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Esperanza Ortega

Las cosas como son

Lo inconcebible

¿No se han preguntado nunca por qué los judíos alemanes se dejaron cazar como conejos por el régimen nazi? A mí, cuando lo pienso, me sigue sorprendiendo que fueran tan ingenuos como para creer que les iba a ser posible sobrevivir en ese volcán de odio en que se había convertido su patria.  Aunque, pensándolo bien, lo que ocurrió fue tan inconcebible que nadie pudo preverlo: una mente sana se niega a creer que la especie humana pueda llegar a tales cotas de crueldad gratuita. Esta es la palabra: inconcebible. El mismo adjetivo se me vino a la cabeza la semana pasada, cuando se celebraba el 25 aniversario de la matanza de Ruanda, perpetrada por los hutus contra los tustsi, contando con la pasividad de la ONU. ¿Fueron medio o un millón los inocentes apaleados con diligencia enloquecida por los que hasta el día anterior habían sido sus vecinos? Como dato curioso diré que el dinero proporcionado por el Banco Mundial para el desarrollo económico de Ruanda se gastó en su mayor parte en la preparación del genocidio. Gracias a esta “ayuda internacional” cada ruandés hutu contó con un machete nuevo con el que apalear hasta la muerte ¿Qué estoy hiriendo su sensibilidad? Pues medite si están a salvo las sociedades europeas de caer en situaciones así de hirientes. Aquí mismo, en España, ¿y si nos estuviéramos acercando a una situación similar a la que preludió la Guerra Civil? Hace unos años, cené al lado de un historiador griego al que no conocía de nada. ¿De qué podré hablar yo con este hombre?- me decía- cuando él mismo me preguntó cómo habíamos vivido los españoles de mi generación la época de la Transición.  Le expliqué que en España era inconcebible otra guerra porque todos de todas las edades y clases sociales llevábamos tatuado en la mente que aquello no debía ocurrir nunca más. Nos lo habían transmitido nuestras familias en años y años de silencio, miedo y vergüenza. Algunos dirigentes actuales, sin embargo, ya no lo tienen tan claro. Me refiero a los que recomiendan que compremos revólveres o incluso cuchillos de hoja afilada para rajar a quien trate de vulnerar  nuestro hogar sacrosanto, y los que afirman que sus oponentes tienen las manos manchadas de sangre porque han sacado adelante un decreto conveniente para todos con los votos de un partido que sí podría tenerlas. Pero lo que más me asusta es que se insulte a todo aquel que esté dispuesto a hablar con sus adversarios para resolver los problemas políticos. ¿A qué viene llamar traidor a Sánchez porque quiera dialogar con los independentistas catalanes? ¿Qué es entonces lo que debería hacer: ir repartiendo los machetes?  Muchos, mientras oímos los mensajes de estos dirigentes estamos empezando a sentir miedo a lo inconcebible. Ya no hay bosques, como en la Edad Media, para huir de las levas, ya no hay nuevos mundos que descubrir en la Tierra, el único refugio para los disidentes es el salto a otra dimensión de la realidad. “El hombre del castillo”, la novela de ciencia ficción de  Philip K. Dick, de la que hay una versión en serie televisiva, plantea lo que hubiera sucedido si alemanes y japoneses hubieran ganado la Segunda Guerra Mundial. Como se imaginarán, la situación es desoladora. Sin embargo, el ser humano siempre halla una salida: el hombre del castillo nos revela que hay otros mundos, que otras vidas nuestras están en este momento sucediendo en tiempos simultáneos al que nosotros vivimos. ¿Qué algo así es inconcebible? ¿Y esto?  ¿Acaso alguien lo concibe?

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Sobre el autor

Esperanza Ortega es escritora y profesora. Ha publicado poesía y narrativa, además de realizar antologías y estudios críticos, generalmente en el ámbito de la poesía clásica y contemporánea. Entre sus libros de poemas sobresalen “Mudanza” (1994), “Hilo solo” (Premio Gil de Biedma, 1995) y “Como si fuera una palabra” (2007). Su última obra poética se titula “Poema de las cinco estaciones” (2007), libro-objeto realizado en colaboración con los arquitectos Mansilla y Tuñón. Sin embargo, su último libro, “Las cosas como eran” (2009), pertenece al género de las memorias de infancia.Recibió el Premio Giner de los Ríos por su ensayo “El baúl volador” (1986) y el Premio Jauja de Cuentos por “El dueño de la Casa” (1994). También es autora de una biografía novelada del poeta “Garcilaso de la Vega” (2003) Ha traducido a poetas italianos como Humberto Saba y Atilio Bertolucci además de una versión del “Círculo de los lujuriosos” de La Divina Comedia de Dante (2008). Entre sus antologías y estudios de poesía española destacan los dedicados a la poesía del Siglo de Oro, Juan Ramón Jiménez y los poetas de la Generación del 27, con un interés especial por Francisco Pino, del que ha realizado numerosas antologías y estudios críticos. La última de estas antologías, titulada “Calamidad hermosa”, ha sido publicada este mismo año, con ocasión del Centenario del poeta.Perteneció al Consejo de Dirección de la revista de poesía “El signo del gorrión” y codirigió la colección Vuelapluma de Ed. Edilesa. Su obra poética aparece en numerosas antologías, entre las que destacan “Las ínsulas extrañas. Antología de la poesía en lengua española” (1950-2000) y “Poesía hispánica contemporánea”, ambas publicadas por Galaxia Gutemberg y Círculo de lectores. Actualmente es colaboradora habitual en la sección de opinión de El Norte de Castilla y publica en distintas revistas literarias.