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Esperanza Ortega

Las cosas como son

Cosas veredes que harán saltar las piedras

Tenía yo hilvanada ya desde el domingo una columna, pero el lunes las emisoras de la mañana comenzaron a emitir noticias realmente alarmantes, de las que exigen un comentario de cualquiera que escriba en un periódico. Además de soportar como cada día la nueva salida de tono de Trump y de sus secuaces europeos, Le Pen y Salvini, que estrechan sus manos mientras planean lo que ellos mismos llaman “el asalto a Europa”, pues sí, a todo eso se unía el lunes por la mañana la victoria en Brasil de Bolsonaro, el candidato que representa la regresión hasta los tiempos dictatoriales que todavía amenazan el porvenir del país más grande y peligroso de Hispanoamérica: “el problema de la Dictadura es que no mató a los que había torturado”, dijo en una ocasión el futuro Presidente de Brasil.  “Cosas veredes, que harán saltar las piedras” le dijo al Cid el rey castellano, y me temo que nos podríamos aplicar la frase, pues estamos presenciando sucesos realmente increíbles. ¿Y aquí, en España? Aquí no parecía que hubiera sucedido nada de relevancia, cuando una información cruzó fugazmente el noticiario: La Audiencia provincial de Madrid había absuelto al doctor Vela, el viejo Sacamantecas que arrancaba a los bebés recién nacidos del regazo de sus madres para dárselos a parejas adineradas, de las que acudían a su consulta por problemas de esterilidad.  Nadie pone en duda la participación del doctor Vela en tales delitos, demostrada por la denunciante, una de sus víctimas, que desea saber quién es desde que su madre adoptiva le confesó que la había comprado de recién nacida. Pero el Tribunal absuelve al acusado porque su crimen ha prescrito: la víctima ha tardado demasiado en darse cuenta de que era una niña robada. No es que declare ese tribunal culpable al doctor Vela y que, acto seguido, basándose en su elevada edad (85 años) decida que no entre en prisión, sino que le absuelve, es decir, le exime de dar ninguna explicación sobre el número y manera de cometer sus tropelías, considerando que el tiempo habrá borrado cualquier responsabilidad en los actos criminales que se le imputan. La sociedad, sin embargo, sigue teniendo el derecho y el deber de conocer cuál es la identidad verdadera de 300.000 ciudadanos secuestrados, suplantados, devorados por esos lobos feroces a los que los tribunales, incomprensiblemente, siguen protegiendo. Así suceden los hechos a grosso modo, aunque podríamos añadir detalles atroces como el desenterramiento y apertura de viejos ataúdes minúsculos en los que solo se encuentran pañales llenos de polvo, cuyo vacío hay que leer como un testimonio del vacío de esas pobres madres que seguían oyendo en sueños el llanto de los hijos a los que creían muertos. No se ha remarcado lo suficiente el esfuerzo realmente sobrehumano que hacen los familiares de estos niños, igual que los familiares de las personas asesinadas durante la Dictadura franquista, por enfrentarse a la podredumbre de los restos humanos de sus hijitos, de sus padres y de sus abuelos, como tampoco la ternura y la pena que denotan sus miradas ansiosas cuando  sacan los esqueletos de las zanjas y les dan un adiós que ya nadie escuchará, un abrazo que nadie va a e sentir porque están muertos muertos muertos. Y mientras, los doctores Vela de turno regresan a casa aliviados, agradecidos porque el tribunal no les ha forzado a revivir sus crímenes, porque ha respetado el alzheimer social que tanto conviene a sus conciencias y a sus vidas mezquinas. ¿Continuará?

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Sobre el autor

Esperanza Ortega es escritora y profesora. Ha publicado poesía y narrativa, además de realizar antologías y estudios críticos, generalmente en el ámbito de la poesía clásica y contemporánea. Entre sus libros de poemas sobresalen “Mudanza” (1994), “Hilo solo” (Premio Gil de Biedma, 1995) y “Como si fuera una palabra” (2007). Su última obra poética se titula “Poema de las cinco estaciones” (2007), libro-objeto realizado en colaboración con los arquitectos Mansilla y Tuñón. Sin embargo, su último libro, “Las cosas como eran” (2009), pertenece al género de las memorias de infancia.Recibió el Premio Giner de los Ríos por su ensayo “El baúl volador” (1986) y el Premio Jauja de Cuentos por “El dueño de la Casa” (1994). También es autora de una biografía novelada del poeta “Garcilaso de la Vega” (2003) Ha traducido a poetas italianos como Humberto Saba y Atilio Bertolucci además de una versión del “Círculo de los lujuriosos” de La Divina Comedia de Dante (2008). Entre sus antologías y estudios de poesía española destacan los dedicados a la poesía del Siglo de Oro, Juan Ramón Jiménez y los poetas de la Generación del 27, con un interés especial por Francisco Pino, del que ha realizado numerosas antologías y estudios críticos. La última de estas antologías, titulada “Calamidad hermosa”, ha sido publicada este mismo año, con ocasión del Centenario del poeta.Perteneció al Consejo de Dirección de la revista de poesía “El signo del gorrión” y codirigió la colección Vuelapluma de Ed. Edilesa. Su obra poética aparece en numerosas antologías, entre las que destacan “Las ínsulas extrañas. Antología de la poesía en lengua española” (1950-2000) y “Poesía hispánica contemporánea”, ambas publicadas por Galaxia Gutemberg y Círculo de lectores. Actualmente es colaboradora habitual en la sección de opinión de El Norte de Castilla y publica en distintas revistas literarias.


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