La palma de la mano con sus líneas donde se esconde el destino, el destino de un país roto por la guerra. El hocico de la cabeza del caballo transfigurado en calavera. El sol podrido sustituido por un quinqué y una bombilla. La madre con el niño muerto en brazos. Gritos de niños, de mujeres, gritos de pájaros, gritos de flores. De aquel horror le sacó el nazi cuando volvió a preguntar: “¿Hizo usted esto?”. “No, eso (contestó Picasso señalando con rabia contenida la foto) lo hicieron ustedes”.

BULOS METAFÍSICOS

Publicado en El Norte de Castilla el 31 de marzo de 2017

Uno no sabe si hablar de escuela de odio o de bulos metafísicos. A veces ambos conceptos se dan la mano. Hace menos de una semana un fulano colgó alegremente un vídeo en su muro de Facebook en el que se veía a un hombre agrediendo a puñetazo limpio a tres personas en un ambulatorio. Este tipo, con toda la mala baba del mundo y carcomido de xenofobia, comentó: “Musulmán dando las gracias por su acogida en Europa en un centro de salud español. Imágenes que TVE no difunde para no caer en la alarma social. ¡Manda huevos, nos van a comer con patatas!”. No tardó mucho en saberse que ni musulmán ni centro de salud español, más bien un ruso borracho en la Rusia de todos los zares. Todo ello no ha impedido que hasta la fecha el citado vídeo haya tenido cuatro millones de visitas y, lo que es peor, haya habido cien mil personas con los santos huevos de compartirlo. Casi al mismo tiempo una fotografía de una chica musulmana pasando frente a uno de los heridos en el atentado de Londres se viralizó y sacó lo peor de nosotros. Muchos la acusaban de permanecer impasible ante el atentado dedicándole todo tipo de insultos y ataques xenófobos. Hasta el propio fotógrafo tuvo que salir en defensa de la mujer y mostrar otras fotos que, para alivio de la chusma indignada, demostraban la consternación de la pobre chica, bastante mayor que la de algunos occidentales que hasta se hicieron selfies en el lugar del atentado (claro que ellos no llevaban velo). En fin, una imagen para justificar el odio. Las personas que publican estas mierdas lo hacen para agitar la propaganda antiinmigración. Calumnia que algo queda, fake news (que dicen ahora), la mentira repetida mil veces de Goebbels. Demasiados ociosos de mente sucia empeñados en verter veneno en imágenes sacadas de contexto o directamente en bulos. Los mensajes de racismo y odio solo generan más racismo y odio por ambas partes. Y al final unos acaban en Daesh y otros pateando extranjeros y vagabundos. Pues eso, que el bulo entra en su fase metafísica cuando la gente comienza a hacer consideraciones profundas de manera especulativa y, muchas veces, malintencionada. Entonces, el bulo se retroalimenta. Da igual que se aporten pruebas para confirmar que se trata de una mentira. Los prejuicios pueden más y nace la escuela de odio. Los mentirosos, los que difunden rumores intencionados para manipular a la opinión pública, los agitadores de odio, están ganando la batalla.

