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Esperanza Ortega

Las cosas como son

El hermano Orlando Zapata

El hermano Orlando Zapata

“Yo tuve un hermano. / No nos vimos nunca / pero no importaba….”Así comienza un poema de Cortázar dedicado al Che. La Revolución Cubana, que se hizo con más versos que balas, tuvo como gran inspirador a otro poeta, José Martí: “Cultivo una rosa blanca / en Junio como en Enero, / para el amigo sincero, / que me da su mano franca. / Y para el cruel que me arranca / el corazón con que vivo, / cardo ni oruga cultivo / cultivo una rosa blanca”. Estos versos de Martí los saben de memoria todos los niños de Cuba. Y en el colegio aprenden el discurso que pronunció Fidel cuando fue juzgado por Batista, después de permanecer aislado durante 75 días en una lóbrega mazmorra. Aquel discurso terminaba diciendo: “Condenadme, no importa. La historia me absolverá”. ¿Cómo no conmoverse ante su contundencia y valentía? Fidel denunciaba, entre otras cosas, el desprecio con el que eran tratados los cubanos de raza negra, y la vida penosa de los niños del campo, hambrientos, con los pies descalzos devorados por los parásitos. También aseguraba que “un solo hombre, cuando se rebela contra los que roban a los pueblos su libertad, devuelve el decoro a miles de hombres, al pueblo entero, pues en su gesto se cifra la dignidad humana”. Visité Cuba hace 30 años. Ya sabía lo que le había sucedido a Herberto Padilla por atreverse a criticar al régimen de Castro, pero vi a los niños bien alimentados, con su ración más que suficiente de leche diaria, a pesar de las penurias que el bloqueo económico de EE. UU imponía al país. “Mi honda es la de David”, contestaba Cuba en palabras de Martí al gigante del capitalismo. Vi a negros y blancos conviviendo en las escuelas y en los hospitales, y entendí los versos del “Tengo, tengo” del poeta afrocubano Nicolás Guillén: “Tengo, vamos a ver / tengo todo lo que tenía que tener”. Estaba claro que en Cuba no había libertad, pero un peculiar sentido de la justicia igualaba a todos en la pobreza, librándoles de la miseria, de la desesperanza. “El socialismo es triste, pero abriga”, reconocía Padilla, el disidente. Y les quedaba una riqueza que era de todos, la riqueza de las palabras. Por eso es tan terrible que el decoro y la dignidad del pueblo cubano la represente hoy Orlando Zapata, un albañil negro que ha muerto en La Habana, tras pasar más de 80 días incomunicado y en huelga de hambre en una celda semejante a aquella en que Fidel estuvo preso hace más de 50 años. Orlando Zapata no era un hombre de discursos, era tan insignificante que ni siquiera contaba con el poder de las palabras. Sin embargo, con su silencio y con su valentía le ha dicho al Comandante que la historia ya no le absolverá, por haber teñido de sangre la rosa blanca de Martí. Pero ¿por qué nos sigue quitando el sueño a algunos lo que sucede en Cuba? Quizá porque recordamos cómo continúa el poema de Cortázar: “Mi hermano despierto / mientras yo dormía…”, porque sospechamos que ese centinela silencioso, ese hermano que teníamos en Cuba, al que no vimos nunca, se llamaba Orlando Zapata. Y ante su desdicha se calla al cantor.

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Sobre el autor

Esperanza Ortega es escritora y profesora. Ha publicado poesía y narrativa, además de realizar antologías y estudios críticos, generalmente en el ámbito de la poesía clásica y contemporánea. Entre sus libros de poemas sobresalen “Mudanza” (1994), “Hilo solo” (Premio Gil de Biedma, 1995) y “Como si fuera una palabra” (2007). Su última obra poética se titula “Poema de las cinco estaciones” (2007), libro-objeto realizado en colaboración con los arquitectos Mansilla y Tuñón. Sin embargo, su último libro, “Las cosas como eran” (2009), pertenece al género de las memorias de infancia.Recibió el Premio Giner de los Ríos por su ensayo “El baúl volador” (1986) y el Premio Jauja de Cuentos por “El dueño de la Casa” (1994). También es autora de una biografía novelada del poeta “Garcilaso de la Vega” (2003) Ha traducido a poetas italianos como Humberto Saba y Atilio Bertolucci además de una versión del “Círculo de los lujuriosos” de La Divina Comedia de Dante (2008). Entre sus antologías y estudios de poesía española destacan los dedicados a la poesía del Siglo de Oro, Juan Ramón Jiménez y los poetas de la Generación del 27, con un interés especial por Francisco Pino, del que ha realizado numerosas antologías y estudios críticos. La última de estas antologías, titulada “Calamidad hermosa”, ha sido publicada este mismo año, con ocasión del Centenario del poeta.Perteneció al Consejo de Dirección de la revista de poesía “El signo del gorrión” y codirigió la colección Vuelapluma de Ed. Edilesa. Su obra poética aparece en numerosas antologías, entre las que destacan “Las ínsulas extrañas. Antología de la poesía en lengua española” (1950-2000) y “Poesía hispánica contemporánea”, ambas publicadas por Galaxia Gutemberg y Círculo de lectores. Actualmente es colaboradora habitual en la sección de opinión de El Norte de Castilla y publica en distintas revistas literarias.