>

Blogs

Esperanza Ortega

Las cosas como son

Tempestad en la Izquierda

Desde que el mundo es mundo y desde que la izquierda es izquierda, las fuerzas políticas de derecha obedecen con disciplina las órdenes de sus líderes, mientras que en los partidos de izquierda se producen escisiones periódicas, que impulsan a sus votantes a la abstención. La derecha hace unas digestiones fabulosas, incluso cuando se ve obligada a tragarse sapos corrompidos, que huelen y saben a rayos. Solo hace falta ver la felicidad que irradia Ana Botella a la vera de José Mari en el congreso del PP ¿Vendió los pisos del ayuntamiento de Madrid al fondo buitre al que pertenece su hijo para que se encargara de desahuciar a los vecinos? ¡Pelillos a la mar! Seguro que ninguno de esos pelillos era del PP. En cambio, en Podemos se oyen tambores de guerra por algo que, en principio, incumbe solo a sus líderes. Aunque lo grave no es que haya crisis entre los líderes de izquierdas, sino que haya crisis entre las ideas de la izquierda, porque sin ellas su política no tiene sentido. Tras el derrumbe de la Unión Soviética, la izquierda culminó el camino de autocrítica feroz del sistema comunista que ya había comenzado muchísimo tiempo atrás, cuando Trotski se enfrentó a Stalin, mientras el capitalismo, sin un atisbo de autocrítica, sonreía ufano de sus logros, sin reparar en la pobreza y desdicha que ha engendrado siempre en gran parte de la Humanidad. ¿Pero quién se acuerda de la crítica marxista a la propiedad cuando se producen los desahucios?  Los trabajadores, víctimas de la usura financiera, se habían creído que iban a entrar en el paraíso consumista, mientras veían enriquecerse a sus dirigentes, como ejemplifica el caso de Felipe González. En la actualidad, lo importante no es que Iglesias se compre un chalet lujoso, cerca de un colegio alternativo, sino que piense que sus hijos van a estar allí mejor que en Vallecas, junto a los niños de la clase trabajadora. No, eso no nos incumbe porque pertenece a su vida privada, me dirán. Pero eso nos incumbe porque sugiere la falta de sentimiento utópico que inspira el pensamiento de uno de los principales dirigentes de la izquierda. Alguien que se precia de serlo debe tener la capacidad de imaginar que en el futuro las cosas van a cambiar para sus hijos y para los hijos de todos, para eso trabajan los políticos de izquierdas. Dice Gino Rubert, el hijo de Rubert de Ventós, que “la imaginación son los ojos que ven detrás del muro”, y algunos dirigentes de la izquierda no parecen ver más allá de sus narices. Sin esta fuerza imaginativa, que la derecha siempre considerará una solemne idiotez, no se vislumbrará nunca otro horizonte que el del capitalismo más atroz. El feminismo, el antirracismo, la defensa de los homosexuales, de los refugiados y de los sin papeles es consecuencia directa de la idea matriz de la izquierda, algo tan simple como que todos los seres humanos somos iguales: “de cada uno según su capacidad, a cada uno según sus necesidades” Si la izquierda no hubiera olvidado este único mandamiento, no estarían tantos emigrantes latinoamericanos bajo la influencia de la Iglesia Evangélica. No por caridad cristiana, sino por el sagrado principio de la solidaridad, la izquierda ha de ayudar a los desposeídos, sin dejar en manos de ninguna ONG el apoyo sincero a sus lógicos votantes. Durante las últimas décadas, la derecha, para encubrir sus verdaderas intenciones,  ha hecho suyos muchos de los eslóganes de la izquierda, pero eso no la ha desnaturalizado, pues las palabras se las lleva el viento; sin embargo, la izquierda ha hecho algo mucho más destructivo:  hacer suya la forma de vida de la derecha, una vida sin imaginación, sin solidaridad, sin utopía. Así nos va.

Temas

Sobre el autor

Esperanza Ortega es escritora y profesora. Ha publicado poesía y narrativa, además de realizar antologías y estudios críticos, generalmente en el ámbito de la poesía clásica y contemporánea. Entre sus libros de poemas sobresalen “Mudanza” (1994), “Hilo solo” (Premio Gil de Biedma, 1995) y “Como si fuera una palabra” (2007). Su última obra poética se titula “Poema de las cinco estaciones” (2007), libro-objeto realizado en colaboración con los arquitectos Mansilla y Tuñón. Sin embargo, su último libro, “Las cosas como eran” (2009), pertenece al género de las memorias de infancia.Recibió el Premio Giner de los Ríos por su ensayo “El baúl volador” (1986) y el Premio Jauja de Cuentos por “El dueño de la Casa” (1994). También es autora de una biografía novelada del poeta “Garcilaso de la Vega” (2003) Ha traducido a poetas italianos como Humberto Saba y Atilio Bertolucci además de una versión del “Círculo de los lujuriosos” de La Divina Comedia de Dante (2008). Entre sus antologías y estudios de poesía española destacan los dedicados a la poesía del Siglo de Oro, Juan Ramón Jiménez y los poetas de la Generación del 27, con un interés especial por Francisco Pino, del que ha realizado numerosas antologías y estudios críticos. La última de estas antologías, titulada “Calamidad hermosa”, ha sido publicada este mismo año, con ocasión del Centenario del poeta.Perteneció al Consejo de Dirección de la revista de poesía “El signo del gorrión” y codirigió la colección Vuelapluma de Ed. Edilesa. Su obra poética aparece en numerosas antologías, entre las que destacan “Las ínsulas extrañas. Antología de la poesía en lengua española” (1950-2000) y “Poesía hispánica contemporánea”, ambas publicadas por Galaxia Gutemberg y Círculo de lectores. Actualmente es colaboradora habitual en la sección de opinión de El Norte de Castilla y publica en distintas revistas literarias.