AUDAX

En 1946 Pedro Victor Debrigode publicó, en el formato pulp clásico de 15,5×21,2 cm. una de sus primeras sagas a la que dio el título de Audax. En ella narraba las aventuras de un joven elegante y distinguido, Lord King (Lord es nombre, no título nobiliario) luchando a su manera contra el mundo del hampa bajo el apelativo de Audax. Lord King es un experto en  antigüedades, es rico, soltero, deportista, diletante y un atleta que conduce su roadster Auburn por las avenidas más elitistas de la ciudad y que esconde sus poderosos músculos bajo los trajes más elegantes de Nueva York. Viste frac, sombrero de copa y guantes blancos. Cuando “actúa” como Audax, cubre su rostro con una blanca bufanda de seda y un antifaz, utilizando como nadie sus elegantes bastones negros con puño blanco como auténticos espadines. Según sus propias palabras, Audax es un nombre que adoptó el día que comprendió que las empresas arriesgadas producían en él emociones insospechadas. A su lado comparten vida y aventuras dos mujeres que están secretamente enamoradas de él: Leatrice Dove “Grumpy”, su fiel ama de llaves, una mujer hermosa de opulenta figura; y Joan Telma “Baby”, sobrina de Grumpy, secretaria, mecanógrafa y lo que se tercie, “clásica plasmación en las revistas cinematográficas de las bebé-vampiresas”. Junto a ellas Lord King protagoniza las seis novelas de la saga, enfrentándose a peligros de todo tipo y limpiando a su manera Nueva York de la escoria de un buen puñado de mafiosos. Curiosamente en esta saga vuelve a aparecer un personaje secundario de una serie anterior de Debrigode, Red Colt el Ametrallador. Se trata del luchador Lefty Longleg, el Zurdo Zanquilargo, “un elegante anuncio de vitaminas atómicas” en palabras de la deslenguada Baby. También tomará un protagonismo creciente a lo largo de la serie Roy Cadger, un detective privado obeso, faltón, pagado de sí mismo, provocador y genial en sus deducciones, “el sapo seboso más exasperante que nunca me he visto ante las narices”, otra vez en palabras de la genial Baby. Porque es precisamente Joan Telma, “Baby”, la que acaba convirtiéndose en la estrella de la saga, con su forma de ser, con su particular jerga, con su forma de hablar que tanto disgusta a su patrón y con su verborrea infinita. En fin, “una muñequita capaz de aturdir e idiotizar a cualquiera con su charloteo de cotorrita”.

Tras leer las seis novelas de esta temprana saga, uno no puede dejar de asombrarse de la maestría de Debrigode para alumbrar tramas y personajes, todo ello con un estilo depurado e incluso preciosista. Había oído hablar de “Audax” como de una de las series más flojas de Debrigode y lo único que puedo decir es que estas seis novelas, con sus inevitables altibajos y a pesar de las habituales prisas con las que este tipo de novelas debían de escribirse, rozan el sobresaliente. Lo que sí que resulta llamativo es la progresiva pérdida de protagonismo de Lord King “Audax” y cómo su secretaria “Baby” y el orondo detective Roy Cadger acaban convirtiéndose en los reyes de la función. Tal es así, que al término de la saga, cuando Roy Cadger desenmascara a Lord King y le ofrece huir a Australia para evitar la cárcel, el propio Cadger propone a Baby, a Grumpy y a Lefty Longleg formar una asociación dedicada a la investigación criminal que se llamaría “Los cuatro ases”. Con toda seguridad, se trataba de un nuevo proyecto de saga alumbrado por Debrigode que, desgraciadamente, nunca vio la luz.  

TONTOS

Publicado en El Norte de Castilla el 24 de marzo de 2017

Nos hemos vuelto tontos. La tontería elevada a la enésima potencia, o sea. Einstein ya nos había avisado: “Hay dos cosas infinitas: el Universo y la estupidez humana. Y del Universo no estoy seguro”. ¿Qué diría ahora en esta época de las redes sociales donde la estupidez se amplifica hasta límites demenciales?”. Cada día una nueva tontería es trending topic mundial. Y la gente se escandaliza. Y le entra el mono de prohibir. O de boicotear. Y monta modernos autos de fe. A “La bella y la bestia”, la última película de Disney, le llueven palos por el tremendo pecado de dar cobijo entre los protagonistas a un personaje gay. Malasia ha censurado la cinta y en Rusia se están planteando su prohibición desde ciertos poderosos estamentos que consideran que el film “es una propaganda descarada y desvergonzada del pecado y las relaciones sexuales pervertidas”. Un cine de Alabama la ha censurado también por “comprometer las enseñanzas de la Biblia”.  Pues sí, la gente con mierda en el cerebro, además de imbécil, es muy peligrosa. Emma Watson, la protagonista, también se ha visto salpicada. En este caso por posar en una revista sin sujetador. Por enseñar unas tetas que realmente no enseña la han crucificado y han puesto en entredicho su feminismo militante. Otra película acaba de entrar en la rueda del pimpampum. Ahora le llueven las críticas a Wonder Woman por no tener vello en las axilas. Hablamos de una superheroína que puede volar, que tiene poderes de diosa, que no envejece, que es inmortal y que tiene un lazo mágico que obliga a decir la verdad. Sin embargo nos preocupa lo del vello por la precisión histórica y tal. En España también vamos servidos. La última majadería ha sido boicotear “El guardián invisible” porque una de las actrices secundarias en el marco de un programa de humor donde se abordaban los estereotipos calificó a los españoles como “un poco atrasados” y “catetos”. A pesar de que la actriz se ha disculpado, un ejército de ofendidos ha montado en cólera y se ha movilizado para cargarse la película y a las cientos de personas que han trabajado en ella. Incluso algún tonto malintencionado ha destripado quién es el asesino para joder más al personal. O sea que la tribu indignada lo único que hace con su reacción es confirmar las palabras de la actriz. Va a ser verdad eso de que estamos criando tontos por encima de nuestras posibilidades.

