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Todas las abuelas Margarita

El largo –para mí– fin de semana traía un regalo de la mano de Senza Tempo, esa compañía de teatro-danza que tanto y tan bien contribuye a un género que va encontrando, poco a poco, su lugar en el espacio escénico de nuestro país. Creo que todas las mujeres españolas, las de la generación en la que sus padres eran niños en la guerra, han oído contar a sus madres y abuelas –yo desde luego sí– que durante la posguerra, cuando las medias “de cristal” eran un lujo y la última moda eran las medias con costura –única sensualidad posible, aunque a regañadientes de los curas, en un país que no estaba para alegrías– las mujeres se pintaban la raya en la pantorrilla para simular que llevaban lo que les resultaba imposible comprar. Ese gesto está en “La canción de Margarita” y es una de esos detalles que el guión deja caer, como improvisados, como sin importancia, pero que marcan el tono de una obra llena de estas sutilezas. Senza Tempo ha renunciado en parte a la abstracción en un montaje que rinde tributo a tantas abuelas Margarita, a tantas mujeres que echaron mano de un coraje del que ni ellas mismas eran conscientes para atravesar –como en la proyección de la pared una mujer atraviesa el páramo desolado en busca de su marido preso– un tiempo de carencias. A todas esas heroínas anónimas y silenciadas se dirige esta obra que ponen en pie cinco mujeres y un hombre entralazando con sabiduría y fluidez danza, música, palabra e imagen. Aqui los códigos se han hecho un poco más explícitos para favorecer la recepción del mensaje. Este llega emocionado sin caer en la sensiblería, sutil, dramático sin caer en dramatismos, irónico, con las gotas suficientes de humor, afilado cuando corresponde. Una historia reconocible porque se sitúa en un tiempo reciente que la literatura, el cine o la historia no parecen haber agotado todavía, pero un tiempo también trasladable a otras latitudes donde la situación de la mujer está a años luz de la justicia, donde los gritos aún chocan contra muros de silencio y su canción nos llega con sordina.

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Sobre el autor

Más que un oficio, el periodismo cultural es una forma de vida. La llevo ejerciendo desde que terminé la carrera. Hace de eso algún tiempo. Me recuerdo leyendo y escribiendo desde que tengo uso de razón. La lectura es mi vocación; la escritura, una necesidad. La Cultura, una forma de estar en el mundo. Dejo poemas a medio escribir en el bolso y en todos los armarios.


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