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Esperanza Ortega

Las cosas como son

Salvad el Mercado del Val


“El aire de la ciudad nos hace libres”, decían los ciudadanos del Siglo XV, cuando, todavía sacudiéndose las tinieblas de la Edad Media, se paseaban por las callejuelas de las nuevas villas, en donde nadie era siervo de nadie, en donde podían disfrutar comprando en el mercado. La nobleza se autoabastecía y el clero disfrutaba del diezmo de todas las cosechas. Pero Celestina compraba en el mercado, y el sueño de Lázaro de Tormes era el de prosperar hasta llegar a ser cliente de sus puestos. El mercado distinguía a la ciudad. Por eso se fueron construyendo edificios para albergarlo, que representaban la prosperidad de sus vecinos. El Mercado del Val es uno de ellos, el único que queda en Valladolid, una vez eliminados el de Portugalete y el del Campillo. Construido en el Siglo XIX, según el modelo de Les Halles de París, hoy es uno de sus edificios emblemáticos, además de la Iglesia de San Pablo. ¿Por eso ha sido declarado bien cultural, únicamente por su valor arquitectónico? En absoluto. El Val guarda la memoria del pasado vivo de la ciudad y representa su esperanza de futuro. ¿A dónde iremos si no los que no nos resignamos a consumir las ofertas de comida premasticada de las grandes superficies? Nadie duda que el Val alberga hoy los mejores productos en sus carnicerías, pescaderías, pollerías, fruterías… Y la clave está en que se puede elegir entre los distintos puestos. La ley de competencia, que está en la base misma del comercio, solo se cumple en el mercado. Y los clientes, mientras aguardan “la vez” -¡qué hermosa palabra, digna del argot más refinado!- comparan y deciden, en tiendas donde no son un número, sino personas de carne y hueso, con nombre de pila. El Mercado del Val ha olvidado ya el papel de estraza y la romana, pero conserva el alegre perfume del alimento fresco que siempre le caracterizó, igual que conservan las tenderas la blancura inmaculada de sus delantales. Y sin embargo, el Val languidece en un melancólico letargo. Para evitar que perezca del todo, los comerciantes elaboraron un proyecto de modernización que incluía, entre otras cosas, horarios amplios y aparcamiento subterráneo. El Ayuntamiento se mostró de acuerdo y prometió colaborar, igual que otras instituciones. Pero la crisis…de los mercados financieros…. Más adelante, quizá. ¿Y mientras?, ¿organizará mercados medievales en la Plaza Mayor, con dependientes disfrazados de verdaderos tenderos?, ¿organizará talleres “de mercado” para los niños de Primaria en el “Museo del Val”, en el que, con el dinero falso del palé, aprendan lo que era la verdadera compraventa? , ¿lo que fue, lo que hubo? Les dirán: “Niña, si vas a la Plaza, una cosa te advierto, merluza cerrada y congrio abierto”, como nos enseñaban nuestras abuelas? ¿Y qué comeremos?, ¿lo que nos den? Barcelona, Santander, Madrid… conservan sus mercados. ¿Dejaremos nosotros que este bien económico y cultural se pierda? Todavía estamos a tiempo: salvad el mercado del Val, porque Valladolid lo necesita como el día en que el aire de la libertad se respiró en sus calles por primera vez.

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Sobre el autor

Esperanza Ortega es escritora y profesora. Ha publicado poesía y narrativa, además de realizar antologías y estudios críticos, generalmente en el ámbito de la poesía clásica y contemporánea. Entre sus libros de poemas sobresalen “Mudanza” (1994), “Hilo solo” (Premio Gil de Biedma, 1995) y “Como si fuera una palabra” (2007). Su última obra poética se titula “Poema de las cinco estaciones” (2007), libro-objeto realizado en colaboración con los arquitectos Mansilla y Tuñón. Sin embargo, su último libro, “Las cosas como eran” (2009), pertenece al género de las memorias de infancia.Recibió el Premio Giner de los Ríos por su ensayo “El baúl volador” (1986) y el Premio Jauja de Cuentos por “El dueño de la Casa” (1994). También es autora de una biografía novelada del poeta “Garcilaso de la Vega” (2003) Ha traducido a poetas italianos como Humberto Saba y Atilio Bertolucci además de una versión del “Círculo de los lujuriosos” de La Divina Comedia de Dante (2008). Entre sus antologías y estudios de poesía española destacan los dedicados a la poesía del Siglo de Oro, Juan Ramón Jiménez y los poetas de la Generación del 27, con un interés especial por Francisco Pino, del que ha realizado numerosas antologías y estudios críticos. La última de estas antologías, titulada “Calamidad hermosa”, ha sido publicada este mismo año, con ocasión del Centenario del poeta.Perteneció al Consejo de Dirección de la revista de poesía “El signo del gorrión” y codirigió la colección Vuelapluma de Ed. Edilesa. Su obra poética aparece en numerosas antologías, entre las que destacan “Las ínsulas extrañas. Antología de la poesía en lengua española” (1950-2000) y “Poesía hispánica contemporánea”, ambas publicadas por Galaxia Gutemberg y Círculo de lectores. Actualmente es colaboradora habitual en la sección de opinión de El Norte de Castilla y publica en distintas revistas literarias.