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Esperanza Ortega

Las cosas como son

Periodismo de verdad

“Es más fácil creer que dudar”, la frase es de Juan Cruz, que el jueves pasado habló en Valladolid sobre el oficio del periodista. El veterano reportero se centró en el principio de verdad que debe inspirar a quien escriba en un periódico, porque los rumores sin verificar pueden acabar con la honra de cualquiera de manera que nunca más pueda recobrarla. “Cuando el río suena, agua lleva”, el refrán parece estar inscrito en la mente de los lectores. Sí, es más fácil creer que dudar. De ahí la importancia de verificar las fuentes, ahora más que nunca, cundo las redes sociales compiten con los medios informativos ¿Y qué me dicen de las “postverdades” que se inyectan en las redes para conseguir que personajes infames lleguen a las más altas instancias de la política internacional? El caso de Trump sería impensable sin un aparato eficiente de transmitir mentiras. Pero también los periodistas pueden inventar una realidad a su medida con la única intención de publicar primicias y reportajes que les acarreen prestigio y dinero.  Este es el caso de Relotius, una de las principales firmas de la revista alemana “Der Spiegel”, cuyos textos han resultado ser falsos, hasta el punto de haber publicado entrevistas inventadas y haber situado sus reportajes en lugares que ni siquiera conocía. Entre los textos sobre periodismo de García Márquez aparece una historia semejante, la de Janet Cooke, reportera del “Washington Post” que recibió el Premio Pulitzer de Periodismo por un reportaje sobre un niño de ocho años que se inyectaba heroína con la complacencia de su madre. Janet Cooke confesó su pecado solo unas horas después de recibir el premio, y García Márquez, quizá conmovido por su gesto de nobleza, afirmó sobre ella: “No hubiera sido justo el Pulitzer de Periodismo para Janet Cooke, pero en cambio sería una injusticia todavía mayor que no le dieran el de Literatura”. Estas son las palabras de un Premio Nobel de Literatura que sabía lo que era inventar un reportaje.  Por ejemplo, el que escribió en 1954 sobre una manifestación contra el gobierno en una ciudad remota de Colombia. Allí llegó García Márquez con un fotógrafo de “El Espectador“ de Bogotá. Pero no había tal, así que tomaron la determinación de convocarla ellos mismos. El éxito fue total, según cuenta en el reportaje que publicó El Espectador: nunca se había visto una manifestación semejante. A esto se refiere Claudio Guillén cuando habla del “diarismo mágico” de algunos periodistas hispanoamericanos. Pero yo me pregunto: ¿ficción y mentira son términos equivalentes? Y me contesto que no, sobre todo cuando la ficción tiene la finalidad de ahondar en el principio ético de la verdad, tantas veces oculta detrás de la apariencia insulsa de los cotidiano. Refiriéndose al Premio Pulitzer de Janet Cooke, García Márquez había dicho: “Lo malo es que en periodismo un solo dato falso desvirtúa sin remedio a los otros datos verídicos. En la ficción, en cambio, un solo dato real bien usado puede volver verídicas a las criaturas más fantásticas. La norma tiene injusticias de ambos lados: en periodismo hay que apegarse a la verdad, aunque nadie la crea, y en cambio en literatura se puede inventar todo, siempre que el autor sea capaz de hacerlo creer como si fuera cierto”. ¿Contradicción?  Quizá. ¿Pero no es la imaginación ese poder que nos permite ver lo que hay detrás del muro infranqueable de lo real? Finalmente, lo único que salva tanto a la Literatura como al Periodismo es el principio ético de la búsqueda de la verdad, que generalmente consiste en decir lo que se ve, pero que en otras ocasiones estriba en descubrir lo que no se ve porque está detrás o debajo de la realidad, en ese espacio oscuro en donde la verdad se esconde tantas veces.

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Sobre el autor

Esperanza Ortega es escritora y profesora. Ha publicado poesía y narrativa, además de realizar antologías y estudios críticos, generalmente en el ámbito de la poesía clásica y contemporánea. Entre sus libros de poemas sobresalen “Mudanza” (1994), “Hilo solo” (Premio Gil de Biedma, 1995) y “Como si fuera una palabra” (2007). Su última obra poética se titula “Poema de las cinco estaciones” (2007), libro-objeto realizado en colaboración con los arquitectos Mansilla y Tuñón. Sin embargo, su último libro, “Las cosas como eran” (2009), pertenece al género de las memorias de infancia.Recibió el Premio Giner de los Ríos por su ensayo “El baúl volador” (1986) y el Premio Jauja de Cuentos por “El dueño de la Casa” (1994). También es autora de una biografía novelada del poeta “Garcilaso de la Vega” (2003) Ha traducido a poetas italianos como Humberto Saba y Atilio Bertolucci además de una versión del “Círculo de los lujuriosos” de La Divina Comedia de Dante (2008). Entre sus antologías y estudios de poesía española destacan los dedicados a la poesía del Siglo de Oro, Juan Ramón Jiménez y los poetas de la Generación del 27, con un interés especial por Francisco Pino, del que ha realizado numerosas antologías y estudios críticos. La última de estas antologías, titulada “Calamidad hermosa”, ha sido publicada este mismo año, con ocasión del Centenario del poeta.Perteneció al Consejo de Dirección de la revista de poesía “El signo del gorrión” y codirigió la colección Vuelapluma de Ed. Edilesa. Su obra poética aparece en numerosas antologías, entre las que destacan “Las ínsulas extrañas. Antología de la poesía en lengua española” (1950-2000) y “Poesía hispánica contemporánea”, ambas publicadas por Galaxia Gutemberg y Círculo de lectores. Actualmente es colaboradora habitual en la sección de opinión de El Norte de Castilla y publica en distintas revistas literarias.