No, no voy a decir que todos los políticos son unos psicópatas, aunque sea verdad que, leyendo los rasgos que caracterizan al psicópata, me he acordado de algún político famoso. Les voy a enumerar estas características para ver si ustedes coinciden conmigo en el político que encaja en este perfil: el psicópata suele ser una persona con cierto atractivo, nunca tan grande como él mismo cree, pues adolece de una autoestima exagerada, es decir, que se cree un genio digno de admiración por parte de cualquiera que tenga ojos en la cara, aunque el suyo sea un físico ridículo, sus modales más bien toscos y el coeficiente de inteligencia bastante justito. Mentiroso patológico, el psicópata no conoce el remordimiento, porque no puede hacer examen de conciencia quien carece del concepto mismo de conciencia. La falta de control sobre su conducta le lleva a caer en todos los vicios sexuales posibles, siendo promiscuo por definición, por eso fracasa pronto en sus relaciones matrimoniales, aunque suele casarse muchas veces. Impulsivo desde la niñez, es un irresponsable que puede desarrollar con facilidad una conducta criminal, dada su incapacidad para ponerse en la piel de los otros, ajeno totalmente al sentimiento de compasión. ¿Ya adivinan a qué político me refiero? Para los que todavía anden despistados, ofrezco estas pistas: suele volverse contra sus colaboradores a los que defenestra a su antojo y le encanta tomar decisiones imprevisibles, sin importarle las consecuencias, no soporta las críticas y se jacta de sus bravuconadas, sobre todo en relación al género femenino y aunque parezca imposible, este imbécil es el que rige o ha regido el imperio más poderoso del mundo. Llegados a este punto, apuesto a que la mayoría de ustedes dirían que este psicópata peligroso no puede ser otro que Donald Trump. Pero se equivocan, porque no me refiero al Presidente de los EE.UU de América, sino a Calígula, el Emperador romano que practicaba el incesto con todas sus hermanas, a quienes obligaba a prostituirse, y al que solo sobrevivió Agripina la Menor, que engendraría a Nerón años después. El mismo Calígula que hizo cosas tan ridículas como nombrar cónsul a su caballo preferido. Suetonio lo describe como un loco peligroso y advierte que el mundo en sus manos podría haberse hundido en el fango. Pero no se alarmen, el mundo sobrevivió a Calígula como sobrevivirá a Trump, y serán únicamente los más pobres los que paguen la factura de sus fechorías. La gran diferencia entre Calígula y Trump es que al Emperador romano no le eligió nadie, heredó el poder de Tiberio, por lo que los senadores romanos no fueron responsables de las atrocidades que pudo cometer. En el caso de Trump, en cambio, ¿cuántos votantes lo han elegido? A ellos les corresponde una parte de los muertos que vaya dejando a su paso. Los últimos entre sus víctimas son los que han caído en Palestina, en las revueltas que siguieron a su decisión de declarar“unilateralmente”a Jerusalén capital del la patria judía, destruyendo de manera simbólica cualquier esperanza que pudiera tener el pueblo palestino. El mundo gira y gira, sin embargo, y es a esta futilidad de todo lo existente -incluso la insolencia del poder- a quien la Humanidad habrá de confiar su destino.