TONTOS

Publicado en El Norte de Castilla el 24 de marzo de 2017

Nos hemos vuelto tontos. La tontería elevada a la enésima potencia, o sea. Einstein ya nos había avisado: “Hay dos cosas infinitas: el Universo y la estupidez humana. Y del Universo no estoy seguro”. ¿Qué diría ahora en esta época de las redes sociales donde la estupidez se amplifica hasta límites demenciales?”. Cada día una nueva tontería es trending topic mundial. Y la gente se escandaliza. Y le entra el mono de prohibir. O de boicotear. Y monta modernos autos de fe. A “La bella y la bestia”, la última película de Disney, le llueven palos por el tremendo pecado de dar cobijo entre los protagonistas a un personaje gay. Malasia ha censurado la cinta y en Rusia se están planteando su prohibición desde ciertos poderosos estamentos que consideran que el film “es una propaganda descarada y desvergonzada del pecado y las relaciones sexuales pervertidas”. Un cine de Alabama la ha censurado también por “comprometer las enseñanzas de la Biblia”.  Pues sí, la gente con mierda en el cerebro, además de imbécil, es muy peligrosa. Emma Watson, la protagonista, también se ha visto salpicada. En este caso por posar en una revista sin sujetador. Por enseñar unas tetas que realmente no enseña la han crucificado y han puesto en entredicho su feminismo militante. Otra película acaba de entrar en la rueda del pimpampum. Ahora le llueven las críticas a Wonder Woman por no tener vello en las axilas. Hablamos de una superheroína que puede volar, que tiene poderes de diosa, que no envejece, que es inmortal y que tiene un lazo mágico que obliga a decir la verdad. Sin embargo nos preocupa lo del vello por la precisión histórica y tal. En España también vamos servidos. La última majadería ha sido boicotear “El guardián invisible” porque una de las actrices secundarias en el marco de un programa de humor donde se abordaban los estereotipos calificó a los españoles como “un poco atrasados” y “catetos”. A pesar de que la actriz se ha disculpado, un ejército de ofendidos ha montado en cólera y se ha movilizado para cargarse la película y a las cientos de personas que han trabajado en ella. Incluso algún tonto malintencionado ha destripado quién es el asesino para joder más al personal. O sea que la tribu indignada lo único que hace con su reacción es confirmar las palabras de la actriz. Va a ser verdad eso de que estamos criando tontos por encima de nuestras posibilidades.

PASOS EN LA PIEDRA

Publicado en El Norte de Castilla el 17 de marzo de 2017

A veces la literatura nos trae buenas noticias. La última ha sido la concesión del Premio de la Crítica de Castilla y León a José Manuel de la Huerga por su novela “Pasos en la piedra”. Compañero de viajes (¡viva México!), de generación, de mesas redondas, de cenas y de sueños. Poeta temprano y de raza, de salmos de amor y de batalla, conjurador del señor de la profundidad infernal, caricaturista delineante de cuadernos azules con vocación manchada en saudade, hacedor de historias para lectores inteligentes, demiurgo de fábulas memorables protagonizadas por el David de Miguel Ángel, perfecto anfitrión en la casa de Bach y de Kafka, perseguidor de nubes y, además, alguien que vive, come, bebe, ama y sonríe en la casa del poema, alguien que lleva piedrecitas de una esquina a otra en la casa del poema. Tras dos fantásticos libros en Menoscuarto, De la Huerga cerró el año pasado su particular trilogía triunfal con la publicación de “Pasos en la piedra”, su obra probablemente más ambiciosa que nos llegó con una portada impactante de Rafael Vega, protagonizada por la grieta, símbolo de la herida, del origen del mundo, de la cicatriz por la que entra la luz. “Pasos en la piedra”, novela coral que hermana revoluciones y cofradías, narra cinco días cruciales que culminan con la legalización del Partido Comunista el Sábado Santo de 1977. German Ojeda, hijo del gobernador y simpatizante comunista, regresa a casa por los días santos después de que un grupo de ultraderecha viole y asesine a una camarada en Madrid. Germán debe desprenderse de su melena de Jesucristo Superstar, beatificarse con el pelo cortito y recorrer los escenarios de la Pasión de Cristo. Al fin y al cabo, sus mejores recuerdos están decorados con calles estrechas y oscuras a la luz de los hachones y con un Cristo o una Virgen mecidos al ritmo de una banda de cornetas y tambores. Con una prosa poética en la que el cimborrio de la catedral en día de nevada es una tortuga asistimos a un ejercicio de catarsis colectiva en un lugar, Barrio de Piedra, donde “todas las primaveras viene la muerte y levanta las cortinas”. José Manuel de la Huerga consigue emocionarnos con esta particular puesta en escena de madera, fuego y música. Barrio de Piedra puede no ser nuestra ciudad. De hecho, es una ciudad y muchas ciudades. Da lo mismo, el caso es que nos sentimos orgullosos de ser barriopetrinos.

