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Esperanza Ortega

Las cosas como son

El consuelo de Robinson

El consuelo de Robinson

La crisis se ha cebado con los que menos tenían, ha hundido en la pobreza a aquellos que ya estaban en su umbral. Su desesperación, sin embargo, apenas se oye, pues ellos no suelen contar con medios suficientes para que su voz sea escuchada. Otros, los que tenían suficiente para embarcarse en la compra de una casa, en muchos casos han tenido que renunciar a sus sueños. De esos no conocemos sus nombres, pero escuchamos el rumor de sus voces airadas. Es natural que estén decepcionados. Los que seguían conservando su trabajo y sus propiedades estaban tranquilos, hasta que decidieron acogerse a las ayudas para la adquisición de un nuevo vehículo. ¡Tendrán que pagar impuestos, como los demás mortales, por ese maná caído del cielo, si es que sus declaraciones son positivas! La indignación de estos últimos es la más difícil de acallar, la que más comentarios suscita en los portales digitales y más lugar ocupa en los periódicos. Pero hay una desgracia todavía superior a la suya, tan grande que en su día protagonizó el telediario, con una magnitud de desastre nacional. Me refiero a la noticia de que Ferrán Adriá pensaba cerrar su negocio por el plazo de dos años, para retirarse a esperar a que las musas volvieran a inspirarle recetas dignas de los más selectos paladares. Y son estos últimos los más indignados. Se comprende. ¿Para qué han hecho sus negocios en bolsa si no tienen dónde gastarse los beneficios? Y como todos piensan que son ellos los más desgraciados, a mí se me viene a la cabeza un fragmento de “Robinson Crusoe”, expresamente escrito para consolar a los que sufren cualquier inclemencia de la vida. Después del naufragio, Robinson saca fuerzas de flaqueza para comenzar su diario y escribe en dos columnas lo bueno y lo malo que le ha sucedido. Consigna en la columna de lo malo: “He sido arrojado a una isla desierta sin la menor esperanza de rescate. No tengo ropas con las que cubrirme. Carezco de toda defensa contra los animales y los hombres. No tengo quien me consuele”. Y en la columna de lo bueno, mucho más extensa: “Pero vivo, sin haberme ahogado entre mis compañeros. Pero no he muerto de hambre en un lugar desierto, privado de toda subsistencia. Pero estoy en un clima cálido donde las ropas me servirían de poco. Pero me encuentro en una isla donde no he visto animales feroces que me amenacen. Pero Dios envió milagrosamente el barco cerca de la costa para que pudiera sacar de él multitud de cosas necesarias que suplen de momento mis necesidades”. Sé que sus palabras no consolarán a los clientes de Ferrán Adriá, pero puede que animen a los que no tienen trabajo y, sin embargo, pueden seguir llevando sus hijos a un colegio público donde incluso les dan de comer; a los que, estando enfermos, son atendidos en la Seguridad Social; a los que tienen cerca de su casa una biblioteca en donde les proporcionan libros gratuitamente. A ellos sobre todo les recomiendo la lectura de Robinson Crusoe. Él les consolará, él les transmitirá la alegría de no haber sido abandonados en una isla solitaria.


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Sobre el autor

Esperanza Ortega es escritora y profesora. Ha publicado poesía y narrativa, además de realizar antologías y estudios críticos, generalmente en el ámbito de la poesía clásica y contemporánea. Entre sus libros de poemas sobresalen “Mudanza” (1994), “Hilo solo” (Premio Gil de Biedma, 1995) y “Como si fuera una palabra” (2007). Su última obra poética se titula “Poema de las cinco estaciones” (2007), libro-objeto realizado en colaboración con los arquitectos Mansilla y Tuñón. Sin embargo, su último libro, “Las cosas como eran” (2009), pertenece al género de las memorias de infancia.Recibió el Premio Giner de los Ríos por su ensayo “El baúl volador” (1986) y el Premio Jauja de Cuentos por “El dueño de la Casa” (1994). También es autora de una biografía novelada del poeta “Garcilaso de la Vega” (2003) Ha traducido a poetas italianos como Humberto Saba y Atilio Bertolucci además de una versión del “Círculo de los lujuriosos” de La Divina Comedia de Dante (2008). Entre sus antologías y estudios de poesía española destacan los dedicados a la poesía del Siglo de Oro, Juan Ramón Jiménez y los poetas de la Generación del 27, con un interés especial por Francisco Pino, del que ha realizado numerosas antologías y estudios críticos. La última de estas antologías, titulada “Calamidad hermosa”, ha sido publicada este mismo año, con ocasión del Centenario del poeta.Perteneció al Consejo de Dirección de la revista de poesía “El signo del gorrión” y codirigió la colección Vuelapluma de Ed. Edilesa. Su obra poética aparece en numerosas antologías, entre las que destacan “Las ínsulas extrañas. Antología de la poesía en lengua española” (1950-2000) y “Poesía hispánica contemporánea”, ambas publicadas por Galaxia Gutemberg y Círculo de lectores. Actualmente es colaboradora habitual en la sección de opinión de El Norte de Castilla y publica en distintas revistas literarias.