Vera Egito sorprende con su excelente realización de un suceso del Mayo del 68 en Brasil y Patric Chiha pone a prueba la paciencia del espectador
¡Cómo se agradecen en los festivales (y fuera de ellos) las propuestas con personalidad! Tener algo que contar y hacerlo de una forma diferente. Una de esas propuestas es la de Vera Egito, directora brasileña que presenta su segundo largometraje, tras ‘Amores urbanos’, en el Festival de Valladolid. ‘A batalha da Rua Maria Antônia’ nos traslada al mayo del 68 brasileño y está basada en hechos reales: la defensa por parte de los estudiantes de Filosofía de la Universidad de Sao Paulo opuestos a la dictadura militar del recinto universitario donde se realizaba una votación organizada por el Movimiento Estudiantil de Izquierda, y su enfrentamiento con la universidad privada Mackenzie (situada justo enfrente al otro lado de la Rua Maria Antônia), la mayoría de cuyos estudiantes, a través del Comité de Caza al Comunista, apoyaban la dictadura. Egito nos traslada a esas horas de tensión previas al asalto a la Facultad por parte de las fuerzas del orden utilizando el blanco y negro granulado y la técnica del reportaje para hacernos sentir en el interior de la acción. 21 planos secuencia en los que el ardor juvenil, las dudas de la protagonista principal, el miedo y el valor, la generosidad y la violencia, el dogmatismo y la inocencia se entrecruzan en aulas y pasillos donde también cabe el deseo, el amor apasionado y el amor ocasional. Excelente realización en un tiempo medido, suficiente para alertarnos del peligro de los fascismos, de pensar que la democracia es un hecho irreversible. Confiesa la directora que el guión comenzó a plantearlo en el 2010 como una mirada al pasado, que la llegada al poder del ultraderechista Jail Bolsonaro convirtió en presente.
Excelente tanto la realización como la dirección coreográfica de los muchos figurantes del filme aún más importante por la opción del plano secuencia; y excelente también la interpretación de Pâmela Germano, los ojos a través de los cuales seguimos casi toda la historia con la que Egito consiguió el premio al Mejor Film de Ficción en el Festival de Río de Janeiro. El público aplaudió calurosamente la proyección en la que estuvo presente la directora.
El bajón vino de la mano de ‘The beast in the jungle’, primera de las adaptaciones que verá el Festival en torno a la novela homónima de Henry James. Aunque en este caso habría que decir presunta adaptación. Es la historia de una espera que acaba desesperando al espectador, sentado en la butaca (frente a los protagonistas sentados en el sofá de la discoteca en la que se encuentran cada sábado) deseando que por fin ocurra algo, aunque sea sólo el fin de este ejercicio de paciencia.
Un misterioso personaje convence a una antigua conocida que encuentra casualmente en un exclusivo club nocturno para que le acompañe en la extraña aventura de esperar un futuro acontecimiento que cambiará la vida de los dos. Este en principio atractivo punto de partida acaba cayendo en la inanidad. Anaïs Demoustier y Tom Mercier cargan con ella sin que su presencia baste para hacer atractiva una historia cargada de artificio vacío. Nocturnidad, secuencias de baile interminables, música que va marcando el paso del tiempo, desde la explosión del sida o la llegada de Mitterand al poder, al atentado de las Torres Gemelas, sin que Patric Chiha, el director, nos dé muchas oportunidades de ser sus cómplices. Lo mejor, el vestuario de la protagonista, no en vano Chiha estudió diseño de moda en París. Mejor le vemos en un desfile.
DEL SILENCIO Y SUS FORMAS
Y ahora una entrada a la Sección Oficial. Manuel Martín Cuenca que tiene en su haber propuestas tan sorprendentes como ‘Canibal’ o ‘El autor’ compite en Seminci con ‘El amor de Andrea’. A veces una sencilla historia se convierte en una muy buena historia si está bien contada. Es el caso de este film en el que el director aborda una historia en la que tantos espectadores pueden ver un reflejo de su situación. Andrea es una adolescente que intenta recuperar el amor de su padre, que ha desaparecido de su vida tras divorciarse de su madre. Como toda adolescente necesita respuestas, palabras que aclaren un comportamiento que no puede entender, pero su deseo choca una y otra vez con el silencio de los adultos. El del padre, uno de esos seres incapaces de empatizar con esa necesidad de explicaciones, y el de la madre, lleno de dolor y desengaño.
Se diría que ‘El amor de Andrea’ es una película de silencios. De silencios de dos tipos: el frío e incomprensible de los adultos y el cargado de sentido de Andrea (fantástica Lupe Mateo Barredo). Silencios y miradas concretadas en los ojos de esa niña obligada a madurar antes de tiempo (como en tantos casos similares), en la de sus hermanos (qué difícil dirigir a los niños y qué buen resultado dan estos) y en las de esos adultos incapaces de acompañarlos. La Bahía de Cádiz y las gaviotas ponen paisaje físico y sonoro a la película.