 

EL DORSAL 261

Era un frío y húmedo día de abril de 1967. Jim Morrison ha comenzado a volar con los Doors, Aretha Franklin ha convertido Respect en un himno y, apenas una semana antes, 10.000 personas se han manifestado en San Francisco contra la guerra de Vietnam. Mientras tanto, Kathy Switzer se ha puesto una sudadera y unos pantalones largos, ha clavado el dorsal 261 en su pecho y ha comenzado la maratón de Boston, la más antigua y la más prestigiosa. Una carrera, por supuesto, sólo reservada para los hombres. Por entonces, se consideraba que una mujer era incapaz de hacer más de cinco kilómetros sin que le creciesen las piernas, le saliese bigote y se le cayese el útero. Kathy le echó valor y se inscribió. Lo hizo con el nombre K.V.Switzer y le dieron el dorsal 261. Al principio, otros corredores la animaban pero al tercer kilómetro apareció en escena uno de los organizadores y, enfurecido, salió corriendo tras ella gritando “sal de mi carrera” y “devuélveme el dorsal”. El novio de Kathy le empujó y, custodiada por otros corredores y completamente aterrorizada, consiguió terminar la carrera. Al llegar a meta, fue descalificada y decidieron prohibir expresamente la participación de mujeres en carreras populares. En aquella misma prueba también participó Bobbi Gibb. Ella no se había inscrito ni llevaba dorsal. Bobbi, como el año anterior, se había parapetado tras una sudadera con capucha para poder salir escondida entre el resto de corredores. A ambas se les reconocería su participación y sus marcas muchos años después. Por cierto, hubo que esperar hasta 1984 para que las mujeres pudiesen participar en una maratón olímpica. Todo esto no sucedió en la Edad Media. Esto fue antes de ayer. Esta misma semana hemos celebrado el Día Internacional de la Mujer. Es evidente que hemos avanzado pero aún queda mucho camino por recorrer. Todavía hay gente que cuestiona que exista un Día dedicado a ellas. Este Día dejará de existir cuando no exista brecha salarial, cuando las mujeres puedan ir por la calle sin miedo, cuando no las critiquen por sus relaciones o por no querer ser madres, cuando no sean consideradas inferiores, cuando no las maten por ser mujeres. Y un larguísimo etcétera. Eso en los países del primer mundo. Si hablamos de otros países directamente se nos debería de caer la cara de vergüenza.

UN LOTO PARA MISS QUON

Steve Jaffe, un hombre de negocios norteamericano, residente en Saigón, descubre, en una pared de la casa que alquila, diamantes por valor de dos millones de dólares. Pronto se entera de que los diamantes pertenecen al Estado, pero está decidido a guardárselos para sí. Jaffe se descubre a sí mismo asesinando a su criado cuando este le asegura que pondrá al corriente del hallazgo a las autoridades locales. Y es que Jaffe, por encima de todo, está dispuesto a huir con tan valioso tesoro, aun a costa de cargar un crimen sobre su conciencia. El problema consiste en lograr sacarlos de Vietnam y llevarlos a Hong-Kong. Perseguido por muchos y receloso de todos, su único aliado en esta peligrosa aventura será una hermosa y misteriosa mujer… Pero, ¿podrá confiar realmente en ella?