PASOS EN LA PIEDRA

Publicado en El Norte de Castilla el 17 de marzo de 2017

A veces la literatura nos trae buenas noticias. La última ha sido la concesión del Premio de la Crítica de Castilla y León a José Manuel de la Huerga por su novela “Pasos en la piedra”. Compañero de viajes (¡viva México!), de generación, de mesas redondas, de cenas y de sueños. Poeta temprano y de raza, de salmos de amor y de batalla, conjurador del señor de la profundidad infernal, caricaturista delineante de cuadernos azules con vocación manchada en saudade, hacedor de historias para lectores inteligentes, demiurgo de fábulas memorables protagonizadas por el David de Miguel Ángel, perfecto anfitrión en la casa de Bach y de Kafka, perseguidor de nubes y, además, alguien que vive, come, bebe, ama y sonríe en la casa del poema, alguien que lleva piedrecitas de una esquina a otra en la casa del poema. Tras dos fantásticos libros en Menoscuarto, De la Huerga cerró el año pasado su particular trilogía triunfal con la publicación de “Pasos en la piedra”, su obra probablemente más ambiciosa que nos llegó con una portada impactante de Rafael Vega, protagonizada por la grieta, símbolo de la herida, del origen del mundo, de la cicatriz por la que entra la luz. “Pasos en la piedra”, novela coral que hermana revoluciones y cofradías, narra cinco días cruciales que culminan con la legalización del Partido Comunista el Sábado Santo de 1977. German Ojeda, hijo del gobernador y simpatizante comunista, regresa a casa por los días santos después de que un grupo de ultraderecha viole y asesine a una camarada en Madrid. Germán debe desprenderse de su melena de Jesucristo Superstar, beatificarse con el pelo cortito y recorrer los escenarios de la Pasión de Cristo. Al fin y al cabo, sus mejores recuerdos están decorados con calles estrechas y oscuras a la luz de los hachones y con un Cristo o una Virgen mecidos al ritmo de una banda de cornetas y tambores. Con una prosa poética en la que el cimborrio de la catedral en día de nevada es una tortuga asistimos a un ejercicio de catarsis colectiva en un lugar, Barrio de Piedra, donde “todas las primaveras viene la muerte y levanta las cortinas”. José Manuel de la Huerga consigue emocionarnos con esta particular puesta en escena de madera, fuego y música. Barrio de Piedra puede no ser nuestra ciudad. De hecho, es una ciudad y muchas ciudades. Da lo mismo, el caso es que nos sentimos orgullosos de ser barriopetrinos.

