En Valladolid se aplaude a la bandera y no se silba el himno nacional. Lo pudimos comprobar el pasado domingo, en el desfile que se celebró en su Plaza Mayor, con la presencia de los Reyes. Ya se sabe, los vallisoletanos son buenos patriotas, gente de orden y de bien. Aunque unas calles más abajo, otros vallisoletanos se manifestaban con otra bandera española, la roja, amarilla y morada. Vaya lío. Yo, si quieren que les diga la verdad, la única bandera que respeto es la bandera blanca, con su aspecto de ala de ángel desgajada. Y de los desfiles, la única que me cae simpática es la cabra de la Legión. ¿No soy patriota? Pero soy muy española, porque cuando veo un partido de futbol deseo que gane España, y si no juega España prefiero que gane un país de habla española. Y en el caso de que no se cumplan ninguna de estas dos condiciones, me sitúo siempre en contra de los favoritos: lo español es estar con los que pierden. Echen una ojeada a nuestra historia: ganamos la batalla de Lepanto, pero de allí para adelante, no vencimos ni con la Armada invencible, y nuestro héroe nacional, Don Quijote, es el genial perdedor de la Literatura. La semana pasada murió Florencio García Vega, un gran poeta cubano que tenía nombre español y un libro más español todavía: “Oficio de perder”, que es el oficio de España. Se lo digo yo, que soy nieta de un capitán de caballería cuyo mayor orgullo era haber participado en la pérdida de Cuba. Y en la única guerra que vencimos, la Guerra de la Independencia, no intervino ni el ejército ni la monarquía. Ya saben quiénes defendieron España: pueblerinos sin instrucción militar, sin uniformes, ni himnos ni banderas. Vayan al Museo del Prado y verán a estos desarrapados tal como les pintó Goya, en los fusilamientos del Dos de Mayo, en el momento más heroico, el de perder la vida por España. “Me duele España”, decía Unamuno, que tanto despreciaba a los que vencían con cañones, pero no convencían con razones. Y escuchen lo que nos decía Machado, que por ser tan patriota murió fuera de España: “La patria es, en España, un sentimiento sencillamente popular, del cual suelen jactarse los señoritos. En los trances más duros, los señoritos la invocan y la venden; el pueblo la compra con su sangre y no la mienta siquiera”. Pero esto sucedió en el pasado. ¿Y hoy? Hoy es patriota el que paga sus impuestos y no lo es el señorito que se esconde en la guarida de ladrones de la amnistía fiscal, es patriota el que, si va de vacaciones a Marbella, paga de su bolsillo la cuenta del hotel; no es patriota el señorito que adjudica pisos subvencionados a sus familiares, no es patriota el que evade capitales a Suiza…. Entonces, ¿hay algún ejemplo de patriotismo? ¡Claro que los hay! Actuaron con patriotismo los jóvenes que, voluntariamente, lucharon contra el chapapote que invadió nuestras playas ¿Se acuerdan? La hazaña la hicieron españoles sin uniforme, ni banderas, ni himnos, patriotas que ni siquiera mentaban a su patria. Hoy están indignados, en paro la gran mayoría, y, si tienen trabajo, han de contribuir con sus sueldos escasos a pagar las estafas de los señoritos emprendedores que ayer se jaztaban de defender la marca España, sin mancharse las manos en las playas. Sin embargo, en estos tiempos duros, aquella marea blanca es la responsable de que no se nos caiga la cara de vergüenza cuando se mienta el nombre de esta tierra nuestra, a la que Alfonso X el Sabio, un rey nada belicoso, comparó con el Paraíso y dio el nombre de España.