Una de las peores combinaciones que existe es la de escritor de serie B y la de éxito. Por eso, James Hadley Chase está tan mal visto. Y es una pena, porque el autor londinense que escribía siempre historias ambientadas en Estados Unidos sin conocer el país del tío Sam era muy grande. Es cierto que tuvo acusaciones de plagio (James M. Cain le acusó de diversos saqueos, “El secuestro de Miss Blandish” estaba inspirada en “Santuario”, de William Faulkner, incluso “Un loto para Miss Quon” se aprovecha del espíritu de “El americano impasible”, de Graham Greene) pero la mayoría de las veces estaban traídas por los pelos. Como mucho, James Hadley Chase lo que hacía era tomar algunos temas, versionarlos a su estilo, introducir mucha violencia y sexo, en definitiva hacer una versión para lectores con manos sucias. “Un loto para Miss Quon” no es una excepción. Con él no hay cabida para el aburrimiento. Historias entretenidísimas en las que la tensión no para de crecer y tramas engarzadas con una exquisita destreza técnica. Quizá no sea un autor memorable pero este excelente artesano es una de mis debilidades.

LAS TRUMPETAS DEL APOCALIPSIS

Publicado en El Norte de Castilla el 3 de marzo de 2017

Sólo Harry Potter nos salvará de Donald Trump. Lo dice un estudio de la Universidad de Pennsylvania según el cual cuantos más libros de la saga leen los norteamericanos menos toleran las ideas de Trump. Para los autores del estudio, ello es debido a que los temas que imperan en el mundo de Potter son el valor, la tolerancia, el respeto a la diferencia y el pacifismo. Y ya sabemos que Trump se pasa todo eso por el arco de triunfo. En su caso, por un arco de triunfo dorado y lleno de espejos refulgentes. Lo que no mucha gente sabe es que Harry Potter se encontró con Trump hace ya un buen montón de años. El actor que interpretaba al mago más famoso tenía sólo 11 años y presentaba la primera película de la saga. El pobre estaba muy nervioso ante su primera entrevista y coincidió en el plató con un Trump que por aquella época sólo era una especie de Tío Gilito catódico. El crío le confesó que estaba muy nervioso y que no sabía lo que iba a contar en el programa y el multimillonario sin abuela le dijo: “Cuenta que has conocido a Donald Trump”. Ya entonces Trump se creía la persona más interesante del universo. Todo el mundo quiere y admira a Trump (al menos eso se piensa él) pero nadie quiere y admira tanto a Trump como el propio Trump. Tal vez por eso pone espejos en todos los lados y los barniza de oro. Pues eso, la política convertida en reality show. El emperador del mundo gobernando a base de twits. Un telepredicador en poder del botón nuclear. Un tipo que suelta ventosidades por la boca al mando de la teletienda del Pentágono. En fin, que hay algo más escandaloso que el hecho de que exista un mamarracho como Trump y es que un país lo haya votado. Pero hay, incluso, algo más escandaloso. Y es que algunos se escandalicen con lo escandalizado que está medio planeta con la llegada al trono imperial de este peligroso tipejo. Es entonces cuando sale la manada de cuñados que se cabrean y acaban diciendo que les empieza a caer bien Trump por el acoso que está sufriendo y lo injusta que está siendo la gente con él porque no le dejan gobernar en paz. No me cabe la menor duda de que a todos ellos, en el fondo, les gusta el discurso del gorila siniestro de pelo naranja. En todo caso, lo que parece claro es que con él llegó el escándalo. Que, al menos, no suenen las trumpetas del Apocalipsis.

