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Esperanza Ortega

Las cosas como son

Amor y pedagogía, ayer y hoy.

Este año que termina se ha hablado mucho de Mujercitas. La razón de este súbito interés por la novela de Louis May Alcott es que se cumplen ciento cincuenta años de su publicación, justo en un momento en que la lucha contra la discriminación de las mujeres ha protagonizado la actualidad mundial. ¡Ah, si las hermanas March pudieran haber tomado parte en la gran manifestación del 8 de febrero, no hubieran faltado ninguna de ellas!, aunque hubiera sido Jo la que hubiera portado la pancarta, acompañada de su marido, el profesor alemán que siempre la animó a que realizara su vocación de escritora. A mi me encanta que por fin se reconozca el valor de esta novela a la que siempre he defendido. Recuerdo que en 2003 se nos pidió a algunas escritoras que diésemos nuestra opinión sobre Mujercitas en un periódico de Valladolid. Sé que fue en 2003 porque en aquellos días salíamos en manifestación bajo el lema NO A LA GUERRA antes de que comenzara el bombardeo sobre Irak, y dije que yo creía que la familia March hubiera estado en contra de la guerra, ellos que habían sufrido en sus carnes el desastre de un conflicto bélico. Y así lo sigo creyendo hoy, más contenta que antes, al sentirme arropada por tantas opiniones. Este verano me encantó leer en las “Memorias de una joven formal”, de Simone de Beauvoir, la huella que dejó en ella este libro, y sobre todo la segunda de las hermanas, de la que dice: “Me identifiqué apasionadamente con Jo, la intelectual. Brusca, angulosa, Jo trepaba, para leer, a la copa de los árboles; era mucho más varonil y más osada que yo; pero yo compartía su horror por la costura y los cuidados de la casa, y su amor por los libros”. Sin embargo, yo hoy lo que voy a reivindicar es otra obra de Luis May Alcott. Me refiero a “Hombrecitos”. En este libro se expresan los ideales pedagógicos de su autora, que también fue maestra de escuela. Nada tienen que envidiar sus ideas a las de Montesori o a las de la Institución Libre de Enseñanza. El matrimonio Baher -Jo y su marido- se han convertido en profesores que educan en todo el sentido de la palabra a sus propios hijos, a algunos de sus sobrinos y a otros niños pobres, recogidos en la calle o enviados allí por sus familias porque tienen problemas de aprendizaje. Lo primero que llama la atención que los Baher educan de la misma manera a los niños y a las niñas, que crecen en plena naturaleza: tienen cada uno un huerto y su animal doméstico, siendo la casa de los hombrecitos una verdadera arca de Noé. En ese colegio también se plantea la coeducación: uno de los niños tiene una deficiencia mental y otro una deficiencia física, pues es jorobado. Otra de sus características es que, al contrario de todas las escuelas de la época, los Baher no utilizan nunca el castigo físico y creen en el valor de la inocencia infantil, siempre por encima de las directrices de los adultos. Su éxito se basa en la certeza de que el amor es la única guía a la hora de tomar cualquier decisión comprometida. En definitiva, que no he visto yo nunca un libro tan avanzado pedagógicamente a su tiempo. Muchas sentimos nacer nuestra vocación de profesoras leyendo Hombrecitos. Como felicitación de Navidad, les dejo las frases con las que termina la obra: “Porque el amor es planta que arraiga en todos los suelos, que no teme a las heladas del otoño ni a las nieves del invierno, y que florece siempre, perfumando por igual a quienes lo otorgan y a quienes lo reciben”.

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Sobre el autor

Esperanza Ortega es escritora y profesora. Ha publicado poesía y narrativa, además de realizar antologías y estudios críticos, generalmente en el ámbito de la poesía clásica y contemporánea. Entre sus libros de poemas sobresalen “Mudanza” (1994), “Hilo solo” (Premio Gil de Biedma, 1995) y “Como si fuera una palabra” (2007). Su última obra poética se titula “Poema de las cinco estaciones” (2007), libro-objeto realizado en colaboración con los arquitectos Mansilla y Tuñón. Sin embargo, su último libro, “Las cosas como eran” (2009), pertenece al género de las memorias de infancia.Recibió el Premio Giner de los Ríos por su ensayo “El baúl volador” (1986) y el Premio Jauja de Cuentos por “El dueño de la Casa” (1994). También es autora de una biografía novelada del poeta “Garcilaso de la Vega” (2003) Ha traducido a poetas italianos como Humberto Saba y Atilio Bertolucci además de una versión del “Círculo de los lujuriosos” de La Divina Comedia de Dante (2008). Entre sus antologías y estudios de poesía española destacan los dedicados a la poesía del Siglo de Oro, Juan Ramón Jiménez y los poetas de la Generación del 27, con un interés especial por Francisco Pino, del que ha realizado numerosas antologías y estudios críticos. La última de estas antologías, titulada “Calamidad hermosa”, ha sido publicada este mismo año, con ocasión del Centenario del poeta.Perteneció al Consejo de Dirección de la revista de poesía “El signo del gorrión” y codirigió la colección Vuelapluma de Ed. Edilesa. Su obra poética aparece en numerosas antologías, entre las que destacan “Las ínsulas extrañas. Antología de la poesía en lengua española” (1950-2000) y “Poesía hispánica contemporánea”, ambas publicadas por Galaxia Gutemberg y Círculo de lectores. Actualmente es colaboradora habitual en la sección de opinión de El Norte de Castilla y publica en distintas revistas literarias.