Hay personas para las que estamos siempre sin cobertura, vamos, que no queremos saber de ellas, o simplemente lo justito.
La química no funciona, no hay simbiosis de ninguna manera con alguna/algunas personas y lo que no puede ser, no puede ser y además es imposible.
A veces es tal el grado de alejamiento que ni siquiera damos o nos dan una oportunidad, nos quedamos en ese momento frió cómo el hielo y allí nos quedamos acomodados.
Está claro que no tenemos que llevarnos a partir un piñón con todo el mundo mundial, que hay seres humanos con los que nunca nos entenderemos eso es impepinable, una relación forzada no lleva a buen puerto es una manera de navegar contra corriente.
¡Qué difícil es!
Y a lo peor, lo que pasa es que nos perdemos algo interesante pero no queremos adentrarnos en un mundo al que ya le hemos negado oportunidad alguna.
Pero la verdad es que si nuestro subconsciente nos pone una llamada de alerta ante tal o cual persona debemos hacerle caso, no suele equivocarse, lo demás quizá sean falacias de querer entendernos con todos y eso es imposible, así que mejor lo dejamos estar, que no nos salpiquen, que no se crucen en un camino en el que no debemos encontrarnos para la buena marcha del negocio.
Y ahora me diréis: ¿a qué viene la charla de hoy?, pues a que no siempre podemos o queremos ser políticamente correctos, que no siempre estamos dispuestos a tragar, a que no hay que forzar nada, las cosas llegan o no, pero solitas, sin empujarlas.
El otro día estaba invitada a un evento donde estaban personas que para nada son de mi agrado, es recíproco, aviso, con lo cual decliné la invitación.
De esa “tontería” de relaciones humanas no deseadas, de eso va la entrada de hoy.
Si he hecho bien o mal, no lo sé, sólo sé que me he quedado perfectamente tranquila, con lo cual no creo me haya equivocado, pero quien sabe…
Saludos blogueros.