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Esperanza Ortega

Las cosas como son

Locura y dientes podridos

Estos días en que los partidos políticos hacen sus promesas electorales, echo de menos alguna oferta de solución a las dos lacras de nuestro sistema sanitario público: la salud mental y la higiene dental. En cuanto a la segunda, me dirán que sí, que la Seguridad Social se ocupa de sacarte una muela o curarte una piorrea, pero todos sabemos que cada uno tiene que apencar con los gastos del dentista si quiere gozar de una dentadura medianamente saludable y que esa es la causa de que en nuestro país (¡Oh, este gran país!) los ricos sonrían mucho más que los pobres. Así se explica también que la estafa de iDental haya afectado de manera tan notoria a los sectores más desfavorecidos de la sociedad: ofrecía precios muy baratos y los “clientes” podían pagarlos en cómodos plazos. Hasta que se descubrió que todo era una engañifa y desde entonces esta pobre gente protesta con una preciosa boca desdentada. Es una manera de hacerlos callar. Solo algunas comunidades y ayuntamientos de grandes ciudades con gobiernos progresistas, como Madrid o Barcelona, ponen a disposición de los niños tratamientos gratuitos o semigratuitos. ¿Y los demás?, nada de nada. Lo mismo ocurre con los enfermos mentales, para cuya curación la Seguridad Social ofrece casi únicamente fármacos, a falta de una red de psicólogos y psiquiatras suficiente para realizar un seguimiento eficaz. No, el asunto no es en absoluto baladí. Para entender las consecuencias que pueden acarrear estas dos lagunas sanitarias, les recomiendo que lean la autobiografía de Janet Frame titulada “Un ángel en mi mesa”. Así se harán cargo del sufrimiento al que fue sometida la escritora neozelandesa durante los siete años en los que estuvo internada en un psiquiátrico. Su desgracia podría haberse evitado si la sanidad pública de su país hubiera funcionado como es debido. Aunque, quizá por sus dotes de superdotada, ella pudo sobreponerse al calvario sufrido:  tras haber sido sometida a constantes electroshock y cuando estaba a punto de practicársele una lobotomía (que la hubiera dejado incapacitada para siempre) recibió un importantísimo premio literario por una obra escrita mientras estaba “loca”. ¿Qué había llevado a Janet Frame a ingresar en un psiquiátrico?: un profundo complejo de inferioridad, originado en su fea dentadura podrida. Se sentía ridícula con aquellos dientes asquerosos. Su inseguridad se convirtió en algo patológico y, a pesar de que sus calificaciones eran inmejorables, cuando un inspector criticó su manera demasiado innovadora de dar clases en sus prácticas universitarias, ella, atemorizada y deprimida, se tomó un frasco de aspirinas. No consiguió quitarse la vida pero, siguiendo un mal consejo, pidió ayuda en un Centro de Salud. Allí la primera medida que tomaron con ella fue cortarle el pelo al cero y arrancarle todos los dientes. Nada de esto hubiera sucedido si la familia de Janet Frame hubiera podido pagarle un dentista o si en la Nueva Zelanda de mediados de Siglo XX hubiera habido una sanidad pública adecuada.   Ahora comprenderán por qué me muestro tan vehemente al criticar las lagunas de nuestro sistema sanitario. Aunque pensándolo dos veces, ¿no sería mejor reformar una sociedad como la nuestra, radicalmente injusta, que genera un abismo de desigualdad cada vez más hondo entre los ricos que exhiben sus poderosas dentaduras y los pobres que no se atreven a abrir la boca ni para respirar?

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Sobre el autor

Esperanza Ortega es escritora y profesora. Ha publicado poesía y narrativa, además de realizar antologías y estudios críticos, generalmente en el ámbito de la poesía clásica y contemporánea. Entre sus libros de poemas sobresalen “Mudanza” (1994), “Hilo solo” (Premio Gil de Biedma, 1995) y “Como si fuera una palabra” (2007). Su última obra poética se titula “Poema de las cinco estaciones” (2007), libro-objeto realizado en colaboración con los arquitectos Mansilla y Tuñón. Sin embargo, su último libro, “Las cosas como eran” (2009), pertenece al género de las memorias de infancia.Recibió el Premio Giner de los Ríos por su ensayo “El baúl volador” (1986) y el Premio Jauja de Cuentos por “El dueño de la Casa” (1994). También es autora de una biografía novelada del poeta “Garcilaso de la Vega” (2003) Ha traducido a poetas italianos como Humberto Saba y Atilio Bertolucci además de una versión del “Círculo de los lujuriosos” de La Divina Comedia de Dante (2008). Entre sus antologías y estudios de poesía española destacan los dedicados a la poesía del Siglo de Oro, Juan Ramón Jiménez y los poetas de la Generación del 27, con un interés especial por Francisco Pino, del que ha realizado numerosas antologías y estudios críticos. La última de estas antologías, titulada “Calamidad hermosa”, ha sido publicada este mismo año, con ocasión del Centenario del poeta.Perteneció al Consejo de Dirección de la revista de poesía “El signo del gorrión” y codirigió la colección Vuelapluma de Ed. Edilesa. Su obra poética aparece en numerosas antologías, entre las que destacan “Las ínsulas extrañas. Antología de la poesía en lengua española” (1950-2000) y “Poesía hispánica contemporánea”, ambas publicadas por Galaxia Gutemberg y Círculo de lectores. Actualmente es colaboradora habitual en la sección de opinión de El Norte de Castilla y publica en distintas revistas literarias.