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SE FUE

Publicado en El Norte de Castilla el 14 de diciembre del 2006

Yo pisaré las calles nuevamente/ de lo que fue Santiago ensangrentada/ y en una vieja plaza liberada/ me detendré a llorar por los ausentes…/». La voz de Pablo Milanés fue lo primer que se me vino a la mente cuando escuché accidentalmente en la radio que Pinochet había muerto.
Pinochet ha muerto. El mundo tiene un tirano menos. Se fue, finalmente, sin responder ante la justicia después de años de burlar el pequeño e impotente cerco judicial. Durante más años aún fue el paradigma del dictador, del pisoteo inmisericorde a los derechos humanos. Su nombre fue primero una referencia lejana que llegaba con sordina, un asunto para el que no teníamos aún la capacidad de discernir. Después, siempre iba acompañado de malas noticias, de los muertos y los desaparecidos y éstas solían tener nombre propio y de alguna manera estaban ligados a la música.
«Te recuerdo Amanda/ la calle mojada/ corriendo a la fábrica/ donde trabajaba Manuel…» El autor de esta canción que intentábamos reproducir con una guitarra mala en las reuniones de fin de semana había muerto asesinado. Se llamaba Víctor Jara y sus manos fueron destrozadas en un estadio antes de morir, como tantos compatriotas.
Y venían a Madrid los exiliados de otras dictaduras y daban conciertos que acababan con la policía en la puerta y el público desalojado, como ocurrió en uno del uruguayo Daniel Viglietti al que había ido una compañera del colegio con sus padres. Lo contaba al día siguiente en clase, muy excitada, y sin entender muy bien qué le había pasado y por qué le amenazaba la policía por haber estado sentada en el patio de butacas de un teatro escuchando música.
Y las canciones se iban haciendo realidad a ambos lados del océano… Y llegaba, inexorablemente, el tiempo de entender… Y ya no había vuelta de hoja. Había que aceptar que la muerte, la tortura, el miedo tenían perfiles mucho más duros que las cifras que siempre pueden ponerse en un gráfico y sirven para elaborar una estadística mientras las miramos fríamente.
¿Hablarás de Pinochet en tu columna?, me preguntó una amiga la otra tarde, mientras recordaba que había sido una presencia constante en su vida. Creo que le dije que no. Porque ¿qué decir que no esté dicho? ¿Qué decir que no sea inútil, repetitivo, que no suene a hueco?
«Retornarán los libros, las canciones/ que quemaron las manos asesinas./ Renacerá mi pueblo de su ruina/ y pagarán su culpa los traidores». ¿La pagarán? No quería escribir sobre Pinochet y lo estoy haciendo. Sabía que no me saldría nada optimista. Tantos años después y los tiranos se reproducen aquí o allá y la razón sigue siendo impotente. Por eso no quería.
«Te recuerdo, Amanda (…)/ la lluvia en el pelo,/ no importaba nada/ ibas a encontrarte con él (…)/ Suena la sirena, de vuelta al trabajo/ Muchos no volvieron, tampoco Manuel.»

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Sobre el autor

Más que un oficio, el periodismo cultural es una forma de vida. La llevo ejerciendo desde que terminé la carrera. Hace de eso algún tiempo. Me recuerdo leyendo y escribiendo desde que tengo uso de razón. La lectura es mi vocación; la escritura, una necesidad. La Cultura, una forma de estar en el mundo. Dejo poemas a medio escribir en el bolso y en todos los armarios.


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