 

EL DORSAL 261

Era un frío y húmedo día de abril de 1967. Jim Morrison ha comenzado a volar con los Doors, Aretha Franklin ha convertido Respect en un himno y, apenas una semana antes, 10.000 personas se han manifestado en San Francisco contra la guerra de Vietnam. Mientras tanto, Kathy Switzer se ha puesto una sudadera y unos pantalones largos, ha clavado el dorsal 261 en su pecho y ha comenzado la maratón de Boston, la más antigua y la más prestigiosa. Una carrera, por supuesto, sólo reservada para los hombres. Por entonces, se consideraba que una mujer era incapaz de hacer más de cinco kilómetros sin que le creciesen las piernas, le saliese bigote y se le cayese el útero. Kathy le echó valor y se inscribió. Lo hizo con el nombre K.V.Switzer y le dieron el dorsal 261. Al principio, otros corredores la animaban pero al tercer kilómetro apareció en escena uno de los organizadores y, enfurecido, salió corriendo tras ella gritando “sal de mi carrera” y “devuélveme el dorsal”. El novio de Kathy le empujó y, custodiada por otros corredores y completamente aterrorizada, consiguió terminar la carrera. Al llegar a meta, fue descalificada y decidieron prohibir expresamente la participación de mujeres en carreras populares. En aquella misma prueba también participó Bobbi Gibb. Ella no se había inscrito ni llevaba dorsal. Bobbi, como el año anterior, se había parapetado tras una sudadera con capucha para poder salir escondida entre el resto de corredores. A ambas se les reconocería su participación y sus marcas muchos años después. Por cierto, hubo que esperar hasta 1984 para que las mujeres pudiesen participar en una maratón olímpica. Todo esto no sucedió en la Edad Media. Esto fue antes de ayer. Esta misma semana hemos celebrado el Día Internacional de la Mujer. Es evidente que hemos avanzado pero aún queda mucho camino por recorrer. Todavía hay gente que cuestiona que exista un Día dedicado a ellas. Este Día dejará de existir cuando no exista brecha salarial, cuando las mujeres puedan ir por la calle sin miedo, cuando no las critiquen por sus relaciones o por no querer ser madres, cuando no sean consideradas inferiores, cuando no las maten por ser mujeres. Y un larguísimo etcétera. Eso en los países del primer mundo. Si hablamos de otros países directamente se nos debería de caer la cara de vergüenza.

UN LOTO PARA MISS QUON

Steve Jaffe, un hombre de negocios norteamericano, residente en Saigón, descubre, en una pared de la casa que alquila, diamantes por valor de dos millones de dólares. Pronto se entera de que los diamantes pertenecen al Estado, pero está decidido a guardárselos para sí. Jaffe se descubre a sí mismo asesinando a su criado cuando este le asegura que pondrá al corriente del hallazgo a las autoridades locales. Y es que Jaffe, por encima de todo, está dispuesto a huir con tan valioso tesoro, aun a costa de cargar un crimen sobre su conciencia. El problema consiste en lograr sacarlos de Vietnam y llevarlos a Hong-Kong. Perseguido por muchos y receloso de todos, su único aliado en esta peligrosa aventura será una hermosa y misteriosa mujer… Pero, ¿podrá confiar realmente en ella?

Una de las peores combinaciones que existe es la de escritor de serie B y la de éxito. Por eso, James Hadley Chase está tan mal visto. Y es una pena, porque el autor londinense que escribía siempre historias ambientadas en Estados Unidos sin conocer el país del tío Sam era muy grande. Es cierto que tuvo acusaciones de plagio (James M. Cain le acusó de diversos saqueos, “El secuestro de Miss Blandish” estaba inspirada en “Santuario”, de William Faulkner, incluso “Un loto para Miss Quon” se aprovecha del espíritu de “El americano impasible”, de Graham Greene) pero la mayoría de las veces estaban traídas por los pelos. Como mucho, James Hadley Chase lo que hacía era tomar algunos temas, versionarlos a su estilo, introducir mucha violencia y sexo, en definitiva hacer una versión para lectores con manos sucias. “Un loto para Miss Quon” no es una excepción. Con él no hay cabida para el aburrimiento. Historias entretenidísimas en las que la tensión no para de crecer y tramas engarzadas con una exquisita destreza técnica. Quizá no sea un autor memorable pero este excelente artesano es una de mis debilidades.

El Norte de Castilla

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