Quería escribir en mi anterior artículo sobre cajas de ahorro y los comentarios nos llevan a la Transición. No es mala cosa, porque en realidad de lo que estamos hablando, como muy bien dice el amigo Javier Auserd, es de una nueva plutocracia que parece estar muy lejos, como también apunta Antonio M. Herrera, de aquel espíritu de la Transición. No sólo hablo del Rey o de Adolfo Suárez, ni de todos aquellos hombres que les acompañaron en aquella aventura, sino de toda una manera de hacer política y de entender la sociedad que hoy se echa mucho de menos. ¿Dónde está aquel espíritu de colaboració y de generosidad, aquella amplitud de miras que tuvieron los protagonistas de la Transición. Yo, desde luego, no lo veo hoy por ninguna parte. Y precisamente las cajas, por arrimar el agua a mi molino, en estos meses pasados han ofrecido innumerables ejemplos de egoísmos particulares, de cazurrería y de estrechez de visión, por supuesto por parte de una minoría, pero con capacidad de hacer ruido y, por desgracia, de tener eco en determinados medios de comunicación… En El Norte de Castilla ya hemos editorializado en alguna ocasión sobre este período de la historia de España que en Castilla y león, como en el resto de España, tuvo también un interés extraordinario, y nuestro periódico no fue ajeno en absoluto a esa realidad.
Duele a veces comprobar los grados de libertad y de diálogo que teníamos en nuestro país (no sólo en la prensa, por supuesto) y lo reducido que es nuestro discurso, en general, en estos momentos, donde el “partidismo” que entonces fue un signo de vitalidad democrática ha terminado convirtiéndose, casi, en una enfermedad, que nos hace difícil discernir. Creo que reivindicar la Transición, con sus defectos (que los tuvo, como no puede ser de otra manera cuando hablamos de una obra humana), pero sobre todo con sus virtudes, debe ser una obligación de todos los que tenemos memoria. Aunque incluso las leyes que reivindican la memoria histórica se hayan olvidado de eso…
PD: Aprovecho para contestar a “Cari” que no sé por qué no ha entrado su comentario al blog, pero desde luego por nada que ver con su presumible intelectualidad o falta de intelectualidad: mándalo de nuevo, por favor, y así podré saber de qué hablabas. Y también para hacer un pequeño apunte sobre la polémica (desconocida por mí) sobre el libro de Semana Santa, que nos apuntaba Antonio. Creo que, en general, el principal defecto de las publicaciones municipales es que miran demasiado hacia dentro y algo menos hacia fuera, cuando lo verdaderamente interesante no es que todos los vallisoletanos sepan todo sobre su Semana Santa, sino sobre todo que lo sepan fuera; y ya sabemos que la piedra de toque de la inmensa mayoría de las publicaciones que se hacen en España es su distribución: mucho esfuerzo editorial para al final llegar dificilmente a los objetivos.