LAS NINFAS

De vez en cuando hay que volver a Francisco Umbral. Resulta tan inevitable como desolador. Uno se siente como el asesino que regresa al lugar del crimen. Los que nos dedicamos a juntar letras y escribir historias nos damos cuenta de que Umbral estaba en otra liga. Umbral posiblemente sea, con permiso de Valle Inclán, el escritor más fastuoso de nuestra literatura. Por eso, uno regresa a Umbral cada poco. Esta vez le ha tocado el turno a “Las ninfas”, novela con la que ganó el Premio Nadal de 1975 y que forma parte de los que se ha venido en denominar “novelas vallisoletanas”, aquellas que escribió el maestro rememorando su infancia y adolescencia en Valladolid, la ciudad provinciana de tedio y plateresco en la que vivió hasta que se trasladó a Madrid a los 29 años.  En “Las ninfas” hay un poco de todo, la habitual prosa magistral y deslumbrante de Umbral, el adolescente que aspira a ser sublime sin interrupción y por el camino se enreda en las faldas de una mujer, el joven empleado de melena, deudas  y guantes amarillos que pasea su dandismo por el blanco neblinoso del Pisuerga, los recuerdos de noches de verano memorables donde al negro se le transparenta el azul, el retrato del adolescente de provincias que se zambulle en la literatura, en el sexo, en la vida y, por supuesto, Umbral tosiendo metáforas en cada renglón. También hay bailaoras, pescadoras, escritores de provincia (algunos muy reconocibles), el primer beso/el primer amor, una gitana limpia pintada de piel roja, la femme fatale del barrio sacrificada en un particular auto de fe provinciano, personajes lumpen algo valleinclanescos (Empédocles, Teseo, Diótima) y un personaje imborrable como Cristo Teodorico. Y sí, por supuesto, la niebla del Pisuerga es la atmósfera de “Las ninfas”.

“Me gustaba el mercado por fuera, con su acumulación de obreros, meretrices, encantadores de serpientes, exploradores apócrifos que vendían productos exóticos y montañeros igualmente apócrifos que habían bajado de las cumbres saludables con el caramelo de los Alpes para la tos… Y el mercado, que había sido el lugar de mis odios, se fue transformando así en el lugar de mis sueños, y las frutas se encendieron como luces, y los pescados se volvieron de plata, y las naranjas de oro, y la carne era como un tributo sangriento a mi diosa, y todo era una fiesta donde los vegetales perfumaban intensamente, los panes eran panes de oro y los quesos eran eunucos que codiciaban a mi reina, presos en sus vitrinas de cristal”.

SPANISH CHORIZADA

Publicado en El Norte de Castilla el 24 de febrero de 2017

Fue el 11 de mayo de 2014. Un viaje al norte. Un hotel-spa. Una cena romántica. Y un error de novato. Es lo que pasa por tener sangre blanquivioleta. Aquel día jugaba el Valladolid ante el Betis. Era el penúltimo partido de liga ante un equipo que ya estaba descendido. Con una victoria, se certificaba casi por completo la permanencia así que cometí el error de verlo por Internet. El Pucela fue por delante todo el encuentro, pero el Betis empató casi al final. Eso no fue lo peor. Un centro churro desde cuarenta metros en el tiempo de descuento dio la victoria a los béticos. Ellos no se jugaban nada pero, ante la indiferencia y cabreo de su propio público, lo celebraron como si acabasen de ganar la Champions. A mí, por supuesto, me jodieron el aniversario y la cena romántica. Todavía no me lo han perdonado. Yo tampoco lo he perdonado. Ahora sale la noticia de que hay indicios suficientes para pensar que aquel partido estaba amañado. ¿Han necesitado dos años de investigación para determinar que aquel partido olía a podrido por los cuatro costados? Aquí, como somos quijotes, masocas y más papistas que el Papa, asumimos el descenso como justo castigo a una mala temporada. Una mala temporada que se habría salvado si la competición no hubiese sido adulterada. No hay que olvidar, además, que al Pucela le hicieron jugar cuatro días antes para contentar al Real Madrid. En fin, que todos sabemos que no va a pasar nada a pesar de que el juez habla de hasta 2,2 millones de euros desviados por la directiva del Osasuna para amaños de partidos. Hay pruebas suficientes para asegurar que se pagaron a jugadores del Betis 650.000 euros para ganar al Valladolid y 250.000 para dejarse ganar en el último partido ante el propio Osasuna. En países serios como Francia quitaron el título de liga y descendieron al Olympique de Marsella. Hasta en Italia descendieron a la Juve a la serie B y castigaron con contundencia a equipos de postín. En España ya sabemos lo que va a suceder. Desde Sevilla y Pamplona están enrocados con la cantinela de que no se puede hacer responsable a una personalidad jurídica de los hechos delictivos de una persona física, con lo que, como mucho, buscarán un cabeza de turco y a otra cosa mariposa. Sólo recordar que Betis y Osasuna andan por primera división. El único agraviado de aquella chorizada continúa en segunda.

 

LOS ROMÁNTICOS

Publicado en El Norte de Castilla el  17 de febrero de 2017

En esta semana de San Valentín, de romanticismo a flor de piel, hay que romper una lanza por los viejos románticos, esos que siempre nos han parecido algo cursis y ñoños. Lo hacemos, además, en el año del bicentenario de Zorrilla. ¿Eran cursis y ñoños Espronceda, Bécquer y compañía? A veces se nos olvida que el Romanticismo, aquel movimiento cultural del siglo XIX que daba prioridad a los sentimientos, surgió como una reacción revolucionaria contra el racionalismo de la Ilustración y el Neoclasicismo. Escarbando un poco en la vida de nuestros románticos más famosos, alguno quizá se lleve más de una sorpresa. Muchos de ellos coincidieron en la Partida del Trueno, una pandilla de jóvenes calaveras que reventaban todas las fiestas a las que asistían, subiéndose a las mesas, brindando por la República y por la destrucción de los tronos, seduciendo a mujeres casadas, apaleando maridos, rompiendo cristales y cometiendo mil desafueros más. Espronceda fue carne de barricadas en las revoluciones de Lisboa y París y anduvo metido en duelos y en múltiples líos de faldas, desde el famoso rapto de Teresa Mancha a su loca aventura con Carmen de Osorio, “la generala”, famosa en todo Madrid por su conducta frívola. Larra, también enredado en algún duelo, se enamoró de una mujer que resultó ser la amante de su padre. Bretón de los Herreros perdió el ojo izquierdo en un duelo a espada. El famoso actor Julián Romea sostuvo un duelo con un crítico que le había puesto a caldo pero, como era un desastre con la pistola, al que mató por error fue a uno de sus padrinos. Carolina Coronado tenía una especial obsesión con la muerte. La escritora padecía catalepsia y llegó a ser dada por muerta en más de una ocasión, “resucitando” en su propio funeral. Tan obsesionada estaba que no dejó enterrar a sus hijos (uno fue emparedado en la Almudena y otro quedó en una urna de cristal en un convento). Además, al morir su marido lo mandó embalsamar, lo empezó a llamar “El silencioso” y a enseñarlo a las visitas. ¿Quién dice ahora que los románticos eran aburridos? Eso sin hablar de Bécquer. De su amor imposible, de los cuernos que le puso su mujer con un bandolero famoso y de las acuarelas pornográficas que pintó junto a su hermano en las que ponían a la reina Isabel II mirando para Cuenca, hablaremos en otra ocasión.

LA ESFINGE DE LOS HIELOS

El barco Halbrane sigue el itinerario de Arthur Gordon Pym. El viaje comienza sin sobresaltos, pero pronto chocan con un bloque de hielo en el que el cuerpo de un tripulante de la “Jane” (el barco que llevaba a Pym en la novela de Poe) llamado Patterson avisa de la existencia de supervivienes en la isla Tsalal, entre ellos el capitán del barco, Willian Guy, que es hermano del de la “Halbrane”. Esta nave es reforzada para ir en busca de los supervivientes, y se contrata a nuevos marinos, entre ellos a un extraño mestizo de nombre Hunt. Siguiendo el itinerario trazado por Pym, los personajes parecen destinados a ir fatalmente al Polo Sur. Como en la novela de Poe, se produce una rebelión que se ve ferozmente acentuada al chocar el navío contra un iceberg al pasar las islas Aurora y vislumbrar los restos del naufragio del Jane en la isla Tsalal. Los supervivientes se dividen en dos bandos. Por un lado están los amotinados, y por el otro los oficiales. Hasta que una fuerza misteriosa parece atraerlos hacia un punto incierto del Polo Sur. Al igual que le sucedió a Arthur Gordon Pym…

Qué gozada reencontrarse con Julio Verne. Aventuras y más aventuras. El placer de volver a ser un niño. Sin embargo, la sensación que uno tiene es que éste no es el mismo Verne que leíamos entonces. Hay en Verne un gusto exagerado por el dato y por los detalles técnicos que probablemente nos hurtaron en aquellas ediciones resumidas de las novelas del escritor francés. En la que nos ocupa, hay decenas de páginas consagradas a detalles específicos de la navegación, a la geografía de la zona, a los descubrimientos, etc, que en ocasiones abruman. Bienvenidos sean. Ya somos mayorcitos para saberlos masticar y que no nos impidan ver la maravillosa aventura que nos presenta el maestro Verne. En esta ocasión a la tradicional aventura se une un aspecto metaliterario que habría hecho las delicias de Ariel Conceiro, el detective de libros. Y es que “La esfinge de los hielos” no es otra cosa que la continuación de, nada más y nada menos, “La narración de Arthur Gordon Pym”, de Edgar Allan Poe. Años antes de escribir esta novela, el mismo Julio Verne se preguntaba en un ensayo que había escrito sobre el poeta americano, quién sería tan osado para continuarla. Finalmente, fue él mismo el que se atrevió a imaginar lo qué había sucedido con Pym y los misterios que alcanzó a vislumbrar antes de perderse para siempre… Y lo hace de una forma elegante y con un resultado excelente. Qué grande es Julio Verne y qué descubrimiento esta novela donde la ficción sigue a la ficción, donde los personajes de Poe reaparecen, donde encontramos una nueva reescritura a la obra maestra de Poe y donde se nos permite soñar con lo que pudo haber sucedido en aquel terrible y mágico viaje que protagonizó Arthur Gordon Pym.

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SEPTIEMBRE NEGRO

Publicado en El Norte de Castilla el 10 de febrero de 2017

Ya quedó atrás ese estúpido desprecio del intelectual por el mundo de los deportes y cada vez son más los autores que buscan en el universo deportivo gasolina para encender la llama de los sueños. El último en acercarse al deporte para esculpir una preciosa y emotiva obra literaria ha sido Carlos Fidalgo. Con “Septiembre Negro” ha conseguido, además, el prestigioso premio Tiflos de la ONCE en la categoría de cuentos. Se trata, efectivamente, de 28 cuentos cortos que nos hablan de superación, injusticias, héroes, emociones a flor de piel y luchas épicas. Con la excusa de los Juegos Olímpicos, Fidalgo nos regala un apasionante recorrido por toda la historia del siglo XX y nos habla de historias y anécdotas deportivas con el telón de fondo del nazismo, de la discriminación racial, de la guerra fría, del dopaje o del terrorismo. Un boxeador gitano luchando contra la sinrazón nazi, un ciclista perseguido por la Stasi, la mujer más rápida del mundo luchando por los derechos de los negros, la dama de las uñas largas muriendo demasiado joven, un atleta de sangre india al que le quitan sus medallas por haber cobrado 35 dólares, un superviviente de la guerra que fue a Japón a perdonar a sus torturadores, unas gimnastas judías en el campo de concentración de Sobibor a punto de ser gaseadas, Mark Spitz huyendo a toda prisa de Munich igual que Nadia Comaneci de la Rumanía de Ceaucescu, un equipo de waterpolo que venga a todo un pueblo, un héroe olímpico al que castigan con barrer las calles, los duelos, en fin, de Coe-Ovett, o de Abrahams-Liddell, que nos llegan con la música de Carros de fuego. Gestos que alientan revoluciones: el puño en alto con un guante negro, el boxeador gitano que espolvorea su cuerpo con harina, la nadadora que encoge el brazo para no ganar, el ídolo ario abrazando al nieto de un esclavo en presencia de Hitler. Un aliento trágico recorre este “Septiembre Negro” que, como no podía ser de otra forma, culmina con la rememoración, desde tres puntos de vista diferentes, de la masacre de los once atletas israelíes asesinados en Munich 72. Por el camino han quedado 28 historias memorables encerradas en un círculo mágico, el que comenzó con la historia de Prefontaine, el corredor sin miedo, y terminó con un cuento protagonizado por el hombre, gran amigo suyo, que nunca pudo vencerle.

El Norte de Castilla

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